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“El balance es muy positivo”

EDICIÓN ESPECIAL: 65 ANIVERSARIO. Entrevista a Mario Quintana, Secretario de Coordinación Interministerial.

11-07-2016
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Cae la noche en la ciudad y Mario Quintana, tras un día duro (“nunca paro”, dice), despide a Luis Caputo, secretario de Finanzas y recibe a El Economista en su despacho de Balcarce 50. Antes de partir a Tucumán para los festejos del Bicentenario, analiza los primeros meses de Cambiemos en el poder, habla sobre su rol en el Gobierno y detalla algunos de los múltiples planes que tienen hacia adelante.

Hace unas semanas, en Colombia, el Presidente dijo que estaba “conforme” con lo que habían hecho en estos meses de gestión. ¿Comparte esta visión o hubiera deseado hacer más?

Definitivamente comparto. Quizás uno, por auto-exigencia, siempre quiere hacer un poco más, pero si piensa la herencia recibida y dónde estamos hoy, siete meses después, no me cabe duda que estamos conformes. Siempre me cuestiono hasta qué punto la sociedad tenía conciencia de cuán cerca estábamos de una crisis muy profunda.

Hay algunos analistas que dicen que el Gobierno debería haber sido más explícito en denunciar el gravoso estado en el que estaba la República cuando llegaron al poder?

El discurso que hizo el Presidente el 1° de marzo fue contundente. Allí le contó a la sociedad, en el ámbito más adecuado, que es la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, cuál era el estado del Estado. Después detalló cuáles eran nuestros planes para salir de la situación. No creo hoy que la gente dude de la situación de la administración, por decirlo suavemente, deficiente en la que recibimos el Estado. Porque se habían logrado sostener niveles de consumo a cambio de ir acumulando desequilibrios que estaban un poco escondidos debajo de la alfombra, a eso me refiero con hasta dónde había conciencia de lo cerca que estábamos de una crisis muy grande. Si uno observa la historia económica argentina de las últimas décadas, todos los desequilibrios que veníamos acumulando hablaban de una corrección de nivel de actividad, de una caída del nivel de actividad, del salario real, con aumento del desempleo como hemos tenido cada cinco, siete o diez años, depende las circunstancias. Todo el esfuerzo que hicimos en estos primeros meses estuvo centrado en evitar eso. Desde ese punto de vista creo que estamos muy conformes. Si vos pensabas en un combo donde tenías todas las restricciones al mercado cambiario con fuga de capitales, todo un sistema de comercio exterior atado con alambres, un montón de trabas de todo color, inflación con estancamiento, déficit fiscal en alza, default en los mercados financieros internacionales. Eso, como los grandes elementos del punto de vista económico. Sobre eso, la situación política: un Gobierno recién llegado al poder con minorías en ambas cámaras, con la gran mayoría de las provincias en manos de gobernadores de partidos de oposición, con gremios tradicionalmente peronistas en oposición, con movimientos sociales. El combo de construir consenso político para asegurar la gobernabilidad en momentos de márgenes muy limitados en lo económico era un combo inicial muy complejo. Lo logramos, y también gracias a que hubo una oposición responsable en el Congreso que nos permitió construir consensos y un Poder Ejecutivo que ha sido flexible y desde el diálogo ir trabajando las leyes y demás, con dirigentes gremiales que entendieron la situación a partir del diálogo, construyendo consensos y si querés, a mi juicio, un liderazgo muy determinado por parte del Presidente para recorres ese fino andarivel por el que teníamos que ir con mucha determinación. Por todo eso, sí, el balance de estos seis meses es muy positivo.

Hablemos sobre los tres grandes ejes rectores de la campaña y, ahora, de la gestión. Pobreza cero, derrotar al narcotráfico y unir a los argentinos. Ya adentro, ¿cuál es el más difícil?

No sé si corresponde hacer un ranking de dificultad. Yo creo que son tres metas que orientan toda una acción de Gobierno y una manera de hacer política. Para mí están muy correlacionados el uno con el otro. Si empiezo por unir a los argentinos, creo que el cambio de estos primeros meses ha sido muy fuerte en términos de estilo político. Si vos pensás que hemos tenido en esta casa reuniones con todos los gobernadores, con todos los líderes de la oposición, con todos los dirigentes gremiales, con los empresarios, y no meramente un desfile de fotos. Hubo reuniones de diálogo, de trabajo, de construir agendas comunes con los representantes de los partidos políticos, con intendentes. Se abrió un espacio de diálogo. La dinámica que decía antes entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo. Hay un espacio y un estilo de hacer política basada en el diálogo y en el consenso. Esto hace una diferencia grande. También, se acabaron las guerras mediáticas. Hoy hay libertad de expresión. A algunos les gustará más y a otros menos, pero es una situación dónde cualquiera tiene total libertad y con un ordenamiento de la pauta del Estado que tiene que ver mucho con la unión de los argentinos. Si vos me decís que la brecha no está cerrada, definitivamente. Creo que hay mucho por trabajar y no sólo del Gobierno sino de toda la sociedad en ese proceso de unión. Con el tema del narcotráfico, obviamente que son flagelos tremendos de larga data y que crecieron en los últimos años ostensiblemente. Pero lo dijo Marcos Peña, mi jefe, hace unos días: hoy está la certeza de que hay un Gobierno que, lejos de caer en cualquier tipo de sospecha y complicidad, tiene el objetivo y políticas claras. Con algunos hechos, algunos más mediáticos que otros, pero con acciones muy concretas en una dirección. Eso implica también un cambio de época. Hay objetivos norte que no se alcanzan en un año o dos, pero que orientan un accionar de Gobierno. El tema de pobreza cero es el que más tiempo ocupa en la agenda. Más allá de lo político e institucional, tiene dos grandes bloques. Uno es generar todas las condiciones para crear empleo en serio en Argentina y no a partir de una caída del salario real. Siempre digo que Argentina siempre ha tenido estos ciclos de crecimiento de cinco, siete o diez años, partiendo de situaciones de salario real muy deprimidos. Es interesante ver cómo arrancan esos ciclos, como el del '90-91 después de la caída del salario real del '89 o en el del 2003 después de la caída del 2001-2002. Cuando empiezan los ciclos de crecimiento y crecemos cuatro, cinco o seis años a buena tasa, que coincide generalmente con gobiernos que después ganan un segundo o tercer período porque queda ese sabor dulce de ese arranque de ciclo. Así, el menemismo duró diez años y el kirchnerismo, doce. Cuando arrancás del salario real deprimido, es fácil crecer. Nosotros, a partir de evitar esta megacrisis, tenemos el desafío de crear empleo a partir de un nivel de salario real relativamente alto en términos históricos. Eso nos impulsa a un shock de productividad y políticas de productividad. Por otro lado, la política social. No nos olvidemos que en la campaña decían que íbamos a interrumpir todos los planes sociales y no sólo no los interrumpimos sino que creamos nuevos con la ampliación de la asignación familiar, la asignación por hijo a monotributistas, la ley de jubilados que acaba de aprobar el Senado, la pensión universal a la vejez. Es decir, creando derechos de universalidad de ingresos, tal como prometió Mauricio en la campaña. Pero lo que queremos hacer es agregarle dos patas a nuestra política social, además de la política de ingresos. Una pata de calidad de vida de los sectores menos favorecidos, haciendo un gran salto cualitativo en los bienes públicos, en lo que es salud, viviendo, transporte, educación, etcétera. Y una tercera pata que es devolverle la esperanza de la movilidad social. Esto tiene que ver con educación, con capacitación para la empleabilidad y generar puestos de trabajo. Este objetivo es un norte al que no vamos a llegar en seis meses, pero hemos empezado a construir las bases en esa dirección.

Retomo una declaración reciente del ministro de Hacienda y Finanzas Públicas, Alfonso Prat Gay, ante empresarios locales. Les dijo que apuren sus procesos de inversión porque si no iban a venir los inversores de afuera e iban a copar el mercado. ¿Los sorprendió que no hubieran más anuncios de inversión o, por el contrario, están conformes?

Creo que cuando hablamos de empresarios hay una miríada de reacciones y uno cae en generalizaciones a la hora de categorizar. A mí me parece que, en términos generales, es razonable que con esa situación de arranque, que nosotros antes describíamos en los desafíos políticos y económicos, muchos querían ver cómo resolvíamos esos desafíos. Creo que en la medida que ven cómo van siendo resueltos, los hechos empiezan a mostrarse. Hoy hay muchísimos casos de empresas que están destrabando procesos de inversión. Tanto las de adentro como las de afuera que ya estaban presentes como las que están planificando llegar. Hay hechos incontrastables. Cuando uno mira una curva histórica, la correlación entre el costo del capital y el ritmo de inversión es altísima. Argentina está entrando quizás a la etapa de tasa nominal de interés en dólares más baja de su Historia. Al lograr salir del default, volver a los mercados internacionales y desde que volvimos a los mercados financieros nuestro riesgo país sigue cayendo, eso coincide en un récord internacional de tasas bajas. Entonces que hoy ya hay empresas argentinas que están financiándose en el mercado internacional por debajo del 7%, y tenemos la expectativa de que va a seguir cayendo. Eso indudablemente dispara el proceso inversor y ya lo está haciendo.

Prat-Gay dijo hace unos días que eran muy importantes las elecciones legislativas del año que viene para el proyecto político que se inició el 10 de diciembre de 2015. ¿Ya están pensando en ellas o creen que la mejor estrategia electoral es la gestión? ¿O ambas?

Coincido con que las elecciones del año que viene son un hecho político de máxima relevancia para nuestro Gobierno. Creo en la medida en que la sociedad vea los resultados de nuestro Gobierno en estos primeros dos años, no me cabe duda de que va a ser el hecho más determinante en ese proceso electoral. En lo personal, estoy totalmente abocado a asegurarlo. Muchas veces se plantea una dicotomía entre política y gestión. Hacer buena política es tomar las decisiones correctas que necesita la genta y, por otro lado, desde la gestión es resolver los problemas de la gente en el día a día. Si hacemos buena política y gestión, no me caben dudas que es el camino.

Una de las novedades que trajo Cambiemos, entre varias otras, es la cuestión del gabinete económico y la ausencia de un superministro de Economía. Varios analistas criticaron el funcionamiento pues sugieren que cada ministro atiende su parcela, “se corta sola” y no hay alguien que coordine todo. Como precisamente esa es su función en el gabinete, ¿qué balance hace de su funcionamiento?

En primer lugar, quiero aclarar que nuestra función, que compartimos en con Gustavo Lopetegui se refiere al gabinete en su conjunto. Con lo cual, más allá de que exista una mesa de gabinete económico, también tenemos otras mesas. Hay mesa de gabinete de cambio climático, que para mí es un gran desafío de la humanidad y muchas veces en Argentina no ocupa la agenda. Tenemos el gabinete de desarrollo humano. Hay ocho o nueve mesas de trabajo de coordinación interministerial. Tiene que ver con una premisa fundamental, y que el Presidente nos recuerda cada día y bajo ese mandato me convocó, en la convicción de que la complejidad y la profundidad de los desafíos en Argentina no los salva ningún iluminado, sino que es un equipo. Tenemos que trabajar en equipo dentro del Gobierno, con los otros poderes del Estado, con gobernadores e intendentes, con la sociedad toda, con los gremios, los empresarios. Este concepto creo que es una tremenda sabiduría de parte de nuestro Presidente, pero que también es un llamamiento a la sociedad. A Argentina no la salva ningún líder iluminado, ningún superministro, hay que construir juntos. Con respecto a si hay coordinación o no, hay ámbitos a diario de trabajo conjunto en distintas temáticas. Lo cual no significa que en una situación como la heredada y con la amplitud y complejidad del Estado, no significa que todos tenemos que estar de acuerdo en todo. Trabajar por unanimidad no existe en ninguna administración del mundo.

Las encuestas de opinión muestran que la imagen del Presidente, del Gobierno y la gestión se mantienen en niveles altos. Todos sabemos que ha sido un semestre complejo económicamente, y esa suele ser la variable que más correlaciona con estas encuestas. Una interpretación posible es que las expectativas se mantienen elevadas. ¿Qué interpretación hace usted?

Creo que es porque nuestra gente entiende lo que está ocurriendo. Estoy convencido de que muchas veces la clase dirigente le ha faltado afecto y reconocimiento del valor de nuestro pueblo y que, cuando uno le habla con la verdad, el pueblo te cree. El gran proceso de reconstrucción de confianza en el que estamos tiene un pilar fundamental que es la verdad. Si hay algo que nos insiste el Presidente es recuperar el valor de la palabra y que digamos la verdad. Cuando uno dice la verdad, aunque a veces sea dolorosa, la gente cree. Yo creo que este es un elemento fundamental en lo que las encuestas están evidenciando. En lo personal me emociona que la gente crea y tenga expectativas de que estamos en condiciones de resolver los problemas del país. Por un lado, emociona y, por otro lado, obliga a redoblar la responsabilidad.

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