Alerta

El síntoma silencioso que podría revelar hipertensión, según expertos

Expertos advierten que un cambio sutil en la vista podría ser la primera señal de daño por presión alta. Por qué no hay que ignorarlo.
El síntoma inesperado que muchas personas ignoran y que puede indicar hipertensión
25-11-2025
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La visión borrosa es un síntoma poco conocido pero cada vez más señalado por especialistas como una advertencia temprana de hipertensión arterial, una condición crónica que afecta a millones de adultos. Profesionales de la salud destacan que, aunque suele pasar desapercibida, esta alteración visual puede ser la primera señal de daño en los vasos sanguíneos del ojo producido por la presión elevada.

  • El aumento sostenido de la presión arterial puede deteriorar los finitos vasos de la retina, que se estrechan, se endurecen e incluso pueden romperse o filtrar líquido. 
  • Según la American Academy of Ophthalmology, este proceso interfiere en la capacidad de la retina para enfocar y provoca desde falta de nitidez hasta cuadros de pérdida severa de visión.

La manifestación es variable: algunas personas notan dificultad para leer o distinguir detalles a corta distancia, mientras que otras perciben problemas para ver objetos lejanos o sienten que las imágenes pierden claridad, especialmente en ambientes de baja luz. También pueden aparecer manchas flotantes, destellos o zonas borrosas, señales que alertan sobre un posible daño retiniano asociado a hipertensión.

El mecanismo detrás del síntoma tiene relación directa con el daño vascular: la presión elevada debilita las paredes arteriales, aumenta la permeabilidad y altera el flujo sanguíneo hacia la retina. Esto puede generar edema macular, pequeñas hemorragias o lesiones del nervio óptico. Médicos advierten que la aparición de visión borrosa en un paciente hipertenso implica un riesgo real de pérdida visual permanente si no se actúa a tiempo.

Ante estos cuadros, especialistas recomiendan realizar una evaluación oftalmológica completa, incluido el fondo de ojo y estudios como la tomografía de coherencia óptica (OCT). El abordaje debe ser conjunto entre oftalmólogos y clínicos, ya que la mejora depende principalmente del control estricto de la presión arterial y de un seguimiento regular de los cambios visuales.

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