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Los radicales no tienen motivos para quejarse

La idea de un radicalismo víctima del macrismo no se sostiene en ningún dato y es alimentada por quienes nunca se sintieron cómodos con lo resuelto en Gualeguaychú

26-06-2017
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A la hora de armar listas siempre hay intereses en pugna. Y más aún cuando se trata de una coalición porque, a los conflictos internos de cada uno de los partidos, se suman las diferencias entre los socios.

Es lo que se observó en las negociaciones en Cambiemos, que dispararon quejas entre algunos  radicales que consideran que el partido no fue tenido en cuenta en la medida que correspondía. Sin embargo, la UCR no tiene demasiado fundamento para la protesta.

Como dice el politólogo Andrés Malamud, hay un único partido nacional: el que tiene la Presidencia. Sea el que fuere. Esa fue la ventaja que tuvo el PRO para negociar con la UCR, que tuvo que hacer una negociación provincia por provincia.

En la actualidad, en el interbloque de Cambiemos en Diputados hay una ligera superioridad del PRO, que será mayor a partir de diciembre. Tiene que renovar pocos legisladores (13 sobre 41), y la mayor ganancia la obtendrá en la provincia de Buenos Aires, algo  lógico ya que en las elecciones de 2013 sólo pudo colar un par de nombres en la lista que encabezaba Sergio Massa y tras la renuncia de Gladys González tiene que renovar una sola banca. Pero hoy el PRO tiene la gobernación y los intendentes de varios distritos del conurbano y de las principales ciudades de la provincia. Razones más que suficientes para predominar en el armado. Es probable que Cambiemos obtenga alrededor de doce diputados en la provincia: luego de Graciela Ocaña, habrá ocho del PRO y tres radicales.

La UCR renueva dos bancas en Buenos Aires, así que ganaría una, pero perdería una en Córdoba, donde renueva tres diputados y sólo tiene seguro dos porque su tercer candidato iría en el quinto lugar, que sólo entraría en caso de un triunfo de Cambiemos sobre el oficialismo provincial y en la medida en que ningún otro partida obtenga una banca. Es difícil pero no imposible. También podría sumar uno o dos  diputados  por la Capital si Facundo Suarez Lastra, que está séptimo en la lista que responde al Gobierno local, logra entrar. Es probable que el radicalismo mantenga los 36 diputados que tiene en la actualidad y tal vez sume alguno. Pero el crecimiento beneficiaría a sus socios porque el PRO podría pasar de 41 a cerca de 50, aun cuando pierda alguna banca en la CABA, que es su distrito de origen, y la Coalición Cívica también mejorará su participación en el interbloque porque Elisa Carrió hizo valer la necesidad que tiene el oficialismo de su candidatura.

En el caso del Senado, la UCR tiene ahora 8 bancas y el PRO 6, pero es probable que queden con fuerza equivalente a partir de diciembre.

Pero más allá de los números, los legisladores radicales acumulan más experiencia parlamentaria y hay entre ellos más figuras políticas de peso que entre sus colegas del PRO, y eso les asegura una influencia decisiva en el Congreso.

Por otra parte, el PRO sigue sin encontrar figuras de peso en algunos distritos mientras que la UCR tendría candidatos muy competitivos en 2019 para las gobernaciones de Córdoba y Santa Fe: Ramón Mestre y José Corral, que actualmente son intendentes de las  capitales provinciales.  También tiene aspirantes con posibilidades de gobernar otros distritos como son  los casos de Eduardo Costa en Santa Cruz, José Cano en Tucumán y Julio Martínez en La Rioja.

Todos ellos competirán en las elecciones de octubre. Además, son mayoría los distritos en los que las listas la encabezan radicales y se sabe que el primer lugar en la lista otorga mucha visibilidad y concentra la atención de los medios. Todo indica que Cambiemos ganará en las provincias que hoy gobierna la UCR con lo cual las perspectivas a mediano plazo son favorables para seguir desplegando su  presencia territorial en todo el país. Pero seguirá tendiendo un déficit en el GBA y la CABA, que estas elecciones van a agudizar. No cuenta con intendentes en el GBA y casi no tendrá legisladores provinciales provenientes de esa región. Pero no se trata de un hecho novedoso ni una consecuencia de la alianza con el macrismo sino que se viene registrado desde hace muchos años. En la CABA, el radicalismo está dividido y podrá colocar legisladores nacionales, pero por diferentes listas. Es decir que, allí en donde se concentra un tercio del padrón nacional, la UCR no mejorará su representatividad y el AMBA seguirá siendo un territorio del PRO. Por eso algunos radicales se apoyan en la figura de Martín Lousteau para modificar ese escenario.

En la conformación de las listas fue determinante el papel de los funcionarios nacionales, un mecanismo que al radicalismo no lo favorece y debería intentar morigerar en el futuro. Pero, por otra parte, la estrategia de recurrir a candidatos con fama ganada en otras actividades, perdió efectividad. Como ahora Cambiemos gobierna el país y varias provincias, tiene que defender esas gestiones, y para esa tarea deberá buscar más candidatos  surgidos de la actividad política y allí la UCR prevalece sobre el PRO.

La idea de un radicalismo víctima del macrismo no se sostiene en ningún dato y es alimentada por quienes, salvo algunos casos puntuales, nunca se sintieron cómodos con lo resuelto en la Convención de Gualeguaychú. La UCR tiene más peso hoy que antes de ese acuerdo y su presencia territorial puede seguir creciendo en los próximos años. Pero la Casa Rosada le seguirá quedando lejos por mucho tiempo, algo de lo que no puede quejarse, porque la última vez que estuvo allí hizo méritos para que así sea.

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