La frase de Macri, el riesgo político e inversiones esquivas

"Si deciden esperar a agosto, invertir o comprar les va a salir un poco más caro. Si esperan a octubre les va a salir mucho más caro, pero van a dormir tranquilos”, dijo Macri ante empresarios

29-06-2017
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Por Juan Radonjic

“Si ustedes deciden esperar a agosto, lo que deciden invertir o comprar les va a salir un poco más caro. Si esperan a octubre les va a salir mucho más caro, pero van a dormir tranquilos”. Con esa frase, Mauricio Macri pretendió crear un clima distendido con los empresarios chilenos que lo escuchaban el martes. En este caso, no hay espacio para un análisis freudiano del chiste del Presidente porque refleja fielmente su pensamiento.

Macri cree que los activos argentinos se valorizarán en caso de un triunfo oficialista y, consecuentemente, perderán valor si gana la oposición. Y hasta que no se sepa el resultado de las elecciones seguirá reinando una  incertidumbre que demora inversiones. Es lo que piensa desde mucho tiempo, y buena parte de la comunidad de negocios ? local e internacional? comparte esa visión. Tal vez algunos lo utilicen como excusa porque ninguna empresa deja pasar una oportunidad por la inminencia de un proceso electoral que, afortunadamente, Argentina transita cada dos años.  Para algunos, el problema no es que haya mucho riesgo electoral sino que hay pocas posibilidades para hacer negocios.

Por otra parte,  debe definirse cómo se mide el triunfo o la derrota del Gobierno en estas elecciones.  El sello Cambiemos estará presente en 23 de los 24 distritos y en cada uno de ellos enfrentará a distintas fuerzas y el peronismo se presentará con distintas caras, sin una posición unívoca frente al Gobierno. Todo indica entonces que será la fuerza más votada y que mejorará su representación parlamentaria. ¿Cómo podría  producirse entonces una derrota que genere desconfianza entre los inversores? Eso ocurriría si Cristina Fernández gana o hace una muy buena elección. Porque la lectura de ese resultado sería que existen posibilidades de que en 2019 pueda acceder al poder una fuerza política conformada alrededor de la figura de la expresidenta.

Un discurso que apunte a polarizar y a advertir sobre los riesgos de un retroceso al pasado  si el oficialismo pierde, puede entenderse como estrategia electoral. Y está claro que en cualquier país  del mundo con un sistema presidencialista, una derrota del gobierno en las elecciones legislativas produce, inicialmente, incertidumbre.

Pero tampoco son válidas las lecturas tan lineales. Un triunfo oficialista, que es lo que ansía el mundo de los negocios, no asegura por sí solo un flujo de inversiones. Porque un éxito electoral, por la diferencia que sea, no resuelve temas sobre los que el Gobierno deberá seguir trabajando para que haya más crecimiento, como el atraso cambiario, la elevada presión impositiva y las altas tasas de interés.

Tampoco una derrota electoral implica un retorno inmediato al pasado y que el Gobierno se quede sin posibilidades de revertir la situación. Más que atribuirle consecuencias dramáticas a un eventual resultado que considere desfavorable, le convendrá leer el mensaje de las urnas en las primarias y corregir lo que deba para modificar su situación. Hay muchos ejemplos, locales e internacionales, de que eso es posible. Las elecciones son siempre importantes pero, tratándose de una renovación legislativa, conviene precisar sus alcances.

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