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¿La economía está en una trampa de liquidez?

23-12-2016
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“Hay cuatro hechos que son clave para interpretar lo que está ocurriendo en la coyuntura”, dice José María Fanelli, miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, en un interesante artículo reciente.

El primero es el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos, que se tradujo en un fuerte aumento de la incertidumbre en la economía global, que impactó en la renta fija criolla (para mal) y despertó el dólar. El segundo es que las cuentas fiscales siguen bajo fuerte presión por las demandas potenciales o efectivas de sectores diversos que se manifiestan, por ejemplo, en el pago del bono de fin de año, Ganancias o la reciente Ley de Emergencia Social que aprobó el Congreso. El tercero es que el sector privado sigue dolarizando sus portafolios, algo que es posible gracias a los dólares que el Gobierno trae al país con el objetivo de financiar el déficit fiscal. El cuarto hecho es que siguen sin aparecer los brotes verdes que marcarían claramente el fin de la recesión. Según Fanelli, “este último hecho es una consecuencia directa de los tres primeros”.

La explicación de por qué el nivel de actividad no despega reside en que la economía presenta síntomas que son compatibles, argumenta Fanelli, con una situación de “trampa de liquidez a la argentina”. Si bien es diferente a lo que se observa en una trampa de liquidez tradicional, es similar en dos aspectos: el nivel de actividad está estancado desde hace varios años en un nivel bajo que tiende a perpetuarse debido a la elevada incertidumbre que deprime el gasto privado ?sobre todo, el de inversión? y las autoridades carecen de instrumentos de política anticíclica de efectividad suficiente.

Con Trump en la Casa Blanca, parece lógico esperar un escenario complejo: comercio internacional estancado, precio de las materias primas en descenso, tasas de interés hacia arriba y dólar apreciado. “Todo eso obligaría a nuestro Gobierno a recalcular”, dice Fanelli. “Un escenario así es incompatible con un ajuste fiscal gradual financiado con endeudamiento externo”.

Billete y Lebac

A nivel local, el síntoma de la trampa de liquidez es la demanda de dólares y Lebac. “El vínculo que en la coyuntura actual existe entre debilidad del gasto y dolarización de portafolios parece bastante evidente. La salida de la recesión está tardando más de lo esperado por la débil evolución que muestran el consumo y la inversión y, al mismo tiempo, la compra de dólares y Lebac por el sector privado es muy dinámica”, dice. Comparado con el kirchnerismo, la demanda de cobertura en “billete” sigue, aunque cambió la manera de financiar ese apetito: antes eran las reservas y, hoy, la deuda. Los agentes, así, se quedan en dólares y huyen de los activos reales, desde inversión inmobiliaria hasta bienes de capital. Se dolarizan porque consideran que el tipo de cambio real está atrasado y que es negocio esperar que suba posicionándose en dólares.

¡Es el TCR, estúpido!

“La economía va a reactivarse cuando los potenciales inversores y consumidores se cansen de perder plata posicionados en dólares, corrijan a la baja sus expectativas sobre el tipo de cambio real y salgan a comprar activos”, dice Fanelli. “Parece razonable prestar más atención al tipo de cambio. Equivocarse puede ser carísimo. Y equivocarse en el mundo de Trump puede serlo mucho más pues la probabilidad de ir a un escenario de tasas de interés altas, dólar caro y commodities baratas ha aumentado”, concluye.

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