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El próximo presidente de EE.UU. y América Latina

La región alternó entre la importancia y la irrelevancia para Washington pero es probable que quien suceda a Obama no caiga en esos extremos.

05-07-2016
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por Constanza Mazzina (*)

Mientras se perfilan los candidatos a suceder a Barack Obama en la Casa Blanca, en las elecciones a celebrarse este año, las internas de ambos partidos no son tan pintorescas como sus contendientes. En estos meses, Donald Trump ha copado los comentarios de los latinoamericanos por sus suculentas frases. Una de las más recientes fue cuando, a inicios de mayo, el magnate expresó que “Si yo no gano, tendremos más jueces como los que fueron nombrados en los últimos años. Cambiarán este país a un nivel nunca visto. Este país será completamente diferente. Será como Argentina o Venezuela”.

En estos tiempos, y sobre todo considerando los avances que hizo el saliente presidente Obama en las relaciones con Cuba, deberíamos reflexionar sobre las posturas del candidato republicano y la candidata demócrata sobre ese y otros temas de la región latinoamericana. En todo caso ¿qué lugar ocupa América Latina en la agenda de los candidatos?

Las tesis que reflexionan sobre el lugar de América Latina para Estados Unidos recorren dos extremos: la importancia y la irrelevancia. ¿En cuál de estas líneas se inscriben los candidatos?

Hilary Clinton declaró en marzo de 2015 que “Me gustaría ver al resto de la región apoyando más la democracia en Cuba y defendiendo los derechos humanos del pueblo cubano a medida que vamos avanzando”, en ocasión de dar su opinión sobre el deshielo de Estados Unidos y Cuba. “Debemos tratar de conseguir que el resto de la región nos ayude a lograr un cambio pacífico en Venezuela”, agregó después. Con respecto a Cuba, también en el 2015 había expresado que “El embargo a Cuba debe terminar de una vez por todas. Debemos reemplazarlo con un enfoque inteligente que brinde poder al sector privado y a la sociedad civil en Cuba, y a la comunidad cubano- estadounidense para fomentar el progreso y presionar al régimen”. Clinton afirmó también que el acercamiento a Cuba permite mejorar las relaciones de Estados Unidos con América Latina: “Los países y los líderes latinoamericanos se han quedado sin excusas para no defender los derechos fundamentales de los cubanos”.

Del lado republicano, Donald Trump, en una entrevista sostuvo: “¿Cree usted que es una buena política, o está usted en contra de la apertura de EE.UU. hacia Cuba?”. “Creo que está bien”, dijo Trump. “Creo que está bien, pero deberíamos haber hecho un acuerdo mejor. El concepto de tener una apertura con respecto a Cuba ? cincuenta años es suficiente?está bien. Creo que deberíamos haber hecho un acuerdo más enérgico”.

Uno de sus más conocidos temas es el muro que piensa construir en la frontera con México: “Voy a construir un gran muro ?y créanme nadie construye muros mejor que yo?, y lo voy a construir a un costo muy bajo. Construiré este muro en nuestra frontera sur, y haré que México pague por ese muro. ¡Recuerden mis palabras!”.

Ni la importancia ni la irrelevancia parecen estar en el futuro de América Latina, porque tampoco han sido estas tesis las que se han corroborado en los años de la presidencia de Obama. Más allá de la retórica pintoresca, resulta difícil que América Latina caiga en la completa irrelevancia o que se retorne a una lógica de Guerra Fría, más probable resulta que la relación se distinga y cobre tintes diferentes según cada país de la región, donde claramente algunos tienen una importancia estratégica y resultan vitales para los intereses de los Estados Unidos, independientemente de quién llegue a la Casa Blanca.

(*) Investigadora del Instituto de Ciencias Sociales de Fundación UADE

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