El secreto oculto en su diseño

¿Qué significan las dos figuras que sostienen la Copa del Mundo?

Se trata de un detalle que suele pasar desapercibido pero que encierra una idea central del deporte como fenómeno global
Lionel Messi, el gran capitán, levanta la Copa del Mundo de la FIFA
20-02-2026
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La Copa del Mundo es mucho más que un trofeo. Su diseño condensa una idea poderosa sobre el fútbol como fenómeno global y sobre la dimensión simbólica que adquiere cada vez que un capitán la levanta ante millones de personas. Una de las imágenes más reconocibles es la de dos figuras humanas elevando el planeta, un detalle que suele pasar desapercibido pero que encierra una idea central del deporte como fenómeno global.

El trofeo vigente nació a comienzos de la década del '70, cuando la FIFA decidió reemplazar la histórica Copa Jules Rimet. Ese cambio fue consecuencia directa de lo ocurrido en México, cuando Brasil conquistó su tercer título mundial y, según el reglamento de la época, obtuvo el derecho de quedarse definitivamente con aquel trofeo.

La FIFA organizó entonces un concurso internacional para crear una nueva copa, y el proyecto ganador fue el del escultor italiano Silvio Gazzaniga, quien trabajaba para la firma Bertoni en Milán. Su propuesta buscaba transmitir movimiento, energía y universalidad: no una pieza estática, sino una escultura que expresara el instante exacto del triunfo.

Las dos figuras que aparecen en la base no representan países ni personas concretas. Según explicó el propio artista, simbolizan a la humanidad en su conjunto, cuerpos estilizados que se elevan con esfuerzo para sostener el globo terráqueo. La intención era reflejar la alegría del atleta en el momento de la victoria, pero también la idea de que el fútbol funciona como un lenguaje común entre culturas. La esfera superior, que recuerda inevitablemente a un balón, refuerza esa conexión entre el deporte y el mundo. Gazzaniga resumió esa inspiración con una frase que se volvió célebre: "El mundo es una esfera, así que es muy similar a un balón de fútbol".

El simbolismo del diseño se apoya en tres conceptos centrales: unidad global, porque el trofeo representa a todas las naciones reunidas en una competencia común; superación, ya que las figuras parecen impulsarse hacia arriba como metáfora del esfuerzo deportivo; y triunfo compartido, porque aunque la copa la levante un solo equipo, el mensaje apunta a una celebración colectiva del fútbol a escala planetaria. Esa lectura explica por qué la imagen del trofeo trascendió lo deportivo y se convirtió en uno de los íconos más reconocibles del siglo XX y XXI.

Desde el punto de vista técnico, la copa mide 36,8 centímetros de altura, tiene un diámetro de base de 13 centímetros y pesa 6,175 kilogramos. Está fabricada en oro de 18 quilates, con aproximadamente 4,9 kilos de oro puro, y se apoya sobre una base decorada con dos anillos de malaquita verde que aportan contraste visual y refuerzan la idea de un planeta sostenido por la humanidad. A lo largo del tiempo, el trofeo recibió tareas de restauración y mantenimiento -incluida una renovación del chapado en oro- para preservar su brillo y su integridad, dado el enorme valor simbólico y económico que representa.

La copa se entregó por primera vez en el Mundial de Alemania Occidental 1974 y, desde entonces, se convirtió en un símbolo permanente del torneo. Sin embargo, el protocolo de custodia cambió con los años: desde 2006, la FIFA permite que el equipo campeón levante la copa original únicamente durante la ceremonia de premiación y las celebraciones inmediatas, tras lo cual vuelve a quedar bajo resguardo del organismo. Las selecciones ganadoras reciben luego una réplica oficial, práctica que busca preservar el trofeo auténtico y evitar riesgos de daño o pérdida.

A diferencia de la Copa Jules Rimet, que fue levantada por cinco selecciones distintas, el trofeo actual ha sido conquistado por seis países. Alemania fue el primer campeón en alzarlo en 1974 y volvió a hacerlo en 1990 y 2014. Argentina lo levantó en 1978, 1986 y 2022, mientras que Brasil lo obtuvo en 1994 y 2002, edición en la que ganó todos sus partidos. También lo conquistaron Italia (2006), España (2010) y Francia (1998 y 2018). Cada edición deja una imagen histórica: la del capitán levantando la copa frente al mundo, desde Franz Beckenbauer hasta Lionel Messi, pasando por figuras como Diego Maradona, Lothar Matthäus, Cafú, Fabio Cannavaro, Iker Casillas o Philipp Lahm, escenas que consolidaron el valor icónico del trofeo.

Más allá de su peso real -una pregunta que suele dar lugar a bromas entre fanáticos, ya que solo los campeones pueden comprobarlo-, el verdadero peso de la copa es simbólico. Levantarla implica entrar en una tradición que se mantiene desde 1974 y que conecta generaciones de futbolistas y aficionados. No cualquiera puede tocarla: el protocolo establece que solo los ganadores y los jefes de Estado tienen autorización para sostener el trofeo original.

Con el Mundial de 2026 cada vez más cerca, y con 48 selecciones preparándose para competir en Estados Unidos, México y Canadá, la historia del trofeo vuelve a cobrar protagonismo. Existe además un dato curioso que abre un debate hacia el futuro: según la FIFA, la base actual solo tendría espacio para inscribir dos nuevos campeones más. Eso significa que, de mantenerse el diseño, hacia el centenario del Mundial en 2030 podría ser necesario crear una nueva presea o ampliar la base existente.

En definitiva, la Copa del Mundo no representa solo una victoria deportiva. Las figuras que sostienen el planeta condensan una idea simple y poderosa: el fútbol como esfuerzo colectivo, como celebración compartida y como aspiración humana de llegar a la cima. No hay héroes individuales en su diseño, sino una imagen universal que resume lo que significa ganar un Mundial: trabajo, unión y gloria global.

Argentina es la actual campeona del mundo tras consagrarse en Qatar 2022; la Selección obtuvo su tercera estrella al vencer a Francia en una final histórica que se definió por penales.
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