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España: entre las prioridades del vecindario, el agua y la memoria
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España: entre las prioridades del vecindario, el agua y la memoria

Actualmente, "sin quitar los pies del plato" la participación internacional española, tanto en el terreno militar, como en el diplomático, orbita alrededor del propio territorio español

Luis Domenianni 14 mayo de 2023

La política exterior de España es Iberoamérica. Es la Unión Europea. Es Francia, es Portugal y es Marruecos. ¿Cuánto es propio de cada uno de ellos? Pues inversamente proporcional al orden arbitrario con el que fueron dispuestas esas afirmaciones.

La España aislada de la época del dictador de extrema derecha Francisco Franco tras las derrotas de Italia y de Alemania al finalizar la Segunda Guerra Mundial debió jurar lealtad a Estados Unidos ya en la Guerra Fría contra la Unión Soviética y el comunismo.

Una lealtad del fascismo español con la democracia norteamericana contra natura que recién comenzó a madurar positivamente con el advenimiento democrático de la mano del por entonces presidente del gobierno, el ya fallecido Adolfo Suárez.

El posterior gobierno socialista de Felipe González intentó operar simultáneamente en todos los frentes. Con las recuperadas democracias hispanoamericanas, con la Unión Europea de la que pasó a formar parte, sin necesariamente descuidar la relación con Estados Unidos.

Una relación que se ahondó cuando al gobierno español arribó la derecha democrática de la mano del presidente José María Aznar, quien no dudó en hacer participar militarmente al país en la invasión a Irak al lado de las fuerzas estadounidenses.

Actualmente, "sin quitar los pies del plato" la participación internacional española, tanto en el terreno militar, como en el diplomático, orbita alrededor del propio territorio español. Es decir, de sus dos vecinos terrestres, Francia y Portugal, y de su vecino marítimo, Marruecos.

Sin ser una barrera, los Pirineos demarcan la puesta en valor de la Península Ibérica como un todo, algo que, más allá de lo geográfico, nunca fue a lo largo de la historia. Ni siquiera cuando los fascismos de Francisco Franco y de Antonio Oliveira de Salazar gobernaban durante décadas al entones Estado Español y el Estado Novo portugués. Cada uno, aislado del otro.

Completamente distinta es la situación actualmente. Existe una mancomunidad de acciones y de pareceres que posibilitó a ambos países un reconocimiento de la "excepción ibérica" por parte de la Unión Europea en el caso de las tarifas de luz y de gas. Reconocimiento que les permitió desacoplarlas y reducir así sensiblemente el precio de la electricidad.

En el otoño de 2022, negociaron en conjunto la construcción de una nueva infraestructura -el H2Med- capaz de transportar hidrógeno verde entre la península y Francia. La firma de convenios entre ambos países está a la orden del día. Educación, formación profesional, infraestructuras o cultura son algunos de los dominios en los que se ponen de acuerdo.

La simbología también concurre a los efectos de ponderar la vinculación entre ambos. La última cumbre, que se llevó a cabo en Lanzarote, Islas Canarias, tuvo por lema "España y Portugal: la Europa en el Atlántico".

Visualizaban no los países situados del otro lado del Océano, sino a los archipiélagos que forman parte de ambos Estados: Islas Canarias para España e Islas Azores y Madeira para Portugal.

Precisamente, en Lanzarote, vivió el portugués premio Nobel de Literatura, José Saramago, promotor de la idea de una "confederación ibérica", hoy retomada sin ambages por el alcalde de Oporto, Rui Moreira, quien habla del "Iberolux" parafraseando al "Benelux", unión aduanera que desde 1948 conforman Bélgica, Países Bajos -Nederland- y Luxemburgo.

Facilita las cosas, el que ambos gobiernos provengan del mismo signo político, Partido Socialista Obrero Español y Partido Socialista portugués, personificados en el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, y en el primer ministro portugués António Costa.

África

La presencia activa de España en la alianza peninsular trae aparejada una relación especial con el Reino de Marruecos, frontera marítima de proximidad superado el escollo del minúsculo territorio británico de Gibraltar. Prueba de ellos es la voluntad puesta de manifiesto -por ahora solo eso- de presentar una candidatura tripartita para el Mundial de Fútbol del 2030.

La opción española de preferencia por Marruecos trajo aparejados no pocos dolores de cabeza para los gobiernos españoles. Con presencia oficial desde 1912 tras el "tradicional" acuerdo imperialista entre España y Francia, el reparto determinó la posesión española de la franja costera marroquí sobre el Mediterráneo y de otra franja en el extremo sur.

Ese "Marruecos español" dejó de ser protectorado cuando, en 1958 dichos territorios quedaron unidos al Reino marroquí, ya independiente de Francia desde 1956.

Ambos países -España y Portugal- cuentan con presencia en Marruecos desde las épocas de los grandes viajes de los siglos XV y XVI. Por aquella época, no ocupaban territorios, sino que se establecían -y gobernaban- las denominadas plazas fuertes. A la fecha dos de esas plazas fuertes aún permanecen bajo soberanía española: las ciudades de Ceuta y de Melilla.

Cabe recordar que fue desde la guarnición de Marruecos donde arrancó el intento de golpe de Estado, bajo el comando del general Francisco Franco, que dio origen a la guerra civil que duró entre 1936 y 1939.

Lo cierto es que, para llevarse bien con España, Marruecos no reclama la soberanía sobre Ceuta y sobre Melilla. En principio, parece satisfactorio para España y no para Marruecos. No es así. Al menos, no lo es totalmente. Con las dos ciudades, España "compra" un conflicto de proporciones con los migrantes, marroquíes o subsaharianos, que quieren llegar a Europa.

Es común ver intentos aislados y hasta masivos de cruce de las fronteras de Ceuta y de Melilla con Marruecos. La guardia fronteriza marroquí reprime con violencia, pero así y todo no son pocos los migrantes que logran pasar. En síntesis, junto a las embarcaciones denominadas "pateras", ambas ciudades son una puerta de entrada a la Unión Europea.

No está dicho oficialmente, pero para mantener Ceuta y Melilla bajo su soberanía, el Reino de España permitió y aceptó la anexión por parte de Marruecos de su ex colonia del Sahara Occidental que nunca fue marroquí y donde su población originaria -étnicamente bereber- pretende la independencia como República Saharaui.

Como quién se lava las manos, España se fue y no descolonizó. Su ex colonia, particularmente rica en recursos mineros -fosfatos, empleados para los fertilizantes agrícolas-  cambió de ocupante, no obstante estar inscripta entre los 16 que conforman la lista de las Naciones Unidas, aún pendientes de descolonización.

No sin incidentes, la relación España-Marruecos "progresa". Pese a las características autoritarias del gobierno marroquí, objetadas desde la Unión Europea y pese al espionaje de Marruecos sobre legisladores españoles. Al decir del propio presidente Pedro Sánchez debe prevalecer la "importancia estratégica" de Marruecos.

Resultado: disputa con Argelia, principal aliado y proveedor de armas del Polisario, el partido político y militar del independentismo saharaui, disputa con la Unión Africana que reconoce a la República Saharaui como un estado miembro de pleno derecho y ceño fruncido de la Unión Europea.

Francia y la energía

Los Pirineos nunca son una barrera. A excepción de cuando de transporte de gas se trata. Antes de la penuria producida por la invasión rusa sobre Ucrania y las sanciones dispuestas por los países de la Unión Europea, nadie prestaba demasiada atención a la cuestión. Había gas de sobra para las próximas décadas.

Pero, todo cambió. Y entonces se trató de desempolvar viejos proyectos abandonados en función de la abundancia y de una relación costo-beneficio negativa. Fue el caso del proyecto MidCat, una tubería que debía unir Barcelona, en Cataluña, con Carcassonne, en la Occitania francesa.

Ideado en 2000, comenzado a construir en 2010 y abandonado en 2011, solo un corto tramo en tierra catalana quedó terminado. Desde entonces cayó en el olvido hasta que las sanciones a Rusia reflotaron el proyecto.

El conflicto que opone Argelia con Marruecos determinó un menor abastecimiento de gas argelino a Europa, vía España, al quedar sin operación -por decisión argelina- el gasoducto Maghreb-Europa que atraviesa el reino marroquí. Sí funciona el Medgaz, una tubería que une directamente Argelia con España.

Pues bien, el aumento del precio del gas que produjeron las sanciones a Rusia, llevaron tanto a Argelia como a España a exportar mayores volúmenes a Europa. Pero chocaron con la resistencia de Francia que considera el proyecto como complejo en razón de una eventual necesidad de ampliación de su propia red para absorber mayor cantidad de fluido.

Resultado: conflicto. Los franceses hablan de otras urgencias y los españoles del egoísmo francés. Y es que España se queja no solo del bloqueo de este reciclado proyecto sino de la falta de interconexión eléctrica bastante inferior a la estipulada por la Unión Europea para sus países miembros como recomendable.

El tema energético es, hoy por hoy, una prioridad a considerar en casi todo el mundo. Y no se trata solo de abastecimiento. Se trata de reemplazo de energías no renovables por energías renovables. De energías contaminantes por energías limpias.

En tal sentido, España intenta situarse a la cabeza en esto de contar con energía, pero, a la vez, desacelerar un cambio climático que conduce a un calentamiento global, cuyas consecuencias son por demás evidentes en la propia España, con una región de Andalucía donde se registran temperaturas de hasta 38 grados centígrados en el mes primaveral de abril.

La situación es tan grave que fue organizada una procesión católica -no se llevaba a cabo desde 1949- para rogar por agua o que 26 agricultores resultaron detenidos por "robar agua" para abastecer a sus plantaciones de paltos y mangos. Ante tal panorama, la hidroelectricidad, tan ponderada una década atrás, parece quedar superada por la posible escasez.

Del lado gubernamental, un desbloqueo presupuestario de 2.200 millones de euros fue decidido para hacer frente a la emergencia hídrica. Se trata de ayudas para agricultores y ganaderos, de construcción de plantas de desalinización y de refuerzo de reciclado de aguas usadas.

España decidió en consecuencia, con cierta antelación frente a otros países, apostar por el hidrógeno verde como fuente energética. Es que el gobierno, junto al cierre de las centrales térmicas a carbón y la decisión de no prolongar la vida de las centrales nucleares, se embarcó en la producción de hidrógeno verde desde la central de Puertollano, en Castilla la Nueva.

Particularmente curiosa la historia de esa pequeña ciudad, localizada entre Madrid y Servilla en la tierra manchega de los molinos de viento de Don Quijote. Y es que Puertollano durante un siglo, hasta 1975, explotaba las minas de hulla que dieron origen a su conversión en ciudad industrial. Luego, la dictadura franquista decidió su conversión a polo petroquímico.

Una apuesta al futuro, porque en la actualidad el costo de la electricidad producida a partir del hidrógeno verde es entre dos y tres veces superior al de su similar coloreado de gris. El verde tiene como origen el agua y el gris el gas. Claro que el gas, no solo se acabará más adelante, sino que, además, la Rusia de Putin mediante, es usado como arma política.

Historia insuperable

¿Qué hacer con la historia? Y, sobre todo, ¿qué hacer con sus símbolos? Son interrogantes que planteados en casi todo el mundo. Que no son resueltos de la misma manera según los países de que se trate. Memoria para un lado o para otro dividen con mayor o menor intensidad a las sociedades. En muchos casos, con exigencias de reparaciones mediante.

Imperialismos colonizadores, esclavitud, genocidios, guerras, yihad -a veces mezclados- son algunos de esos ítems que no se borran fácilmente del recuerdo de las sociedades. De manera más activa o más pasiva, están ahí. Y cuando parecen reducir su presencia, resurgen. Como reafirmación o como contestación.

En el caso de España, es la Guerra Civil Española el acontecimiento que suele estar omnipresente 84 años después de finalizada. En parte porque aún viven algunos -muy pocos- republicanos, en particular, que no solo no olvidan, sino que impiden -militancia mediante- el olvido. 

Es el caso de Nicolás Sánchez-Albornoz, 97 años, quién no detiene su militancia para la transformación del Valle de los Caídos, complejo religioso mandado a construir por el dictador Francisco Franco, en la década de 1940, mediante el empleo de prisioneros políticos para el trabajo forzado.

Sánchez-Albornoz fue uno de esos prisioneros. Su fama creció exponencialmente cuando logró fugarse de la construcción, atravesar media España -el Valle de los Caídos queda próximo a Madrid- cruzar los Pirineos y refugiarse en Francia, de donde viajó a la Argentina, residió quince años y huyó a los Estados Unidos tras el golpe militar de 1966.

Su padre, Claudio Sánchez-Albornoz fue presidente de la República Española en el exilio. Nicolás retornó a España en 1975, tras la muerte del dictador Franco. Desde entonces brega por la transformación del Valle de los Caídos en un complejo de la democracia.

El gobierno del presidente Pedro Sánchez coincide con la línea de pensamiento de Sánchez-Albornoz. De una manera u otra, pretende quitar "raigambre oficial" a las manifestaciones y a los recuerdos del período fascista.

Así, mediante la Ley de Memoria Democrática, votada con el apoyo de la izquierda y el rechazo de la derecha, en octubre de 2022, resulta posible eliminar cualquier símbolo franquista vigente. En Sevilla, por ejemplo, fueron removidos de la Basílica de la Macarena, los restos del general golpista y particularmente represor Gonzalo Queipo de Llano, en noviembre de 2022.

También los restos de quien fuera fundador de la Falange -el partido fascista español- José Antonio Primo de Rivera fueron retirados del Valle de los Caídos el 24 de abril de 2023, para ser depositados en un cementerio madrileño. Los despojos de Franco ya habían sido trasladados en 2019.

Muchos ciudadanos españoles se interrogan sobre la necesidad de reabrir viejas heridas. Otros, reivindican lo justo de la ley y sus consecuencias. Algunos, reclaman ruidosamente contra la decisión, particularmente quienes se identifican con el franquismo.

Nadie nunca sabe qué hacer, de manera imparcial, con la memoria. Sencillamente porque la memoria no es imparcial. Siempre tiene un cariz político.

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