Discutimos gigantescas inversiones, pero no podemos abastecernos de electricidad en verano
Hace pocos días el jefe de Gabinete indicó que en el verano habría cortes de luz programados, posteriormente el secretario de Energía aclaró que los cortes serían solo para industrias y además en forma voluntaria. Finalmente, luego la Secretaría de Energía publicó la resolución 294 aprobando un plan de contingencia para meses críticos 2024-2026.
En esa resolución se plantea el estado crítico de vulnerabilidad del sistema y en resumen se propone líneas de acción en generación, transporte y distribución. Indudablemente faltó en el "plan" invitar a rezar para que no sea un verano muy caluroso y que tampoco haya una reactivación industrial hasta marzo.
Lamentablemente no tenemos suerte con el área energética. En el Gobierno de Alberto Fernández hubo mucha improvisación, ninguna obra y solo acciones para favorecer a amigos del gobierno. Ahora con la gestión del ex secretario Eduardo Rodríguez Chirillo, que venía de vivir en España y desconocía la realidad energética actual, sin siquiera saber cuál era el esquema tarifario vigente, tal como demostró en una entrevista radial, solo vemos hasta ahora aumentos de tarifas y falta de gestión.
Como ejemplo de esto, se puede citar la operación de las presas y centrales hidroeléctricas del Comahue que fueron concesionadas en 1993 por 30 años. Los contratos permitían una prórroga por decisión unilateral de la Secretaría de Energía de hasta un año, que fue otorgado por el ministro Sergio Massa.
El 11 de agosto terminaron los contratos de El Chocón (1220 MW) y Arroyito (120 MW), Cerros Colorados (450 MW) y Alicurá (1000 MW) y el 29 de diciembre finaliza el de Piedra del Águila (1440 MW). Dado que la Secretaría de Energía no generó los pliegos de una nueva licitación, realizó una nueva prórroga de un año, bastante discutible desde punto legal ya que no estaban previstas en los contratos, basándose en una disposición de emergencia energética que había fijado el Gobierno anterior.
Hoy discutimos gigantescas inversiones para exportar GNL a partir de la gran producción de Vaca Muerta peor, sin embargo, no tenemos capacidad de abastecernos de electricidad en el verano. Algo estaremos haciendo mal. Es hora de cambiar.
Necesitamos un plan energético para nuestro país, que reúna lo público y lo privado, ya que se necesitan grandes inversiones privadas, pero también un estado que defina prioridades y objetivos.
Tanto en el Gobierno de Mauricio Macri como en el de Fernández se firmaron compromisos internacionales para ser neutros en carbono para el 2050. Sabemos que el actual presidente descree del Cambio Climático y sus consecuencias, sin embargo, este existe y debemos tender al menos a reducir las emisiones de bióxido de carbono para lo cual se debe insistir en el desarrollo de energías renovables. La Argentina en general tiene grandes posibilidades de desarrollo de energías renovables, especialmente la eólica en la Patagonia y la solar en el noroeste.
Estas energías presentan ventajas e inconvenientes. Obviamente las más importantes ventajas son que no necesitan combustible y que no generan emisiones en su operación. Las desventajas más significativas son su inestabilidad y falta de potencia garantizada, dado que el viento puede variar rápidamente en intensidad y el sol puede estar afectado por nubosidad, lo cual reduce mucho el rendimiento de los paneles. En el mundo, sea en desarrollados como Europa o menos desarrollados como la India, esto se resuelve con energía hidroeléctrica.
Las turbinas hidráulicas son los elementos de generación que más rápidamente pueden entrar en servicio, entonces pueden cubrir rápidamente faltas de potencia. Por eso se están construyendo a nivel mundial muchísimas centrales de bombeo, que básicamente son embalses que se llenan con bombeo a partir de energía renovable solar o eólica y se vacían turbinando el agua en el horario de más demanda o ante una baja de la potencia del sistema.
La otra alternativa en la que actualmente se trabaja es utilizar las energías renovables para generar hidrógeno y luego utilizar este como combustible ya que el resultado de la misma es agua, pero aun no tenemos este desarrollo operativo en Argentina.
Por otra parte, nuestro país tiene aun un potencial hidroeléctrico que puede desarrollar: las obras del Río Santa Cruz que entre ambas resultan más de 1300 MW, si bien actualmente están paralizadas, podrían complementarse muy bien con una gran instalación de energía eólica en la región.
Falta de planificación
En Neuquén existen obras hidroeléctricas fundamentales sin hacer, como por ejemplo Chihuido, que fue licitada hace 10 años y nunca concretada. Fue no solo pensada para la producción eléctrica sino también para proteger todo el Alto Valle de las crecidas que afectarían a la población de la zona, su producción agrícola e industrial, incluyendo la zona de Añelo y área de influencia. También hay varias posibilidades en la provincia de realizar obras importantes como Cerro Rayoso y La Invernada, que elevan el potencial hidroeléctrico no utilizado de la provincia a más de 2000 MW.
Otro problema, más crítico, hoy son las líneas de transmisión que están absolutamente saturadas, es decir, no podría agregarse mucha potencia instalada ya que no sería posible transmitirla. Con lo cual ya sea como obra pública o inversión privada, es necesario generar nuevas líneas con urgencias, y para eso es imprescindible que al menos que la Secretaría de Energía desarrolle proyectos sea por si misma o mediante contratos de consultoría. Sin embargo, no hay novedades al respecto. No hay ningún plan ni propuestas ni apertura a iniciativa privada.
Para este verano, a su plan de contingencia,la actual gestión debería agregar el fomento a la instalación de generación de energía domiciliaria. Buena parte del consumo residencial se puede reducir con la instalación de paneles solares y batería domiciliarias.
Para ello, el Gobierno podría fomentar la financiación mediante los bancos con tasas bajas y plazos prolongados para fomentar su colocación inmediata, ya que son instalaciones que se pueden hacer en un día o dos y, además, acordar con los entes provinciales reglamentaciones más ágiles para que los distribuidores faciliten la incorporación a la red de estos sistemas de generación domiciliaria, ya que al día de hoy en general estos últimos tratan de trabar la venta de energía del consumidor final a la red.
Tampoco se realizan a nivel nacional campañas de racionalización energética para reducir la demanda y las que existen son desarrolladas aisladamente por algunos operadores. Finalmente debemos remarcar que necesitamos un plan energético a largo plazo, para evitar que sigan sucediendo problemas en los picos de demanda, los cuales hasta ahora periódicamente producen consecuencias negativas para la población, el comercio y la producción.
(*) El autor es ex presidente del ORSEP Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar