Futuro energético

Todo sobre el litio: el libro que brinda un análisis crítico sobre el impacto territorial y social de su explotación en la región

¿Extraerlo? ¿Cómo, cuánto, para qué y para quién? Esos son algunos de los interrogantes que intenta responder esta obra publicada por Siglo XXI.
Producción de litio .
19-06-2025
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Todo sobre el litio, escrito por Bruno FornilloMelisa Argento, es una de las novedades del mes de julio de la editorial Siglo XXI. Este libro propone una revisión crítica de las narrativas idealizadas que rodean al litio y su papel en el futuro energético global. Los autores centran su análisis en los territorios y ecosistemas que albergan las mayores reservas de este mineral, así como en los impactos climáticos y sociales derivados de su explotación. Al desmantelar la concepción de una "economía verde" desprovista de costos, la obra sitúa al litio en su verdadero contexto internacional, resaltando el rol de América Latina como un actor clave en la provisión de este recurso esencial.

 

A continuación un anticipo del capítulo "El litio en la geopolítica latinoamericana"

El tablero geopolítico del litio se desenvuelve con fluidez en América Latina. China, así como Rusia, su aliado estratégico, ha logrado una presencia sólida en Bolivia, en la mayor reserva del mundo, pero también participa en la propiedad y la tenencia de proyectos en la Argentina y en Chile, y puja por no perder su lugar en el yacimiento de Sonora, en México. Por su parte, los Estados Unidos presionan a México para conseguir que este último reservorio pase a estar bajo su órbita de control, generando un resquicio por el cual se colaron los anuncios soberanos del gobierno progresista de López Obrador. 

A su vez, también presiona al gobierno de derecha de Javier Milei en la Argentina para dominar el entero campo minero, dejando afuera al país "comunista". Por su parte, Australia, Canadá y los países europeos se reparten tenencias puntuales diseminadas por el conjunto del subcontinente, en Perú, en Brasil y sobre todo en la Argentina, donde la pluralidad de salares, la existencia de más de una empresa en cada uno de ellos y la liviandad de los controles y requisitos dejan el camino abierto para su instalación. El corolario de la situación no deja de mostrar que en esta década y media, en la que el litio fue adquiriendo centralidad en la escena latinoamericana, el predominio de las empresas transnacionales se acrecentó, con pujas variables en relación con los márgenes de autonomía, soberanía y control por parte de las naciones latinoamericanas, lo que en última instancia delata la exportación de naturaleza en un marco asimétrico que cimienta el "colonialismo blanco".

En esta década y media, el litio fue adquiriendo centralidad en la escena latinoamericana.

En efecto, a contramano de la actuación cada vez más articulada y en bloque de los países centrales, los recurrentes intentos de crear una suerte de Organización de Países Exportadores de Petróleo pero del litio regional se han disuelto. Más allá de una serie de anuncios sobre colaboraciones científicas y del objetivo menor de pactar un precio de la tonelada de carbonato de litio equivalente o de incidir en su precio final, ninguna de estas iniciativas ha llegado a buen puerto. 

La fluida producción de Australia, que se dirige centralmente a China e incluso la extracción de litio en el mismo terreno chino, redunda en que nuestra región todavía no tenga un porcentaje del mercado que le permita ejercer cierto control, al tiempo que la tenencia general en manos extranjeras dificulta aún más una eventual cartelización. Además, el pendular cambio de signo del Poder Ejecutivo en los regímenes presidencialistas de la región no facilita las cosas, y nuevamente fueron los gobernadores de las provincias argentinas -quienes, como hemos visto, controlan los recursos locales por el régimen federal vigente en el país- los que anunciaron expresamente que no contribuirían a ninguna tentativa de articulación regional. Sin duda, tener una perspectiva regional común para crear un tipo de política realmente autónoma es una tarea pendiente.

Ahora bien, resulta central crecer en la cadena de valor o participar en productos terminados, estimulando las capacidades tecnológicas regionales. 

En este punto, las estrategias han sido también diferentes. Bolivia afirmó desde un inicio su intención de sortear el intercambio interindustrial y producir celdas y baterías, incluso electromovilidad. Ha desarrollado esa capacidad en su planta de Palca, en una escala semiindustrial, importando componentes de China pero creciendo en conocimiento, en un estado de latencia que ansía participar en mayores desarrollos tecnológicos regionales. 

Chile, por su parte, ha mutado levemente su tradicional expertise de servicio al inicio y final de la cadena -en el circuito directo de la comercialización de productos terminados-, y trata ahora de crecer en la producción de material catódico, esto es, la electroquímica que conforma la batería (cátodos, ánodos, electrolito), que representa una parte medular de su valor. Para llevarlo a cabo, durante 2023 rubricó acuerdos con dos empresas chinas: por un lado, con China Yongqing Technology, que avanza lentamente; por el otro, se instaló la planta de cátodos de litio BYD Chile, que hasta 2025 no ha avanzado.

 En cambio, la Argentina es un caso paradójico. Pese a contar con un sistema científico nutrido que ha venido desarrollándose durante más de una década, lejos de apuntar a su coordinación, a un plan nacional e integral, se privilegió un espacio vinculado a la Universidad de La Plata asociado con YTEC, una empresa mixta del Conicet e YPF, a través de la cual se pretende desarrollar todo el tránsito desde el salar hasta la batería. Se trata, principalmente, de una iniciativa de la universidad en consonancia con los intereses del exministro de ciencia Roberto Salvarezza, que se ocupó de financiar la planta mientras era funcionario y pasó a dirigirla cuando dejó de serlo. Vale acotar aquí que desde aquel intento inicial de Bolivia, el escenario ha cambiado en los últimos quince años: con el mundo innovando y produciendo celdas de baterías a millones, el intento de pasar "del salar a la batería" y dominar todo el proceso amenaza con emplazar una maquinaria obsoleta más temprano que tarde. Lo cierto, en este ítem, es que ninguno de los tres países ha logrado aún gestar un camino promisorio.

Los autores del libro afirman que es necesario "tener una perspectiva regional común" para poder crear "un tipo de política realmente autónoma".

Ciertamente, en el contexto de la disputa global por el dominio de la electromovilidad, en el último tiempo han comenzado a aterrizar fábricas dedicadas a la producción directa de automóviles eléctricos. Sobresalen aquí las dos grandes economías de Latinoamérica. 

En México, las ventas de automóviles eléctricos e híbridos alcanzaron un 6% del total en 2023, número en apariencia menor, pero un 40% más alto que el año anterior. Las firmas estadounidenses Ford y Chevrolet ya producen modelos eléctricos, y el plan general "Sonora Sustentable", vinculado al anuncio de Tesla de instalar una megafábrica de baterías en el estado de Nuevo León, pre-figura un destino maquilador del norte mexicano aggiornado a los tiempos que corren. En efecto, se instala la perspectiva del nearshoring, que aún a los intereses mexicanos, canadienses y estadounidenses bajo la égida de este último. 

Pero, por otro lado, el deseo de Trump es que todas las plantas industriales retornen a los Estados Unidos. Difícilmente persista el contento de México por haber exportado durante 2023 más a los Estados Unidos que la misma China, situación que, en realidad, oculta la entrada de productos asiáticos por vía de México para evitar impuestos. Por su parte, la firma asiática BYD comercializa múltiples modelos en México, augurando fricciones a raíz de la política estadounidense de impedir la competencia china. 

Todo lo cual no quita que el gobierno de Claudia Sheinbaum haya creado un proyecto interesante: el lanzamiento del auto eléctrico popular Olinia, que en náhuatl significa "moverse", lo que supone el ensamblaje de piezas chinas para obtener precios finales que van desde los US$ 4.500 a los US$ 7.000, según el modelo "personal", "de barrio" o "furgoneta de última milla". En concreto, el país latinoamericano bascula entre recrear su papel de proveedor industrial a los Estados Unidos sobre la base de mano de obra barata y recursos naturales, y aspirar a mayores márgenes de autonomía, en medio de una situación geopolítica altamente inestable y cambiante.

Claudia Sheinbaum, presidenta de México, llevó adelante el proyecto de Olinia, el primer auto eléctrico fabricado con litio nacional.

Por su parte, Brasil lanzó en 2023 una política de estímulos para fomentar inversiones generales en el área automotriz, con cierto acento en la electromovilidad: aranceles a la importación de vehículos eléctricos e híbridos y beneficios impositivos para las empresas que fabriquen en el país. 

De los US$ 20.000 millones que se anuncian, provenientes de diversas automotrices, destaca la llegada de la primera planta fuera de China del gigante de la electromovilidad BYD, destinada a producir automóviles, camiones y ómnibus eléctricos e híbridos y a procesar litio y fosfato de hierro para baterías, tras comprarle a Ford su planta en desuso en Bahía. 

Desde hace tiempo, la empresa brasileña Eletra produce ómnibus eléctricos, y amplió su planta para estar en condiciones de lanzar 1800 unidades por año. La posesión de litio en el estado de Minas Gerais promete dejar atrás el mote de "Misery Valley" para estimular la concreción de una suerte de "Lithium Valley", en palabras de sus promotores. 

Brasil se apresta así a continuar con su tradicional apertura al arribo industrial de firmas transnacionales que, a su vez, se asienten y densifiquen la robustez de su entramado económico general para constituirse como centro productivo de Sudamérica, ahora en el nuevo patrón de la electromovilidad.

Una mirada sobre el litio a escala latinoamericana también genera nuevas problemáticas y perspectivas. ¿Podrá Brasil, país que posee más condiciones tecnoindustriales que ningún otro en la región, superar el vacío que se abre entre la pura extracción de la materia prima y la producción extranjera de productos terminados? ¿Será una alternativa real el intento de México de generar un automóvil popular ensamblando ahora para el mercado interno? 

Pero fundamentalmente: ¿podrá la región llevar adelante un crecimiento tecnológico integral, nacional y regional que dirija sus fuerzas a encarar una transición socioeco-lógica fuerte y logre mayores grados de autonomía en el marco de las relaciones internacionales? En rigor, la pregunta real es si existen la voluntad y la fuerza política mancomunada de un Estado transformador y de la sociedad civil organizada para concretar proyectos de país sustancialmente independientes, igualitarios y encaminados hacia una transición ecosocial. El litio, así, solo adquiriría su valor y sentido al ser parte de modelos de posdesarrollo de más escala.

Extracción de litio en Salinas Grandes, Jujuy.

Transitamos una época lejana al modelo exportador de los regímenes oligárquicos de fines del siglo XIX, en el que las élites locales eran propietarias del suelo y de su renta; también lejana, por supuesto, de las experiencias nacional-populares que procuraban encontrar las vías de un "desarrollo nacional" tras la crisis de 1929. Pero incluso más, el arcaísmo de los mecanismos tributarios y de fiscalización del régimen colonial, típico de las formaciones socioeconómicas precapitalistas, derivaba en que una parte sustancial de la plata potosina o de Nueva España circulara por las Américas, una de las causas que brindó fuerza a las élites independentistas del siglo XIX. 

La externalización de la riqueza natural, viva, energética, de Latinoamérica es hoy infecunda como nunca. Así, las salidas a las condiciones actuales no encontrarían otra vía más que cuestionar el poder ubicuo de las corporaciones globales, respaldadas por potencias centrales en competencia y en pleno avance neocolonial, pero que delatan márgenes de negociaciones diferenciales. 

Entre tanto, si los proyectos de derecha representan el despliegue autónomo del capital, el productivismo extractivo con derrame social, greenwashing y dominio empresarial, que ha sido la tónica progresista dominante, tampoco parece llegar a conformar un destino sólidamente distinto para nuestros países. 

En todo caso, el litio diseña bien el haz de dimensiones que se abren para pensar con claridad y rigurosidad el problema de cómo crear proyectos que trasciendan la neodependencia y el colonialismo, en un mundo ciertamente marcado por la desigualdad, la crisis ecológica y la guerra integral. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar