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¿Cómo nos afectaría si Gran Bretaña se va?

Desde la mirada de Argentina, todo proceso político en el Reino Unido, como el que está viviendo hoy la isla, es analizado con la lente del Atlántico Sur. ¿Influye sobre el status de las Islas Malvinas y otros archipiélagos australes una posible salida británica de la Unión?

23-06-2016
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por Julio Burdman (*)

Las encuestas cabeza a cabeza no nos permiten pronosticar el resultado de la votación que tendrá lugar hoy: 51% a 49% a favor del remain, según el promedio de seis estudios que publicaba ayer The Telegraph. Los ciudadanos de los cuatro países de Gran Bretaña, junto a los habitantes de Gibraltar, deciden sobre la permanencia o salida del reino de la Unión Europea (UE). Nada menos.

A favor de quedarse están los partidos Laborista y Liberal Demócrata, el mundo financiero y empresarial con sede en Londres, y un sector influyente de los conservadores encabezado el primer ministro David Cameron. Entre quienes quieren salirse están el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), otro sector de los conservadores liderado por el ex alcalde de Londres Boris Johnson y el actual ministro de Justicia Michael Grove, y los partidos de izquierda. Y el actor Michael Caine, todo un símbolo inglés contemporáneo. La paradoja es que, en 1967, el inglés Michael Caine y el escocés Sean Connery querían interpretar a James Bond, el mayor producto cultural de la contradictoria identidad británica de posguerra, y el casting decidió por Connery, ya que Caine tenía un inocultable acento de “inglés de clase trabajadora”. Ya señores mayores, el ganador encarnaría el independentismo escocés de Gran Bretaña, y el perdedor el Brexit (“British Exit”) de Europa.

A favor de quedarse están los partidos Laborista y Liberal Demócrata, el mundo financiero y empresarial con sede en Londres, y un sector influyente de los conservadores encabezado el primer ministro David Cameron.

La moción para la realización de este referéndum fue aprobada en el Parlamento el año pasado, pero la discusión es de vieja data. De hecho, Gran Bretaña nunca ingresó al espacio Schengen ni a la unión monetaria ?recuérdese que allí se usan libras esterlinas, y no euros?. Hoy Cameron se puso al frente de la opción europeísta pero anteriores líderes del conservadurismo, como el ex canciller Lord William Hague, hizo campaña contra Blair agitando la bandera del soberanismo inglés y la defensa de la libra esterlina frente al avance del dinero europeo. Hoy Hague defiende la pertenencia a la UE, argumentando ?exageradamente? que las consecuencias de una salida serían “catastróficas” para Malvinas, Gibraltar y el Ulster. El referéndum funciona, también, como arena para la interna del partido de Gobierno.

¿Cuáles son las razones esgrimidas? Los partidarios de la salida muestran a Europa como una fuente de problemas. Reivindican la histórica decisión de no haberse sumado al euro, a la luz de la crisis de 2008 en adelante, y agregan que la pertenencia a la UE es una puerta de entrada para la inmigración, que en general rechazan, y el trabajo barato. Aprovechan, también, la mala imagen de la “burocracia de Bruselas” que se ha extendido por cierto sector de la opinión pública. Mientras tanto, los partidarios de la permanencia niegan el argumento del aumento de la inmigración desde Europa, y sostienen que una Gran Bretaña afuera de la UE perderá influencia, y contribuirá a la fragmentación de Europa y Occidente. En las páginas de The Economist y el Financial Times, dos publicaciones comprometidas con la permanencia y con Londres (que no es lo mismo que Inglaterra, ni que Gran Bretaña), se leyeron las mejores defensas de la UE: la comunidad financiera de la capital teme perder su lugar como centro bursátil europeo si se decide abandonar el bloque.

Entre quienes quieren salirse están el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), otro sector de los conservadores liderado por el ex alcalde de Londres Boris Johnson y el actual ministro de Justicia Michael Grove, y los partidos de izquierda.

Desde la mirada de la Argentina, todo proceso político en el Reino Unido es analizado con la lente del Atlántico Sur. ¿Influye sobre el status de las Islas Malvinas y otros archipiélagos australes una posible salida británica de la Unión? Es difícil estimar el alcance de los efectos directos. Pero sí podemos estar seguros de que el Brexit traería algunos cambios. Malvinas perdería su condición de territorio de la Unión, que le fue conferida cuando Europa reconoció la potestad británica. Eso implicaría dejar de recibir subsidios anuales por unos cinco millones de euros, y la chapa europea, que siempre puede redundar en solidaridades diplomáticas. También, como advierte Hague, sería menos fluido venderle a Europa, adonde van a parar la gran mayoría de las exportaciones isleñas. Hasta aquí, nada demasiado convincente.

Pero lo que puede resultar más profundo, en el orden del cambio, es la continua transformación geográfica a la que aparece sometido el moderno mapa británico. Salirse de la Unión persigue el objetivo de reafirmar la soberanía. Una suerte de regresión nacionalista, que se propone dar marcha atrás el reloj del posnacionalismo europeo. Y eso no ayuda a ninguno de los países deseosos de discutir con los británicos sobre territorios, banderas compartidas o cualquier otra fórmula que ponga en tela de juicio la soberanía real. Ahora bien, esa regresión, ¿congela el territorio británico actual, o lo sigue transformando? ¿Acaso la onda expansiva de un Brexit no podría volver a envalentonar a escoceses, galeses e irlandeses del Norte a buscar su propio exit respecto del reino dominado por los ingleses?

(*) Analista internacional

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