El resurgimiento del nacionalismo

Uno de los mayores cambios que se observan en el escenario internacional es la reaparición del nacionalismo como movimiento social y político de suma importancia

12-06-2017
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Por Francisco de Santibañes Autor de “La Argentina y el mundo”

Uno de los mayores cambios que se observan en el escenario internacional es la reaparición del nacionalismo como movimiento social y político de suma  importancia. ¿Qué está ocurriendo?

Los hechos que mayor atención despertaron el año pasado en Occidente fueron el triunfo del Brexit y la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. El apoyo popular que alcanzaron posturas como la oposición a las elites gobernantes y a la inmigración shockeó a propios y extraños. Pero estas elecciones no deben ser analizadas de manera aislada, sino como parte de un cambio de tendencia en la opinión mundial.

Quizás el ejemplo más claro de ello sea el de Vladimir Putin. Si bien el presidente ruso inició su mandato con una agenda moderadamente modernizadora, a partir  del 2003 comenzó a adoptar posturas más conservadoras, ligadas principalmente a la tradición eslava y a la Iglesia Ortodoxa. Buscó, por otra parte, reafirmar la independencia de Rusia y restablecer la que históricamente había sido su esfera de influencia.

Luego, otros líderes seguirían sus pasos. Recep Erdo?an dejó atrás sus políticas de tono liberal para dedicarse a desmantelar el Estado secular que Ataturk había establecido en Turquía a partir de 1920. Promovería, por el contrario, su propia versión del nacionalismo islámico.

Rarendra Modi, electo primer ministro de la India en el  2014, llevó asimismo la agenda del partido nacionalista indio y el descontento con las élites liberales al poder.

Un caso particular es el de China, ya que aquí fue la misma élite la que supo adaptarse a los cambios de humor social. El Partido Comunista de Chia (PCCh) no sólo dejo de priorizar el discurso marxista como mito unificador de la nación, al adoptar al nacionalismo como principal bandera, sino que bajo el liderazgo de Xi Jinping llevó adelante una serie de investigaciones contra los dirigentes del pasado ?muchos de los cuales serían condenados por corrupción?.

La rama del nacionalismo que he descripto aquí puede denominarse conservadurismo popular. Ya que si bien sus seguidores se oponen a las élites gobernantes, también defienden una agenda que, en términos de valores y del rol que el sector privado debe jugar en la economía, es conservadora.

El conservadurismo popular parecería ser en efecto un fenómeno más cultural e identitario que económico. Esto explicaría porque el conservadurismo popular se ha dado tanto en los países que han atravesado profundas crisis económicas ?Estados Unidos y Gran Bretaña? como en los que han experimentado un fuerte crecimiento económico ?la India y China?.

En términos de su política exterior, el conservadurismo popular dista de ser revolucionario. Sus líderes parecen valorar los equilibrios de poder, la estabilidad del sistema internacional y no buscan imponer ideas o formas de gobierno en el exterior. Retoman, así, los principios realistas.

Como lo notaron Charles de Gaulle y Henry Kissinger, un sistema internacional en el que los Estados tienen una fuerte identidad nacional puede ser, en la medida en que busquen su interés nacional, más benigno que uno en que los gobiernos quieren exportar sus ideologías. Los primeros tienden efectivamente a ser más previsibles en su accionar que los segundos y, al serlo, disminuyen los niveles de incertidumbre y los conflictos que suelen acompañarlos.

Sería un error identificar a esta clase de nacionalismo con el populismo. Si definimos al populismo como la tendencia a ofrecer beneficios a la población en el corto plazo en detrimento de sus intereses en el largo, veremos que la mayoría de los gobiernos que hemos mencionado aquí no cumplen con esta definición.

Por ejemplo, si bien uno puede oponerse a la manera en que ejecutó sus políticas, no puede decirse que Moscú haya actuado de manera populista al intentar preservar su influencia en Europa del Este. Por otra parte, la conformación de su fondo soberano, que busca acumular recursos en tiempos de crecimiento económico para luego utilizarlos en los momentos de crisis, dista de ser una medida populista.

¿Qué implicancias tiene el resurgimiento del nacionalismo para Argentina?

En primer lugar, Argentina no debe caer en la tentación de ideologizar su política exterior. Nuestro país necesita mantener relaciones constructivas con la mayor cantidad de Estados posible. Esto no sólo nos permitirá comerciar sino atraer asimismo las inversiones y las tecnologías que tanto necesitamos. Para que esto sea posible habrá que preservar un status quo internacional que, como sucede con el actual, nos favorece. Y dado que los gobiernos conservadores populistas no parecen amenazarlo, no deben ser vistos como rivales.

El nacionalismo, sin embargo, trae consigo una serie de amenazas. La mayor quizás sea el debilitamiento del sistema multilateralista. Si el Estados Unidos de Trump sigue los pasos de China y comienza a negociar de manera bilateral, los países medios como el nuestro, que no cuentan con su mismo poder de negociación, se verán perjudicados. Resulta entonces importante que el sentimiento nacionalista no derive en posturas proteccionistas o aislacionistas.

En segundo término, el resurgimiento de los nacionalismos europeos puede poner en peligro la existencia de la Unión Europea. El fin de esta asociación, al revertir el proceso de globalización y generar mayor incertidumbre en el sistema internacional, amenazaría el orden mundial.

Lejos de desaparecer, las ideologías ?y en especial el nacionalismo? continúan jugando un rol central en la evolución del sistema internacional y de los Estados que lo componen. Es tiempo entonces que comencemos a pensar y actuar en base a la realidad que nos toca vivir.

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