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Los plebiscitos suelen ser riesgosos

El Brexit y la democracia directa.

07-07-2016
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Luego del Brexit, los gobiernos van a pensar dos veces antes de convocar a un referéndum. Suele ser presentado como un instrumento positivo porque permite que la sociedad se pronuncie directamente, sin intermediarios, frente a un tema controvertido. Además, se supone que un resultado nítido sirve para generar a partir de allí un consenso social en torno a una política. Pero los aspectos negativos superan claramente a los positivos. En primer lugar tienden a polarizar la sociedad. Porque en los plebiscitos hay solo dos alternativas ? o gana el Sí o lo hace el No? y por lo tanto hay ganadores y perdedores absolutos. Y la democracia, precisamente, se basa en lo contrario porque el poder se reparte, se distribuye de manera que todos puedan hacer escuchar su voz y tener algún grado de representación.

Pero la posición de quien pierde un referéndum queda totalmente excluida.

Otro problema es que se quiere someter a una simple opción entre Sí o No a cuestiones que son extremadamente complejos. La separación del Reino Unido de la Unión Europea es difícil de instrumentar y tiene múltiples aspectos que considerar. Pero en los referéndums no hay lugar para los matices. El Brexit aumentaba la soberanía británica al precio de generar problemas económicos. El Remain sacrificaba autonomía por una mayor integración comercial. Ambas posiciones tenían sus fundamentos pero no había espacio para intentar fórmulas intermedias porque se está adentro o afuera de la UE. Otro referéndum muy recordado fue el que se hizo en Grecia para determinar si aceptaba un plan de austeridad económica que también tenía un contenido muy complejo.

Por otra parte, en muchas ocasiones, los plebiscitos son utilizados para dirimir otras cuestiones, que no tienen que el objeto de la consulta, como apoyar o castigar a un gobierno, resolver la interna de un partido o repudiar a la dirigencia política en general.

Los distintos mecanismos de democracia directa son útiles para cuestiones locales que involucran temas menos complejos y que los votantes conocen en profundidad. Pero para dirimir aspectos complejos, los referéndums no son una buena alternativa y no constituyen un avance sino un retroceso frente a la democracia representativa.

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