Alejandra "Locomotora" Oliveras, la campeona que convirtió el dolor en gloria
El deporte argentino llora la muerte de una de sus máximas campeonas. Alejandra "Locomotora" Oliveras falleció este lunes a los 47 años, luego de permanecer más de dos semanas internada en terapia intensiva en el Hospital José María Cullen de Santa Fe, tras sufrir un accidente cerebrovascular isquémico.
Dueña de una carrera consagrada y un carisma arrollador, Oliveras no fue solo una boxeadora extraordinaria: fue pionera, ídola y símbolo de lucha. Ganadora de múltiples títulos mundiales en distintas categorías, rompió moldes en un universo dominado por hombres y se convirtió en referente dentro y fuera del ring. Su muerte deja un vacío profundo, no solo en el deporte, sino en quienes vieron en ella una historia de resiliencia y superación.
Nacida el 20 de marzo de 1978 en El Carmen, Jujuy, y criada en Córdoba, su vida estuvo marcada por la adversidad. Fue madre a los 14 años, víctima de violencia de género y creció en un contexto de pobreza estructural. Encontró en el boxeo un camino inesperado que terminó por convertirla en una leyenda del deporte nacional. "El boxeo lo elegí porque no tenía otra, no tenía ni para comer", confesó alguna vez con la crudeza que la caracterizaba.
"Locomotora" comenzó a golpear bolsas, sin pensar que eso le abriría un camino profesional. El boxeo fue, en sus propias palabras, su segunda oportunidad: "Ahi volví a nacer", recordaba.
Su debut, sin embargo, fue tan improvisado como revelador. A los 17 años, aceptó subirse a un ring en una pelea entre vecinas, convocada por un ex boxeador que la escuchó contar su historia por radio. Su potencia y su hambre de revancha llamaron la atención de inmediato. Lo que comenzó como un acto de resistencia se transformó en una carrera de alto nivel.
Una carrera forjada a puro coraje
La "Locomotora" debutó como boxeadora profesional en 2005 y, apenas un año después, se consagró campeona mundial supergallo de la AMB al vencer a la mexicana Jackie Nava en Tijuana. A partir de allí, su ascenso fue meteórico: llegó a conquistar seis títulos mundiales en distintas categorías -supergallo, pluma, ligero y superpluma- consagrándose como la única mujer argentina en lograr ese hito. En 2015, fue reconocida con un Récord Guinness por haber obtenido cuatro coronas en divisiones diferentes.
Alejandra enfrentó a las mejores del mundo, siempre con el orgullo de representar a la Argentina. Entrenada en su momento por Amílcar Brusa -el histórico DT de Carlos Monzón-, supo imponerse con una mezcla de técnica, potencia y una garra inquebrantable.
Su carrera profesional totalizó 38 combates, con 33 victorias, tres derrotas y dos empates, incluyendo 16 triunfos por nocaut. Más allá de sus estadísticas, Oliveras fue una figura magnética. Su personalidad extrovertida, su honestidad brutal y su carisma arrollador la hicieron trascender el mundo del boxeo.
Su frase "yo nací para ser campeona del mundo" no era arrogancia: era convicción pura, nacida de una historia de vida cruda, que compartía con franqueza para inspirar a otros.
Del ring al compromiso social y político
Retirada oficialmente en 2019, la "Locomotora" no se alejó de los desafíos. Se dedicó a ayudar a jóvenes en situación de vulnerabilidad a través del deporte y fundó el "Team Locomotora", un grupo solidario con el que repartía alimentos en barrios humildes de Santa Fe durante la pandemia.
También brindó charlas motivacionales, dirigidas especialmente a mujeres, donde compartía su experiencia de vida y lucha contra la violencia de género.
En los últimos años, Oliveras también incursionó en política. Acompañó a Patricia Bullrich durante la campaña presidencial de 2023 y fue incorporada en 2024 a la Dirección Nacional de Seguridad en Eventos Deportivos, donde lideró el programa "Cuidar el juego", orientado a la prevención de la violencia en el deporte infantil. Había sido electa convencional constituyente en Santa Fe, aunque no llegó a asumir.
Un legado eterno
Su fallecimiento conmocionó al mundo del deporte y a quienes la admiraban como símbolo de superación. El director del Hospital Cullen, Bruno Moroni, explicó que la boxeadora había ingresado con un cuadro severo de ACV isquémico, con foco motor en el hemisferio derecho, lo que provocó la parálisis de su lado izquierdo. Fue operada de urgencia para descomprimir la presión cerebral, pero su cuerpo semanas después, luego de lograr abrir los ojos y poder respirar por su cuenta, aún así, no resistió.
Oliveras no fue solo una campeona mundial de boxeo. Fue una mujer que se abrió paso en un ambiente hostil, que desafió estigmas, que nunca renegó de sus orígenes y que usó su voz para amplificar las de los que no tienen micrófono.
Luchó dentro del ring con los puños y fuera de él con el corazón. Y aunque su vida se apagó antes de tiempo, su historia perdurará como inspiración para futuras generaciones. El deporte argentino la llora, pero también la celebra, porque dejó huellas imborrables donde otros apenas pasaron. Su legado ya es eterno. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar