Ley, veto y después?

Qué dijeron los columnistas políticos durante el fin de semana.

23-05-2016
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Eduardo Fidanza, “Las chances de una lógica política alternativa”, La Nación.

“Los últimos sondeos arrojan un resultado dulce para el Gobierno: la mayoría sigue aprobándolo mientras padece los rigores del ajuste. El consenso se debe a un fenómeno que viene observándose desde el verano: las expectativas sobre el futuro del país son positivas, en contraste con la evaluación del momento presente. Evocando los años 90, podría decirse que la mayoría concuerda con la afirmación “estamos mal, pero vamos bien”. Sobre esta creencia Macri empieza a elevar el perfil de su liderazgo, tensando cuerdas que hasta ahora permanecían distendidas. Al vetar la ley antidespidos procura mostrarse como un político con convicciones, dispuesto a afrontar sin temor las consecuencias de sus actos. Esa actitud desconcierta a sus rivales, que no pueden terminar de descifrarlo.

“Es probable que el Presidente esté incorporando la polarización a su caja de herramientas. Eso significaría empezar a cuestionar un estilo amable e inocente que no cuadra con la cultura del poder en la Argentina (?) Se percibe belicosidad en el ambiente. Concluye el lance entre caballeros.

“El cambio de actitud del Gobierno puede leerse de dos maneras: como una táctica para superar las dificultades coyunturales o como una estrategia de alcance mayor para intentar vencer al peronismo, el rival ineludible de toda fuerza de signo distinto en la Argentina (?)

“La viabilidad de una lógica política alternativa posee, al menos, otro requisito clave: debe dejar claro a quién representará. El peronismo es el partido de los sectores populares, el radicalismo intentó serlo de las clases medias, sin la misma suerte. Llenar ese vacío de representación tal vez constituya para Macri la diferencia entre ser una pausa o constituir un proyecto alternativo y perdurable de poder”.

Luis Bruschtein, “Quiero flashear ser pobre”, Página 12.

“Macri insistió con que no hay despidos. Lo dice con una convicción que no lo ayuda. Cada vez que lo dice, su credibilidad cae en picada. Y cuanto menos le cree la sociedad al Presidente, más crece el miedo a perder el empleo. Hay un Indec de la calle difícil de discutir. Empiezan a ser más los taxistas kirchneristas que los macristas. Ellos reproducen un clima que los tironea entre la propaganda de los periodistas oficialistas, sus propias observaciones y los comentarios de sus pasajeros (?)

“Así como el triunfo electoral de Macri provocó un reacomodo de la política, el plan económico de su gobierno está provocando otro a nivel gremial. Los procesos de convergencia en ese contexto no son buena señal para el PRO. No parece un movimiento para consentir al nuevo gobierno sino todo lo contrario. El olfato de los sindicalistas ya les marcó que este gobierno no tiene registro social y desconoce al mundo obrero. Para el viejo Vizcacha que todos llevan dentro, ese desconocimiento siempre ha sido mal presagio. Nadie cree que la situación vaya a mejorar en el segundo semestre o el año que viene. Muchos de los dirigentes están molestos con el kirchnerismo, pero sus bases no tienen esos pruritos. El desgaste del gobierno se acelera pero la recomposición de una opción opositora se retrasa. Sin embargo, todos coinciden que el PRO tiene que perder en 2017, lo que presiona fuertemente para encontrar puntos de contacto. El cuadro de reacomodo está abierto ahora en un sentido inverso al del principio del gobierno, cuando todos le sonreían”.

Eduardo van der Kooy, “El veto de Macri y las botellas de Boudou”, Clarín.

“Quizá no sea el veto a la ley antidespidos el que encierre el dilema mayor sobre el costo político que podría pagar Mauricio Macri. Como bien afirmó la diputada renovadora Graciela Camaño, en plena sesión de Diputados, se estaba frente a un ardoroso debate sólo de valor testimonial. La guadaña había sido anticipada. El enigma del Presidente y de Cambiemos, su conglomerado político, será develar cómo seguir con una gestión compatible con la gobernabilidad. Algo que no estuvo en duda en sus primeros cinco meses.

“Al ejecutar el veto, Macri habría ponderado ?sobre todo? dos cosas. Por un lado, fortalecer su autoridad. Como hizo con los decretos de necesidad y urgencia (DNU) en su debut. Una cuestión que siempre le preocupa. Rémora quizá del fantasma de la Alianza. “Por otro, no aflojar en los principios que viene sosteniendo para la recuperación de la economía. Primero el levantamiento del cepo, luego el acuerdo con los fondos buitre, ahora el presunto desmalezamiento del camino para atraer las inversiones.

“Cada uno de aquellos preceptos, sin embargo, ofrecería una contracara. La promesa del veto con tanta antelación dificultó a Cambiemos la negociación en Diputados y astilló su vínculo imprescindible con la mayoría de los aliados potenciales. La ley antidespidos no sería la mejor invitación para los inversores. Pero tampoco la constituiría el espectáculo de trapicheo permanente entre el oficialismo y la oposición en el Congreso por una legislación estéril en los hechos. Esa imagen no daría certezas a aquellos tentados con desembarcar capitales en la Argentina”.

Mauricio Maronna, “Cuando pase el temblor”, La Capital de Rosario.

“A nivel nacional, Macri eligió pasar al patio de atrás la relación con Sergio Massa y elegir como adversario al PJ a la hora de la abstención por la ley antidespidos. Lo hizo tras la lectura de diversas encuestas. Todas dan al tigrense como el opositor mejor posicionado, fundamentalmente en la estratégica provincia de Buenos Aires, distrito en el que quien gane los comicios legislativos a senador de 2017 tendrá la pole position para convertirse en candidato a presidente.

“Está tan extraña la política argentina que, aunque no exista algo menos carismático que un veto presidencial ?sobre todo a una ley antidespidos?, algunos observen esa decisión como “un gesto virtuoso”. Un delirio que sólo se consigue en estos tiempos de grieta abierta.

“La ausencia de un liderazgo visible y excluyente en el Partido Justicialista le permite a Macri gozar de una expectativa módica: la mayoría de los argentinos observa que su situación personal está peor que en 2015, pero también considera que estará mejor en el futuro inmediato. “El segundo semestre deberá convertirse en una especie de maná del cielo para que el gobierno de Cambiemos pueda entrar con menos lastre al puerto electoral de 2017”.

Carlos Sachetto, “Macri hace un curso acelerado de política”, La Voz del Interior de Córdoba.

“Durante los últimos 45 días, la política argentina pareció estar inmersa en un pequeño pero complicado laberinto que no ofrecía salidas claras a quienes lo transitaban. El proyecto de la ley antidespidos encorsetó por igual a todos los protagonistas, sin permitirles levantar la vista y observar que la sociedad contemplaba cada vez con más indiferencia los movimientos de cada uno.

“Fue el Gobierno el que gracias a su preocupación por las encuestas advirtió que el tema debía tener un rápido final porque, de lo contrario, lo llevaba a un desgaste innecesario.

“La ley fue aprobada por la Cámara de Diputados el jueves por la madrugada y al día siguiente fue vetada por el presidente Mauricio Macri. Ese final fue posible por la destreza negociadora del ministro del Interior, Rogelio Frigerio, y por la experiencia parlamentaria del jefe del bloque Cambiemos, el radical Mario Negri, junto al titular de la Cámara, el peronista del Pro, Emilio Monzó.

“Ellos, y pocos más, diseñaron una jugada política que neutralizó la intención, del kirchnerismo, de propinar una derrota al gobierno macrista; y la de Sergio Massa, de convertirse en el definidor del conflicto y así consolidar sus aspiraciones electorales para el año próximo (?)

“De manera objetiva, dieron el triunfo en la votación al kirchnerismo, sabiendo que luego la ley sería vetada. ¿Ganó el Gobierno con esto? Eso todavía está por verse, pero si las encuestas que lee el Presidente no están equivocadas, el famoso costo político del que se hablaba si Macri utilizaba el veto, será en realidad pequeño y sin demasiadas repercusiones sociales. Todo indica que ese costo, más que político, fue y será económico”.

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