Fin de ciclo para la negligencia fiscal en Brasil

Dilma podría dejar el cargo este miércoles y Temer posiblemente ponga en claro el problema presupuestario que enfrenta el país.

09-05-2016
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La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, previsiblemente dejará el cargo este miércoles y con ella concluirá la negación de las dificultades fiscales que paralizaron a la economía de Brasil, golpeada al mismo tiempo por un megaescándalo de corrupción. El actual vicepresidente Michel Temer posiblemente pondrá en claro el problema presupuestario que enfrenta el país, lo que sería un paso importante para recuperar el rumbo perdido.Dilma automáticamente quedará suspendida en caso de que el pleno del Senado, según se espera, vote a favor del inicio del juicio político contra ella por desmanejos de las cuentas públicas antes de las elecciones del 2014. Asumiría Temer, quien nombraría como ministro de Hacienda a Henrique Meirelles, un ex presidente del Banco Central de Brasil (BCB) durante el gobierno de Luiz Inacio “Lula” da Silva que es bien visto por los inversores.

“Temer probablemente anunciará su equipo directamente después de la votación e implementará un plan económico ortodoxo”, dijo un informe de Bank of America Merrill Lynch. “En cualquier caso, no prevemos que la economía se estabilice hasta el cuarto trimestre de este año, aunque la recuperación podría ser más rápida el próximo año”, resumió el banco estadounidense.

El Senado tendrá ciento ochenta días para realizar el juicio político, que Rousseff perdería si 54 legisladores de la Cámara Alta ?dos tercios del total? votan en contra de ella. Esto llevaría a que se confirme a Temer en la Presidencia para completar el mandato de Dilma, que termina el 31 de diciembre de 2018. Técnicamente sería la primera vez que un presidente brasileño es impugnado, aunque Fernando Collor de Mello fue apartado en un episodio similar en 1992 por cargos de corrupción.

En medio de la inoperancia política y la convulsión del caso Lava Jato por la red de coimas en torno a Petrobras, la economía brasileña se fue hundiendo de a poco en los últimos años, contra las expectativas de que resurgiría como una estrella después del colapso financiero global de 2008-2009. El cuadro macro es serio y de continuar así, Brasil, una potencia económica mundial, quedaría al borde de una situación crítica.

La actividad entró en una espiral descendente desde el estallido del Lava Jato, que hirió de gravedad a Petrobras y las grandes contratistas de infraestructura, llevándolas a reducir sus inversiones. Mientras, el real y la inflación entraban en una retroalimentación viciosa, ocasionada por el efecto internacional del ajuste monetario de Estados Unidos y por el derrumbe de la confianza económica ante la negligencia presupuestaria del Gobierno petista.

“Parte de esto está relacionado con el aumento del costo del servicio de la deuda, causado por pérdidas en el programa de swaps cambiarios del banco central y un incremento más general en los rendimientos de los bonos. Sin embargo, también hubo un brusco aumento del gasto primario (...) en un horizonte largo, el gran problema fue una suba de los costos de pensiones y la cuenta de los salarios de los empleados públicos. Ambos se triplicaron en la última década”, reseña Capital Economics.

El BCB, conducido por Alexande Tombini, tuvo que convertirse en el guardián de la estabilidad, al costo de unas tasas elevadas que contribuyeron a frenar la economía. Además, Rousseff se apoyó en el aumento de la deuda pública, un camino que dejó de ser viable cuando entró en una trayectoria creciente que la puso en camino al 80% del PIB, el máximo en la serie de datos del FMI para Brasil.

Las calificadoras de crédito le sacaron al país el codiciado grado de inversión el año pasado, al tiempo que la economía se contraía cada vez más. Para 2016 se espera una retracción de 3,8%, como la de 2015, con una inflación cercana al 10% acompañada de una suba de la desocupación, que este año llegaría al 9%. Este cóctel llevó a que la gente saliera a las calles y el sistema político -también involucrado en el Lava Jato y las “pedaladas” fiscales del Gobierno- terminó sumándose al “Fora Dilma”.

En una entrevista con TV Globo, Temer dijo la semana pasada: “Hoy el tema central es la economía y yo estoy examinando, estudiando el tema, contando con la colaboración de muchos economistas, entre los cuales se encuentra Henrique Meirelles. Desde el inicio pretendo presentar algo que sea aceptable y útil para el país, generando alguna expectativa”, agregó.

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