COP30: un avance simbólico, muchas deudas y una América Latina cansada de promesas vacías
La COP30 terminó dejando una mezcla de alivio, frustración y un mensaje claro desde América Latina: el multilateralismo climático está perdiendo credibilidad, y la región ya no tolerará más dilaciones.
Aunque la cumbre consiguió un hito político en torno a la transición justa, los avances quedaron opacados por deudas profundas en financiamiento, adaptación y, otra vez, la falta de una hoja de ruta para abandonar los combustibles fósiles.
Para la Climate Action Network América Latina (CANLA), la conferencia "no estuvo a la altura de la crisis" y vuelve a demostrar que, mientras el Sur Global pide instrumentos reales, el Norte Global sigue manejando la agenda con una ambición que califican como "mezquina y políticamente cómoda".
Uno de los reclamos más duros vino por la falta de avances en el financiamiento climático bajo el Artículo 9.1 del Acuerdo de París, que obliga a los países desarrollados a proveer recursos públicos y de calidad.
Para CANLA, esto implica un "retroceso político disfrazado de procedimiento" y evidencia la resistencia del Norte Global a asumir responsabilidades históricas.
La adopción de indicadores del Objetivo Global de Adaptación evitó un fracaso estrepitoso. Sin embargo, la región remarcó las inconsistencias técnicas y la insuficiente ambición del compromiso de triplicar el financiamiento a 2035, sin claridad sobre quién debe aportar los recursos.
Para CANLA, el mensaje es claro:"América Latina no pide caridad, exige responsabilidad."Los expertos regionales recordaron que la adaptación no puede seguir sujeta a promesas vagas, especialmente en territorios donde millones de personas viven en alta vulnerabilidad climática.
La creación del Mecanismo de Acción de Belém, dentro del Programa de Trabajo de Transición Justa, fue celebrada como una victoria regional. Por primera vez, la transición justa queda reconocida como un componente estructural del régimen climático.
La ausencia total de referencias a la salida de los combustibles fósiles —ni siquiera en el Programa de Trabajo de Mitigación— fue el punto más crítico.
La región coincide en que se trata de una omisión estratégica promovida por los países productores y fortalecida por la presión de los lobbies fósiles. Para CANLA, esta ausencia constituye una "alerta roja".
La mirada desde Argentina
Desde Argentina, la evaluación de la COP30 estuvo marcada por un tono crítico y una advertencia contundente: no hay transición justa posible si no se aborda de frente el problema de los combustibles fósiles ni los riesgos socioambientales de las nuevas cadenas de minerales críticos. Fue una de las posturas más críticas y coherentes dentro del bloque latinoamericano.
Argentina valoró que el texto final de Belém reconozca que la transición justa debe centrarse en las personas, los territorios y los derechos. Esto implica que cualquier proceso de descarbonización debe integrar garantías para comunidades, trabajadores e indígenas.
La principal preocupación es que la COP30 evitó nombrar explícitamente la necesidad de abandonar los combustibles fósiles, algo que considera indispensable para que la transición energética sea real y coherente con la ciencia.
Asimismo, Argentina subrayó un punto que preocupa a toda la región: la posibilidad de que la demanda de minerales críticos —litio, cobre, níquel, etc.— genere nuevas desigualdades, impactos socioambientales y conflictos, si no se regula adecuadamente.
Y además cualquier hoja de ruta climática debe partir de un principio simple pero contundente: la transición energética debe proteger a las comunidades antes que a los mercados. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar