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Presión impositiva y baja rentabilidad complican inversión

19-08-2016
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La estrategia económica de Cambiemos se basa en migrar desde un modelo basado en el estímulo al consumo interno hacia uno traccionado por las exportaciones y, también, la inversión privada (tanto local como extranjera). Si bien aún faltan estadísticas agregadas actualizadas, las cifras preliminares (las del BCRA y el contador minuto a minuto que tiene el Ministerio de Hacienda y Finanzas en su página web) invitan a pensar que el proceso inversor está (lentamente) reactivándose. “Hay mejor sensación térmica para las inversiones”, reconoce el economista Jorge Day desde el Ieral de la Fundación Mediterránea, y argumenta que el actual Gobierno ha logrado mejorar los incentivos para el hundimiento de capital.

Sin embargo, la cuantía es menor de lo que suponían en la Casa Rosada y en el mundo económico. El motivo es que, pese a las mejoras, aún persisten problemas y escollos a solucionar para que la tasa de inversión sobre el PIB se acerque a los niveles deseados (aproximadamente cerca de 25% del PIB). En un informe difundido ayer, Day presenta cuatro hipótesis explicativas sobre por qué la inversión no ha despegado a esos niveles.

Como primer punto, Day destaca la necesidad de mejorar el tan mentado “clima de negocios”. ¿A qué se refiere? En concreto, “a que haya menos trabas y menos persecución al sector privado”. Si bien destaca que hubo “un importante avance durante la primera mitad del año”, advierte que “hay mucho para seguir trabajando”. Por ejemplo, la necesidad de un detalle más preciso del plan de infraestructura y de los plazos de ejecución para incorporar estas variables en los flujos de fondos que las empresas intentan estimar en sus escenarios futuros; disipar la incertidumbre respecto del Mercosur y los tiempos necesarios para llegar a acuerdos, entre otros, con la Alianza del Pacífico y la Unión Europea y, por último, la necesidad de un involucramiento mucho mayor de parte de los gobiernos provinciales y municipales en la tarea de atraer inversiones del sector privado.

En segundo lugar, Day plantea la necesidad de “ampliar el horizonte económico”. Este economista sostiene que eso “se logra con una economía más estable en precios y en reglas” y argumenta que “todavía estamos en falta, y es uno de los objetivos primordiales del actual Gobierno”. Un ítem clave aquí es “cómo finalmente se defina el tema de las tarifas energéticas, que será crucial en función de la ampliación o no del horizonte para la toma de decisiones de inversión”.

En tercer lugar, plantea un prerrequisito obvio: mejorar la rentabilidad. “Todavía falta bastante”, esgrime. Day desglosa la cuestión en dos: la presión impositiva récord y el tipo de cambio real. Con respecto al primer punto, Day también destaca avances (retenciones, por ejemplo) pero sugiere que hay mucho para hacer todavía. La causa de esa presión impositiva es el alto nivel del gasto público. Por ende, por allí también debe pasar la solución. Poco por aquí también (y más aún tras el fallo de la Corte de ayer). Con respecto al tipo de cambio real, Day dice que “está actualmente en niveles bajos”. El Gobierno, por lo tanto, “debería evitar que los costos argentinos en dólares dejen de aumentar”.

Por último, Day pone sobre el tapete un ítem harto mencionado por todos: el financiamiento. Aquí también hay buenas noticias. “Las perspectivas son mejores, con posibilidad de conseguir más fondos en el futuro, teniendo en cuenta la evolución decreciente del riesgo país”, expresa.

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