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Final abierto en una elección controvertida

06-06-2016
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por  Julio Burdman (Analista internacional)

Al cierre de esta edición, resultaba imposible establecer quién ganó la segunda vuelta electoral en Perú. Los resultados venían reñidos y los dos candidatos en pugna, Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski, o PPK como se lo conoce, iban a esperar la finalización del escrutinio para pronunciarse en forma definitiva. Las encuestas en boca de urna daban cuenta del empate técnico: la de IPSOS anunciaba 50,5% para PPK y 49,5% para Keiko, la hija del ex presidente de la década del '90, y la de CPI lo mismo, pero invertido.

Esta segunda vuelta, al igual que la primera, fue controvertida. Pero por motivos diferentes. En la elección general, la controversia giró alrededor de la descalificación por tecnicismos de dos importantes candidatos, Julio Guzmán y César Acuña, por parte del Jurado Nacional Electoral. Esta virtual proscripción fue duramente criticada por la comunidad regional, incluido el secretario general de la OEA Luis Almagro, y un politólogo reconocido como Steve Levitsky sostuvo que se trataba de una elección “semidemocrática”. En cambio, la segunda vuelta se realizó en condiciones de absoluta normalidad, con preinformes favorables de los observadores electorales, pero se vio caracterizada por un crudo antifujimorismo. PPK, de 77 años, se presentó como la opción para preservar la democracia y evitar que el Gobierno “caiga en manos del narcotráfico”. La discusión programática quedó relegada a un difuso segundo plano.

Kuczynski se convirtió, como Jacques Chirac en la segunda vuelta contra Jean-Marie Le Pen en 2002, en el candidato de todo el arco político y de los poderes fácticos, incluidas las embajadas en Lima. Por un lado, fue clave el giro de la candidata que salió tercera en las elecciones generales, Verónika Mendoza. La parlamentaria progresista, proveniente de las filas del extinto oficialismo y quien había sido una fuerte antagonista de PPK en la primera parte de la campaña, llamó reiteradamente a votar por PPK “para cerrarle el paso al fujimorismo”. Y sus partidarios se movilizaron por esa opción en todo el sur del país, donde habían quedado primeros en las generales. Este apoyo de la izquierda resultó determinante para el crecimiento de PPK, que había logrado sólo el 21% de los votos. De producirse, Mendoza quedará como artífice de la victoria, y en árbitro de la gobernabilidad peruana, aunque anticipó que no integraría el Gobierno.

También se llamaron abiertamente a votar por PPK el candidato fallido Julio Guzmán, los partidos Acción Popular y APRA (no así Alan García, quien se llamó a silencio), y personalidades que supieron juntar votos en algún momento, como Alejandro Toledo o Mario Vargas Llosa. Todas las cadenas internacionales de noticias, desde CNN hasta Telesur, cubrieron la campaña con preferencia expresa por PPK. Es, también, el elegido por los mercados. Y las últimas semanas estuvieron signadas por la aparente filtración, luego desmentida, de una investigación de la DEA según la cual la campaña de Keiko había sido financiada por narcotraficantes. Hasta Elisa Carrió, de regreso de Estados Unidos, hizo alguna declaración en ese sentido. Pero hay una diferencia entre Keiko 2016 y Le Pen 2002: a diferencia del ultranacionalista francés, la demonizada hija del “Chino” tiene muchos votos, partiendo del 40% obtenido en primera vuelta, y la mayoría de las bancas. Si gana PPK, tendrá enfrenta una bancada de 73 curules fujimoristas sobre el total de 130 que componen el Congreso. Y, de acuerdo a los politólogos, es la única que tiene el respaldo de lo más parecido a un partido político nacional del Perú actual, que es el fujimorismo co-liderado por su padre desde la cárcel. Los mercados no eligieron por la gobernabilidad.

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