Cómo les fue a River y a Boca con Fate como sponsor
El cierre definitivo de Fate, anunciado este 18 de febrero tras más de 80 años de actividad industrial, no sólo implica la baja de la persiana de la planta de Virreyes y el despido de 920 trabajadores, sino que vuelve a poner en primer plano un capítulo singular del fútbol argentino: el período en el que su logo apareció, en simultáneo, en las camisetas de River y Boca entre 1985 y 1989. Aquella apuesta comercial, pionera para la época, quedó asociada a resultados deportivos diametralmente opuestos.
En esos cuatro años, el balance fue contundente. River conquistó cuatro títulos oficiales, mientras que Boca obtuvo sólo uno. Para el club de Núñez, el ciclo coincidió con la etapa más gloriosa de su historia. Bajo la conducción de Héctor Veira, el equipo ganó el Campeonato 1985/86, la Copa Libertadores 1986 y la Copa Intercontinental 1986, además de la Copa Interamericana 1987. Aquella consagración mundial en Tokio frente al Steaua Bucarest marcó la cima deportiva del "Millonario".
Paradójicamente, en la final intercontinental la FIFA no permitió publicidad en la camiseta, por lo que River levantó la copa sin el logo de Fate en el pecho. Sin embargo, durante toda la campaña previa la marca tuvo una exposición inédita en transmisiones internacionales y en las tapas de diarios y revistas deportivas, en una era donde la televisión comenzaba a expandir su alcance global.
Para River, además, el acuerdo tuvo un valor simbólico extra: fue la primera vez en su historia que aceptó publicidad en la camiseta. Hasta entonces, la banda roja era un territorio casi intocable. El desembarco de Fate implicó incluso ajustes de diseño con Adidas para acomodar el logo sin alterar la estética tradicional. Ese movimiento marcó el inicio de la profesionalización comercial del club, en una época donde los ingresos por sponsoreo todavía eran incipientes.
La realidad de Boca fue distinta. El "Xeneize" había ganado el Torneo Nacional 1985 —título conseguido antes del despegue internacional de River—, pero luego transitó años de inestabilidad económica e irregularidad futbolística. Durante el período 1985-1989 no volvió a consagrarse en torneos oficiales. El club atravesaba dificultades financieras, con planteles golpeados y conflictos institucionales. En ese contexto, el contrato con Fate representó un alivio económico y una señal de reconstrucción, aunque no se tradujo en éxitos deportivos sostenidos.
Las cifras del acuerdo, vistas desde hoy, resultan modestas. Se estima que Fate pagaba entre US$ 300.000 y US$ 400.000 anuales por club, montos que en la actualidad quedan muy por debajo de los contratos que superan los US$ 10.000.000 por temporada. Sin embargo, en el contexto de mediados de los años 80 -con el Plan Austral en marcha y un fútbol que recién comenzaba a explotar comercialmente la camiseta-, aquella inversión fue disruptiva. Fate logró algo inédito: estar presente en simultáneo en las dos veredas más poderosas y antagónicas del país.
La empresa, fundada en 1940 como Fábrica Argentina de Telas Engomadas por Leiser Madanes, había evolucionado desde la producción de impermeables hasta convertirse en uno de los principales fabricantes de neumáticos del país. En 1969 produjo el primer neumático radial argentino y durante décadas abasteció al mercado interno y a exportaciones regionales. Su incursión en el fútbol fue coherente con una estrategia de posicionamiento masivo en un mercado altamente competitivo.
El vínculo con Boca y River se extendió hasta 1989. Luego, otras marcas automotrices ocuparon ese espacio estratégico en las camisetas. Pero la comparación histórica quedó instalada: con Fate en el pecho, River vivió su era dorada y Boca apenas celebró un campeonato. Cuatro títulos contra uno. Un contraste que el tiempo convirtió en dato estadístico y anécdota de sobremesa futbolera.
Hoy, mientras la planta de Virreyes cierra sus puertas tras ocho décadas y deja a casi un millar de familias sin empleo en un contexto de fuerte competencia importadora, aquel logo blanco y azul sobre la banda roja y la franja azul y oro vuelve a la memoria colectiva. Fue una jugada audaz que anticipó la mercantilización total del fútbol argentino. Y también una curiosa coincidencia histórica: el mismo sponsor acompañó dos caminos muy distintos, uno hacia la gloria mundial y otro hacia años de transición e incertidumbre.