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Las paradojas, las señales y los riesgos del Brexit

El temor al Brexit, de parte de la UE y del resto del mundo, se debe a que es una señal de descomposición que está poniendo en evidencia que la UE, tal como está, dejó de ser un proyecto político que ofrezca un futuro a los ciudadanos europeos. Hoy votan los británicos.

23-06-2016
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por Federico I. Poli (*)

Hoy, los británicos deciden si permanecen en la UE (Brex-in) o si la dejan (Brexit). Como en tantos otros casos, y el planteo de los independentistas de Cataluña respecto de España es el más cercano, los que postulan “saltar al vacío” esgrimen un conjunto de argumentos poco consistentes entre sí, contradictorios, habiendo tantos “menúes a la carta” como organizaciones políticas que sostienen la posición.

Paradojas británicas

De ganar el Brexit los escenarios futuros son hipótesis poco definidas y la hoja de ruta dependerá de cómo se encaren las negociaciones entre Gran Bretaña y los futuros ex socios de la UE, en particular como quedan los términos de su relación comercial y la libertad de circulación de personas.

En teoría, los partidarios del Brexit quieren salirse de la UE para despojarse de las ataduras de Bruselas (sede de la Comisión Europea) y tener un comercio más libre con el resto del mundo pero, en la práctica, pudiera suceder lo contrario. Esto podría ser así porque hoy el comercio en el mundo se regula por acuerdos bilaterales de libre comercio y salirse de la UE implicaría no sólo dejar de tener acceso libre al mercado ampliado europeo, al que se dirige casi la mitad de sus exportaciones, sino también desprenderse de los doce acuerdos de cooperación y comercio de la UE y, también, del TTIP (Trans Atlantic Trade and Investment Partnership) en curso con Estados Unidos, que implica unificar normas y estándares en los dos más grandes mercados de consumo del mundo.

No es esperable que, si se salen de la UE, el problema del acceso al mercado europeo se resuelva con un simple acuerdo de libre comercio. La alternativa sería que vuelvan a existir aranceles entre Gran Bretaña y el resto en el marco de la OMC. La posibilidad de mantener libre acceso al mercado europeo como tienen países no miembros como Noruega y Suiza, a través del Acuerdo de la Asociación Europea de Libre Comercio, no la exceptuaría de cumplir la mayoría de las reglas de la UE y aportar al presupuesto como lo hacen estos países. No parecería ser muy diferente a su status actual.

Un freno a la inmigración y a los refugiados frente a la mayor crisis migratoria europea desde la Segunda Guerra Mundial es otro de los temas que levantan los partidarios del Brexit. Es extraño tanto ruido por este tema, cuando Gran Bretaña se mantiene, junto con Irlanda, exceptuado del Acuerdo Schengen, que implicó la supresión de los controles fronterizos y un visado común a partir de 1999, además de mantener excepciones a las políticas de asilo e inmigración comunitarias. Estas situaciones de excepcionalidad a los acuerdos de la UE le permite tener mayores resguardos que el resto de los socios europeos frente al desborde de esta situación.

Los riesgos Gran Bretaña tiene, y siempre tuvo, por varios motivos un status especial dentro de la UE. En primer lugar, siempre fue reticente al proceso de integración europeo. De hecho cuando se crea la Comunidad Económica Europea (CEE) en 1957, no participa y, en 1960, impulsa un bloque comercial alternativo, el Acuerdo de Libre Comercio Europeo (ALCE): Austria, Dinamarca, Noruega, Portugal, Suecia y Suiza. En 1961 entró Finlandia y en 1970 Islandia. En 1973, sale del ALCE e ingresa a la CEE.

En segundo lugar, Gran Bretaña es distinta que el resto porque tiene acceso al mercado ampliado en iguales condiciones que el resto de los socios pero, además de las excepciones mencionadas en materia de inmigración comunitaria, mantuvo el privilegio de preservar su moneda y el manejo del tipo de cambio. Si se quiere se trata de un arreglo institucional que le permitió mantener una pata dentro de la UE y otra afuera que, visto por algunos críticos de la implantación de la moneda común, es la mejor posible. Por este motivo, no se entiende que sea en Gran Bretaña, la que tiene el acuerdo más flexible, dónde surja esta posición de ruptura y no en algunos de los países con plena integración. Pero, por este mismo motivo, su salida no debería tener un impacto tan profundo como el que tendría la de cualquier otro de los grandes socios de pleno derecho porque nunca en su historia estuvo “completamente” adentro de la UE.

Claramente, tampoco el riesgo del Brexit es comparable con el de Grexit: la salida de Grecia del euro con que periódicamente la situación griega amenaza a la moneda común. Si Grecia algún día terminara en Grexit, podría convertirse en ilusorio el principio en que se asienta la unión monetaria que sostiene que el euro es un camino de ida. Este escenario tendría fuerte impacto sobre la confianza en la moneda única y el proceso de integración. La reintroducción del dracma con quitas a todos los depósitos del sistema financiero constituiría para Europa un daño perdurable de grandes dimensiones. Además, en este caso, el temor es cómo evitar en Europa el contagio, si Grecia con default y dracmatización, luego de una caída inicial, finalmente, empezará a crecer. Y a tasas elevadas. Porque las devaluaciones y reducciones de deuda generan efectos impensados sobre las economías recesivas y deflacionarias.

Mi conclusión es que el temor al Brexit, de parte de la UE y del resto del mundo, se debe a que es una señal de descomposición que está poniendo en evidencia que la UE, tal como está, dejó de ser un proyecto político que ofrezca un futuro a los ciudadanos europeos. La brecha entre Norte acreedor y Sur deudor, el bajo crecimiento y alto desempleo que, con sus más y sus menos, incluye a todos sus integrantes y, consecuentemente, las expectativas disminuidas de la población, en particular, los jóvenes, determina la crisis de los partidos tradicionales y la aparición de alternativas populistas como las que sostienen al Brexit.

(*) Asesor Económico del Consejo Iberoamericano de Productividad y Competitividad.

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