Las primarias serán más que una gran encuesta

Pocas fuerzas utilizarán ese mecanismo para definir candidaturas, pero las PASO anticiparán octubre

13-06-2017
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Por Juan Radonjic

El 13 de agosto es la fecha clave del calendario electoral de 2017. Los antecedentes muestran que  en las elecciones generales se suele premiar a los que ganaron las primarias y castigar a los que perdieron, pero casi nunca alteran el resultado. Así fue en las presidenciales de 2011, cuando Cristina Kirchner sumó 6 puntos entre las PASO y las generales mientras que Eduardo Duhalde, que decepcionó a quienes creían que podía ser un candidato competitivo, perdió la mitad de los votos entre las dos instancias. Lo mismo ocurrió en 2015, porque si bien Daniel Scioli sacó más votos que Mauricio Macri en las primarias, la lectura política fue otra. A Macri se lo percibió como ganador porque logró su objetivo que era obtener el derecho a disputar la segunda vuelta mientras que Scioli no logró el suyo, que era imponerse en la primera.

Y si bien las de este año no son elecciones para cargos ejecutivos, el comportamiento puede ser similar porque también hay antecedentes en ese sentido. En 2013, la lista de diputados de la provincia de Buenos Aires que encabezaba Sergio Massa obtuvo el 35% de los votos en las primarias. En las generales posteriores, los votantes los premiaron y obtuvo el 44% de los votos mientras que el castigado, por haber tenido un desempeño muy inferior al esperado, fue Francisco De Narváez que redujo su caudal a la mitad. Teniendo en cuenta los antecedentes, los candidatos saben que no les puede ir bien en octubre sino les fue bien en agosto.

Y esto plantea diferentes desafíos para el oficialismo y la oposición. Desde el kirchnerismo sostienen que este es “un gobierno para ricos” y que lleva adelante un duro ajuste. En el massismo  buscan presentarse como la alternativa entre “ajustadores y ladrones”. Pero esos discursos pueden quedar desairados si el oficialismo obtiene un buen resultado en las primarias. Es decir, si puede demostrar que sus políticas tienen más apoyo popular del que le otorgan sus críticos. En ese caso, la oposición deberá ajustar su mensaje para evitar una derrota mayor en octubre, como sugieren los antecedentes. A su vez, el Gobierno tiene el desafío de mostrar avances económicos antes del 13 de agosto para sostener su coalición electoral y evitar que se concentre el voto opositor para castigarlo. Difícilmente pueda hacerlo en materia de nivel de actividad y creación de empleo, pero sí podrá mostrar algún éxito en materia de reducción de la tasa de inflación y una consecuente recuperación de los ingresos que tendrá su pico, según la consultora Ecolatina,  entre julio y septiembre.

Por lo tanto, todos tienen mucho menos tiempo de campaña del que creen.

Aquellos inversores que quieren demorar sus decisiones hasta tanto sepan con cuánto poder político cuenta el Gobierno no tendrán que esperar hasta octubre, lo sabrán en agosto. Entre agosto y octubre el oficialismo podrá sumar o perder votos según el caso, pero lo que no podrá es modificar el puesto que obtuvo.

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