Minería: el "nuevo campo" que promete dólares, empleo y un shock económico
La minería dejó de ser una promesa lejana y empieza a perfilarse como una de las principales cartas económicas de la Argentina. Un informe de la consultora Deloitte traza un escenario en el que el sector podría convertirse en un motor clave de crecimiento, con impacto directo en exportaciones, empleo y actividad en la próxima década.
El dato que sintetiza esa expectativa es el salto en divisas: de concretarse las inversiones previstas, las exportaciones mineras pasarían de unos U$S 6.000 millones actuales a U$S 30.000 millones en 2035, un crecimiento del 420%. La cifra no es menor: equivale prácticamente a todo lo que hoy genera el complejo agroexportador.
Ese avance tendría un correlato en la economía real. Según las proyecciones, la minería aportaría 0,22 puntos porcentuales adicionales al crecimiento promedio anual del PBI entre 2026 y 2035, en un país que viene de años de estancamiento. A la vez, el empleo mostraría una mejora significativa: entre 140.000 y 220.000 puestos de trabajo directos e indirectos, dependiendo del ritmo de desarrollo del sector.
El cambio también sería estructural. Hoy la minería representa apenas el 0,6% del PBI; hacia 2035 podría alcanzar el 2%, multiplicando por más de tres su peso en la economía. Ese crecimiento permitiría diversificar la matriz productiva y reducir la dependencia de sectores tradicionales.
El contexto internacional juega a favor. La transición energética, impulsada por compromisos globales de reducción de emisiones, disparó la demanda de minerales críticos como el litio y el cobre. En ese escenario, Argentina aparece bien posicionada por su riqueza geológica, con yacimientos relevantes en la Cordillera de los Andes y el norte del país.
El informe destaca que esa oportunidad empieza a activarse. Con el impulso del Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI), ya hay al menos 12 proyectos mineros presentados por unos U$S 27.000 millones. Muchas de estas iniciativas se concentran en provincias como San Juan, Catamarca, Salta y Jujuy, que se consolidan como polos del desarrollo minero.
El detalle por mineral muestra la magnitud del potencial. El litio, clave para baterías y movilidad eléctrica, podría posicionar a la Argentina entre los principales productores globales, con exportaciones cercanas a U$S 7.000 millones. El cobre, prácticamente ausente desde el cierre de grandes yacimientos años atrás, podría volver con fuerza y generar ventas externas por U$S 13.500 millones. El oro, en tanto, mantendría su peso con exportaciones proyectadas en más de U$S7.400 millones.
Sin embargo, el escenario no está garantizado. El propio informe advierte que el desarrollo del sector depende de condiciones clave: estabilidad macroeconómica, reglas claras, seguridad jurídica y mejoras en infraestructura, logística y capacidad energética. También será necesario fortalecer proveedores locales y capital humano para sostener el crecimiento.
En ese punto aparece la tensión de fondo. La minería tiene el potencial de convertirse en el "nuevo campo" en términos de generación de divisas, pero requiere un entorno mucho más previsible que el que históricamente ofreció la economía argentina.
La conclusión es clara: existe una ventana de oportunidad concreta, impulsada por la demanda global y el interés inversor. Si el país logra sostener condiciones estables y acelerar los proyectos en marcha, la minería podría transformarse en un pilar del crecimiento, el empleo formal y el ingreso de dólares. Si no, el riesgo es repetir una historia conocida: abundancia de recursos, pero oportunidades que no terminan de materializarse. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar