China sale de compras: las empresas chinas avanzan sobre marcas icónicas de Occidente
Las empresas chinas ya no solo exportan productos baratos al mundo. Ahora también salen de compras. En medio de la desaceleración económica local, la deflación y una competencia feroz dentro de China, gigantes del consumo comenzaron a adquirir marcas occidentales históricas para acelerar su expansión global.
El último movimiento lo protagonizó Shein, que cerró la compra de la marca estadounidense Everlane por unos US$ 100 millones, según reveló el Financial Times. La operación se suma a otra jugada reciente de Anta Sports, que adquirió el 29% de Puma por €1.500 millones.
La tendencia no termina ahí. Nestlé también confirmó la venta de su participación mayoritaria en la cadena estadounidense Blue Bottle Coffee al fondo chino Centurium Capital, accionista controlador de Luckin Coffee.
Detrás de esta avanzada aparece un diagnóstico claro: crecer en China ya no alcanza. El consumo doméstico pierde fuerza y las empresas buscan nuevas fuentes de expansión en mercados internacionales donde todavía existe valor de marca, prestigio y acceso a consumidores premium.
"Las compañías chinas con marcas maduras buscan expandir su huella internacional en un momento en que la economía doméstica se desacelera. Comprar marcas extranjeras establecidas es mucho más rápido y efectivo que construirlas desde cero", explicó Armand Meyer, analista de Rhodium Group.
Los números muestran la magnitud del fenómeno. Solo en el primer trimestre del año hubo US$ 2.400 millones en operaciones de compra de empresas de consumo fuera de China, concentradas principalmente en Europa y Norteamérica. En todo 2025, el monto había alcanzado US$ 6.800 millones, el mayor nivel desde 2018.
China quiere marcas globales
El caso de Anta refleja la estrategia más agresiva. Además de Puma, la compañía ya había comprado Amer Sports —dueña de Hoka, Salomon y Arc'teryx— y también controla la marca Fila en China continental.
La lógica es simple: utilizar el músculo industrial chino, las cadenas de suministro y el capital disponible para quedarse con marcas occidentales que todavía conservan prestigio global.
Mientras tanto, otras compañías chinas también avanzan sobre mercados internacionales. Desde cadenas de bubble tea hasta marcas de moda rápida y automotrices eléctricas, el objetivo es transformar empresas nacidas en China en jugadores globales.
La expansión ocurre además en un contexto geopolítico complejo. Aunque las tensiones entre Washington y Beijing siguen elevadas, el sector consumo todavía aparece como uno de los pocos espacios relativamente abiertos a la inversión china en Occidente.
Sin embargo, también crecen las alarmas regulatorias. Europa ya investiga a Shein por la venta de productos ilegales y peligrosos en su marketplace, mientras otras adquisiciones chinas enfrentan revisiones de seguridad y competencia.
Aun así, la ola parece recién empezar. "China está creando monstruos globales", resumió Josh Perlman, ejecutivo de Authentic Brands Group. "No solo en indumentaria: puede ser autos, bubble tea o cualquier otro negocio de consumo". Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar