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Las tres lógicas de la política exterior

Las nuevas alianzas políticas, la candidatura de Malcorra y la agenda tradicional argentina.

13-06-2016
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 por Julio Burdman

La política exterior de Macri en sus primeros seis meses tuvo dos grandes decisiones. La primera fue el giro en las alianzas regionales, con un acercamiento a Estados Unidos y a todos los marcos institucionales que Washington respalda para las relaciones del hemisferio ?OEA, Alianza del Pacífico, Acuerdo Transpacífico. La segunda es la postulación de la canciller Susana Malcorra para el cargo de secretaria general de Naciones Unidas. Ambas decisiones han obrado como ejes ordenadores de la gestión externa, que se lleva adelante tanto desde el Palacio San Martín bajo la dirección de Malcorra, como de la Secretaría de Asuntos Estratégicos a cargo de Fulvio Pompeo, quien tiene oficina en la Casa Rosada. A su vez, estos dos ejes ordenadores coexisten con un tercero, que es el de las políticas tradicionales (o sea, permanentes) de la diplomacia argentina. Estas están plasmadas en nuestra Constitución y obligaciones internacionales, y Macri no se propone cambiarlas: el Mercosur, el multilateralismo, el reclamo de nuestra soberanía en las islas del Atlántico Sur y el Sector Antártico, la defensa de los derechos humanos y la autodeterminación de los pueblos, etc.

Cada uno de estos tres ejes conlleva su propia lógica decisoria. Y hay quienes han señalado contradicciones entre ellas. Una es el caso de Venezuela: durante la campaña electoral y ya como mandatario electo, Macri tendió puentes con la oposición antichavista y anunció que iba a pedir la aplicación de la cláusula democrática del Mercosur al gobierno de Maduro; algunos meses después, en la OEA, la Argentina toma distancia de la aplicación de la Carta Democrática a Caracas, promovida por la oposición venezolana y el Secretario General Luis Almagro, y se pliega a México, que sigue su línea diplomática en la materia ?la Doctrina Estrada, que prohíbe juzgar regímenes políticos foráneos? e insta al diálogo a las partes. Pero la razón de Argentina es otra: no enfrentarse al gobierno de Venezuela para no afectar la candidatura de Malcorra. Aquí, la lógica 1 ?giro político- entró en colisión con la lógica 2 ?aspiración ONU? y la oposición venezolana se enojó.

Otro caso es el de Malvinas: Macri mantiene el reclamo diplomático, aunque cambió el tono, y lo mencionó en el encuentro con Cameron en Davos, pero la canciller Malcorra declaró ante el diario británico The Telegraph que ella mantendrá una relación prescindente y neutral ante la cuestión Malvinas en caso de ser elegida para el cargo. De hecho, su compromiso con la neutralidad la convierte en una candidata atractiva para Londres, que seguramente terminará apoyándola. Aquí, la lógica 2 colisionó con la 3 ?tradición permanente.

¿Acaso son demasiadas lógicas conviviendo bajo un mismo techo? Eso podría decir que somos un país interesante y complejo, ya que las grandes potencias se componen de diversos núcleos de poder, a veces contradictorios entre sí. Solo las dictaduras y las monarquías absolutas tienen sus políticas perfectamente unificadas, y a veces ni siquiera. No obstante, eso no quita que los Estados no deban buscar que sus diferentes lógicas se coordinen entre sí, para formular posiciones libres de contradicciones. En este caso, podríamos decir que el elemento disonante es la agenda de la Cancillería, ya que las lógicas 1 y 3 parecen armonizar. Pero se trata de una descoordinación tolerada: para Macri, la postulación de Malcorra es prioritaria, porque considera que sería un instrumento clave para el «poder blando» del país y de su propio gobierno.

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