Cine

Treinta años de Se7en, Los Siete Pecados Capitales y la reformulación del noir

El jueves se reestrenó en cines Se7en: Los Siete Pecados Capitales, la obra maestra del thriller negro de los noventa. Fue la consagración definitiva de Brad Pitt. El film cumple 30 años y llega restaurado en 4K.

Treinta años de Se7en, Los Siete Pecados Capitales y la reformulación del noir
Treinta años de Se7en, Los Siete Pecados Capitales y la reformulación del noir

"Vimos varias películas, entre ellas All That Jazz de Bob Fosse, que era una de las películas favoritas de David (Fincher) en ese momento, y también The French Connection (Contacto en Francia), cuya crudeza definitivamente se puede ver a veces en Se7en, Los Siete Pecados Capitales. Otra película que vimos fue El Silencio de los Inocentes de Jonathan Demme, que se había hecho unos años antes y que planteaba un problema porque había dejado la vara muy alta. Recuerdo que pensé: '¿Cómo puedes filmar una historia sobre un asesino en serie después de El Silencio de los Inocentes?'".

La reflexión responde al director de fotografía de Se7en, Darius Khondji. 

Y es interesante como disparador para entender el rol fundamental del tono que predomina en el film. A diferencia de la luminosidad fría de la película protagonizada por Jodie Foster, el thriller dirigido por un muy joven David Fincher es oscuro, lluvioso y opresivo. Las linternas de los detectives Somerset (Morgan Freeman) y Mills (Brad Pitt) recortan una oscuridad perenne que navega en todo el metraje. Como si fuera una Cosa, un monstruo que se apodera de una ciudad sin nombre y, en su avance voraz, devora los corazones de los puros. 



Treinta años se cumplen de este thriller que redefinió los limites del policial negro moderno y que dio lugar al nuevo concepto de "new noir". Es un acierto que se reestrene en cines para vivir (o volver a vivir) su potencia narrativa: es un relato perfecto que se apoya tanto en su fuerza estética como en actuaciones impecables. La nueva llegada a las salas, como suele ser, es luego de un proceso de restauración en 4K que supervisó en mismísimo David Fincher.

Treinta años de Se7en, Los Siete Pecados Capitales y la reformulación del noir
Treinta años de Se7en, Los Siete Pecados Capitales y la reformulación del noir

La Ciudad del Pecado

Cuando una película logra el impacto que logró Se7en hace 30 años, las anécdotas e historias alrededor de su proceso de producción se van incrementando con el paso del tiempo. Como se cita en la apertura de esta nota, el guion de Andrew Kevin Walker tenía un primer desafío que era lograr una película soberbia sobre un subgénero ya transitado en el policial: la búsqueda del asesino serial. Para colmo, la película precedente, El Silencio de Los Inocentes, no solo es una obra maestra sino que validó esa condición con el premio del la industria: se llevó las cinco estatuillas Oscar de las categorías principales. Fue la gran ganadora de ese año. Y fue la apertura a la década del noventa como "los nuevos setenta". Desde este lugar no resulta curioso que la primera película que Fincher tomó como referencia para trasladar a la puesta en escena ese guion sublime fue Contacto en Francia, la aventura de William Friedkin que puso el piso del policial moderno: estética documental, sordidez y un final amargo.



El acierto de la soberbia la puesta en escena que decide Fincher se apoya en un diseño gótico de Los Ángeles. Y, sobre esas imágenes, construye una versión moderna del infierno de Dante Alighieri (que es citado en el film más de una vez). La "Ciudad" no es nombrada en ningún momento. 

Es una urbe maligna. Es tu ciudad, mi ciudad, cualquier ciudad. Un lugar a la que una pareja joven, perfectamente rubia y naif llega a vivir y a (de)construir el sueño americano.

Treinta años de Se7en, Los Siete Pecados Capitales y la reformulación del noir
Treinta años de Se7en, Los Siete Pecados Capitales y la reformulación del noir



Es que la película funciona, también, como un western crepuscular y un relato post apocalíptico sin ser ciencia ficción, sin ser anticipación. Es un relato que se enmarca en el cinismo del fin del milenio. Fincher aprovechó todas esas lecturas posibles que la posmodernidad le regalaba en bandeja. Por eso es una película que se añeja, que mejora con el paso del tiempo. Todo lo que define a un clásico.

No hay un solo asesinato en pantalla en Se7en. Lo que hay es un juego macabro y sus consecuencias, sus restos. Cadáveres, mutilados en su mayoría, que el asesino va dejando como unas migas de pan para que sigan los detectives Somerset y Mills. Fincher logra algo imposible: que convivan un tono exuberante y contenido a la vez. Como el perfil de los dos detectives o el laconismo de ese asesino, ese Juan Nadie (John Doe) sin antecedentes, sin historia, sin rastro que lee la vida como un miserable paño en blanco sobre el que debe dibujar su obra maestra: castigar al mundo con un mensaje apoyado en los siete pecados capitales. Es un mundo que no tiene salvación, que no cree en la redención, en el sentido humano y religioso del concepto

  • El triángulo que conforman (y que trasunta toda la metáfora religiosa del film) Brad Pitt, Morgan Freeman y Kevin Spacey es sublime. La Santísima Trinidad del horror. 

El acto final 

"Si la cabeza de John Doe se abriera y saliera un OVNI, quiero que estés preparado", advierte el escéptico y experimentado Somerset al joven detective Mills. En el fondo sabe que es una partida que no pueden ganar. La suerte ya está sellada. Pero, como en todo el film, la pieza de relojería del guion funciona a la perfección: lo importante es el cómo. 



No vamos a dar detalles acá del final sorpresa y de la vuelta de tuerca. No tiene sentido. Es una nota que pretende la motivación de verla y volver a verla. Como ese final, esa "sorpresa" resignifica la película, es importante, al menos, una segunda mirada. 

Treinta años de Se7en, Los Siete Pecados Capitales y la reformulación del noir
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Solo se puede decir que el entonces muy joven Fincher defendió con uñas y dientes ese desenlace. Cierre que el productor Andrew Koelson le había advertido: "No hay forma de que hagas ese final". Primero lograron (con Pitt y Freeman como aliados) convencer a Michael De Luca, jefe de New Line, el estudio detrás de la cuestión. Finalmente, con la amenaza de la renuncia de todos, Kopelson no tuvo más alternativa que aceptar el amargo final. 



Ese cierre magistral se privilegia con otra decisión estética de Fincher: quiebra todo el tono sombrío y lluvioso de la película y lleva el desenlace a las afueras de la ciudad. A pleno sol, desierto, y campo abierto. Es imposible no pensar en cómo, el director, reescribe lo realizado por Hitchcock en Intriga Internacional (North By Northwest, 1959). Allí, el mejor realizador de todos los tiempos rompe la regla del thriller y lleva al héroe a una trampa a un campo abierto. Lo "encierra" en la inmensidad con una puesta en escena soberbia. 

Ese recurso fue reelaborado por David Fincher para cerrar, como es debido, su obra maestra.

Cuestiones gratas de buenos alumnos. 



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