Lo venimos advirtiendo: el crecimiento debe ser inclusivo

26-01-2017
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por Prakash Loungani (*)

Hace cuatro años, en el Foro Económico Mundial de Davos, la directora general del FMI, Christine Lagarde, advirtió sobre los peligros de la creciente desigualdad, tema que ahora se ha convertido en el punto más alto de la agenda política mundial.

Si bien el trabajo del FMI sobre la desigualdad atrajo la mayor atención, es una de varias áreas nuevas en las que la institución se ha ramificado en los últimos años. Un marco unificador para todo este trabajo se puede resumir en dos palabras: crecimiento inclusivo.

Queremos crecimiento, pero también queremos asegurarnos varias cosas más:

Que la gente tenga trabajo: esta es la base para que las personas se sientan incluidas en la sociedad y tengan un sentido de dignidad.

Que las mujeres y los hombres tengan igualdad de oportunidades para participar en la economía, y de ahí nuestro enfoque en el género.

Que los pobres y la clase media participan en la prosperidad de un país ?y de ahí el trabajo sobre la desigualdad y la prosperidad compartida?.

Que, como sucede, por ejemplo, cuando los países descubren recursos naturales, la riqueza no sea capturada por unos pocos, y por eso nos preocupamos por la corrupción y la gobernanza.

Que exista inclusión financiera, que hace una diferencia en los resultados de la inversión, la seguridad alimentaria y la salud.

Que el crecimiento se comparte no sólo entre esta generación, sino con las generaciones futuras, de ahí nuestro trabajo en la construcción de resiliencia al cambio climático y los desastres naturales.

En definitiva, un hilo conductor de todas nuestras iniciativas es que buscan promover la inclusión y una oportunidad para que todos puedan mejorar su vida.

Estas no son sólo palabras de fantasía, y en un click pueden ver como el FMI está haciendo que el trabajo sobre la inclusión sea parte de sus operaciones diarias.

La inclusión es importante pero, por supuesto, también lo es el crecimiento. “Un pedazo más grande de la torta para cada uno urge hacer una torta más grande” (Lipton, 2016). Por lo tanto, cuando impulsamos un crecimiento inclusivo, no estamos defendiendo como modelos a seguir la antigua Unión Soviética o la actual Corea del Norte: son ejemplos de “miseria inclusiva”, y no de crecimiento inclusivo. Entender las fuentes de productividad y el crecimiento a largo plazo ?y las políticas estructurales necesarias para generar eso? siguen siendo una parte importante de la agenda del FMI.

Globalización e inclusión

El FMI fue creado para fomentar la cooperación internacional. Por lo tanto, para nosotros, la inclusión no se refiere sólo a compartir la prosperidad dentro de un país, sino a compartir la prosperidad entre todos los países del mundo. El comercio internacional, los flujos de capital y la migración son los canales por los cuales eso puede ocurrir. Es por eso que estamos firmemente a favor de la globalización, al tiempo que reconocemos que hay descontento con algunos de sus efectos y que mucho más se podría hacer para compartir la prosperidad que genera.

Un mayor crecimiento debería ayudar a resolver algunos de los descontentos, como argumentó el economista de la Universidad de Harvard Benjamin Friedman en su libro “The Moral Consequences of Economic Growth”. Friedman muestra que, a lo largo de la larga historia, el fuerte crecimiento de los ciudadanos de una sociedad se asocia con una mayor tolerancia en las actitudes hacia los inmigrantes, una mejor provisión para los desfavorecidos de la sociedad y el fortalecimiento de las instituciones democráticas. Sin embargo, el diseño de políticas para que generen un crecimiento inclusivo en primer lugar será una respuesta más duradera que dejar los asuntos a los “efectos derrame” del crecimiento.

Las políticas

Trampolines y redes de seguridad. “Un crecimiento económico más inclusivo exige políticas que respondan a las necesidades de quienes se quedaron atrás (...) De lo contrario, nuestros problemas políticos sólo se profundizarán” (Lipton, 2016). Las políticas de trampolín, tales como el asesoramiento laboral y el reentrenamiento, permiten a los trabajadores recuperarse de la pérdida de empleo: ayudan a las personas a ajustarse más rápidamente cuando ocurren crisis económicas, a reducir los períodos de desempleo prolongado y, por lo tanto, protegen a las habilidades de los trabajadores de la depreciación. Si bien estos programas ya existen en muchas economías avanzadas, merecen un estudio más profundo para que todos puedan beneficiarse de las mejores prácticas. Los programas de redes de protección también tienen un papel que desempeñar. Los gobiernos pueden ofrecer un seguro salarial para los trabajadores desplazados a puestos de trabajo menos remunerados y ofrecer a los empleadores subsidios salariales para la contratación de trabajadores desplazados. Programas tales como el crédito sobre la renta ganado (earned income tax credit, en inglés) en Estados Unidos deben extenderse para reducir aún más las brechas de ingresos y alentar a las personas a trabajar (Obstfeld, 2016).

Compartir más ampliamente los beneficios del sector financiero y la globalización financiera. Necesitamos “un sistema financiero que sea más ético y más orientado a las necesidades de la economía real ?un sistema financiero que sirva a la sociedad y no al revés?” (Lagarde, 2015). Se necesitan políticas que amplíen el acceso a la financiación para los pobres y la clase media para ayudarles a obtener los beneficios de los flujos de capital extranjeros. El aumento de la movilidad de capital a través de las fronteras a menudo ha alimentado la competencia fiscal internacional y privado a los gobiernos de los ingresos (una “carrera hacia el fondo deja a todos en la parte inferior”) (Lagarde, 2014). Los menores ingresos hacen que sea más difícil para los gobiernos financiar políticas de trampolín y redes de seguridad sin impuestos excesivamente altos sobre el trabajo o impuestos al consumo regresivos. Por lo tanto, necesitamos una coordinación internacional contra la evasión fiscal para evitar que la mayor parte de las ganancias de la globalización se acumulen desproporcionadamente en el capital (Obstfeld, 2016).

“Predistribución” y redistribución. A largo plazo, se necesitan políticas que mejoren el acceso a una buena educación y atención de salud para todas las clases de la sociedad para proporcionar una mejor igualdad de oportunidades. Sin embargo, esto no es ni muy fácil ni una solución que se pueda lograr de la noche a la mañana. Por lo tanto, a corto plazo, las políticas de “predistribución” deben complementarse con la redistribución: “Las políticas más progresivas de impuestos y las transferencias deben desempeñar un papel en la ampliación de los beneficios económicos de la globalización” (Obstfeld, 2016).

(*) Jefe de división del Departamento de Estudios del FMI.

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