A siete días de Trump, sólo Argentina sigue firme

16-01-2017
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Por Luis Varela

La película financiera mundial de las últimas diez semanas se partió en dos: una cosa es lo que sucedió entre el 8 de noviembre y mediados de diciembre, y otra muy diferente es la que se viene desarrollando en las últimas cinco semanas. El 8 de noviembre, día en el que Trump desbancó a Hillary Clinton, desató una verdadera fiesta en las inversiones de riesgo y un fuerte descenso en las colocaciones más conservadoras, con bajas en los precios contado de los bonos y persistentes subas en las tasas que ofrecen esos títulos a vencimiento.

Con Trump ya muy cerca, contra todos los pronósticos, el dólar se transformó en la moneda gran perdedora de la primera quincena. En lo que va del año el billete verde subió 1,4% contra la libra esterlina (muy afectada por el Brexit y la incertidumbre sobre el puerto financiero de Londres), pero contra el resto de las monedas el dólar estuvo en baja: cedió 0,2% contra el peso argentino, 0,9% contra el franco suizo, 1% contra el real, 1,2% contra el euro, 1,5% contra el peso chileno, 1,8% contra el yuan y nada menos que 2,1% contra el yen.

En Argentina el precio del dólar está pasando por un momento completamente irreal. En los hechos, según la oferta y la demanda habituales por comercio y por decisiones de ahorro, el peso argentino sigue completamente fuera de foco. Los inversores no ahorran en plazos fijos, tampoco lo están haciendo en las Lebac, y eso que pagan 23,5% anual en la letra corta y 22,22% en la larga, tasas positivas contra la inflación esperada (está por verse qué sucede con los pases a 7 días, por ahora la convocatoria no es masiva).

Lo concreto es que el stock de dinero colocado a plazo fijo está retrocediendo (muy poca plata de los aguinaldos terminó en esa herramienta, en comparación con lo sucedido en los años anteriores). Esto sucede porque las tasas que se pagan están en los plazos fijos están por debajo de la inflación esperada: se paga entre 16,5 y 18% anual, con el Banco Central dibujando una inflación de 2017 en el 17%, cuando los analistas privados ven un IPC de por lo menos 21%, tres puntos arriba de lo que pagan las tasas. En ese contexto e l dólar no está subiendo más por el blanqueo: está atravesando de manera estacional, una gran meseta. Cotiza en el mercado oficial a $ 16,13 y en el blue a $ 16,79, con una brecha cambiaria del 4% por impuestos imposibles.

Como siempre sucede, la debilidad del dólar permitió una revancha para las commodities. La onza de oro, que marca una posición refugio ante crisis sistémicas, abandonó el descenso que tuvo de julio a diciembre y en la primera mitad de enero subió 4%, hasta arañar los US$ 1.200. Y la onza de plata, otro metal precioso, tuvo un recorrido similar pero aumentado respecto del oro: se acercó a los US$ 17 por onza, con una suba quincenal de nada menos que 5,8%.

Debajo del oro, los metales básicos, que hipotéticamente tendrán mucha demanda, ya que muchos países se están montando en la ola keynesiana que busca revivir Trump también tuvieron una muy buena primera quincena de 2017, aunque de manera un tanto artificial y con posibilidad de poco sostén en el tiempo: el cobre trepó 5,4%, el aluminio avanzó 4,5%. Y en el caso de los granos, por las dificultades climáticas de Argentina y Brasil los precios también rebotaron, con la soja aumentando 4,6%.

Del lado de los títulos la evolución fue diversa. En el caso argentino, los inversores en bonos arrugaron, los precios contado bajaron 1,5% en la primera quincena del año y la tasa larga argentina está otra vez subiendo, ahora está en el 7,15% anual, desandando la mejora que hubo en la luna de miel con Macri.

Aunque el verdadero centro de atención de todo este movimiento estuvo en las Bolsas. Al ganar Trump el 8 de noviembre, hubo euforia mundial en los activos de riesgo. En Nueva York el índice Dow Jones subió 12% y el Nasdaq avanzó 9%. En Frankfurt el Dax trepó 13%. Y en Buenos Aires el Merval creció 11%. Aunque hubo mercados estancados, unos por recesión y otros por amenazas de Trump com fueron los casos de San Pablo y México.

Pero atención: en las últimas ruedas las Bolsas de todas partes, salvo de Argentina, parecen haberse quedado sin nafta. Los lanzamientos de Vaca Muerta, la obra pública, las subas de tarifas, están alimentando las posibilidades de balances buenos para la mitad de las empresas que cotizan en la Bolsa porteña. Más precisamente, algunos papeles están volando: en Navidad YPF cotizaba a $ 233 y hoy cotiza a $ 333, con un insólito salto del 43%.

Gracias a este tipo de impulso y al de otras energéticas, el índice Merval de la Bolsa de Buenos Aires acaba de llegar a un récord histórico en pesos 18.885 puntos: sube 88% en los últimos doce meses. Medido en dólares está 2,7% abajo del récord de octubre último, pero igualmente en los últimos 12 meses subió 61% en dólares. Así, en la primera quincena de este año la Bolsa porteña fue la gran ganadora. El Merval sube en 2017 nada menos que 12,7% en dólares y 11,6% en pesos. Mientras que San Pablo avanza 5,7% y el resto de las Bolsas se mueve con subas del 1% al 2%, con Nueva york en la cima de ese pelotón y Tokio a la cola de todos.

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