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La economía entró en la campaña de EE.UU.

01-07-2016
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Hillary Clinton y Donald Trump están ajustando sus estrategias pensando en las convenciones partidarias de julio que serán la antesala de la parte más álgida de la campaña electoral que empieza en septiembre. Hoy todas las encuestas favorecen a Hillary pero por una diferencia en promedio de 6 puntos. Los triunfos arrolladores, en los cuales un candidato se acercaba al 60% de los votos, pertenecen al pasado. Fueron los casos de Lyndon Johnson en 1964, Richard Nixon en 1972 y Ronald Reagan en 1984.

Hoy la sociedad está más polarizada y los partidos tienen un sesgo ideológico más definido por lo cual se les hace cada vez más difícil a los candidatos convencer a quienes no pertenecen a su propia fuerza. Por otra parte, las divisiones culturales son más rígidas que las económicas por cuanto persisten más allá de los cambios en los ingresos de una persona. Por eso se estima, que el resultado de noviembre será favorable a Hillary pero por un margen no demasiado amplio.

Por ese motivo, Trump busca asegurarse el voto de la estructura republicana en la cual tiene resistencias pero que lo prefiere antes que a Hillary. En los próximos días se reunirá con los senadores de su partido tratando de acortar distancias. A su vez, crecen las versiones de que el gobernador de Nueva Jersey Chris Christie puede su compañero de fórmula o, en cualquier caso, tener un papel importante en su eventual gobierno. Y Christie no es un outsider de la política y es un republicano de paladar negro que sería incuestionable para la dirigencia partidaria. Tampoco puede ser acusado de oportunista porque decidió apoyar a Trump no bien declinó su propia candidatura.

Los temas

La agenda económica va tomando protagonismo en la campaña electoral y queda claro que los candidatos tienen visiones antagónicas sobre casi todos los temas. Es un avance porque evita reducir la confrontación a las cuestiones personales. Hillary defiende los acuerdos comerciales aunque quisiera negociar el TPP de otra manera. Trump, por el contrario, los cuestiona y pretende revisarlos. Quiere, además, establecerles sanciones comerciales a China y México y fijar aranceles altos para las importaciones de esos países. Si bien ese tipo de acciones no se pueden tomar sin el aval del Congreso que no acompañaría a Trump en ese caso, hay medidas de menor importancia que sí puede tomar el Presidente. Para Trump, ese tipo de medidas serviría para proteger el empleo de los estadounidenses que es un tema muy sensible en los electoralmente decisivos estados industriales del país. Pero sus críticos ?entre ellos los economistas Moody´s? afirman que tendría un efecto inflacionario que pagarían los consumidores.

La cuestión impositiva también los divide. Mientras que Trump quiere recortar impuestos en línea con las propuestas tradicionales de los republicanos mientras que Hillary no quiere hacer recortes en el caso de las corporaciones y alivianar a la clase media.

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