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“La problemática actual más importante es el combustible”

Entrevista a Fredy Simone, presidente de la Cámara Bonaerense de Contratistas Rurales.

13-06-2016
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En un contexto de fuertes subas de los precios internacionales de las commodities agrícolas, especialmente de la soja, que el viernes pasado superó los US$ 432 por tonelada, y en los inicios de la campaña de trigo 2016/2017, que llega con excelentes perspectivas en materia de negocios con un aumento del 35% en la superficie a sembrar, parecería que el sector agropecuario empieza a ver la luz tras años de una crisis generada por el cierre de exportaciones, retenciones y cepo cambiario, entre otras cuestiones.

Sin embargo, las medidas que introdujo el Gobierno Nacional parecen no alcanzar, ya que las subas de tarifas de los servicios públicos y combustibles, las pérdidas que provocaron las inundaciones de abril, la creciente inflación y el difícil acceso a créditos todavía complican a varios sectores productivos, que exigen medidas urgentes para no desaparecer.

Tal es el caso de los contratistas rurales, que manejan el 85% de las labores de la producción granaria a través de la prestación de servicios agrícolas a terceros con su propia maquinaria e insumos a lo largo del país, una de las actividades que mayor empleo genera en el campo argentino y que pierde cada vez más rentabilidad.

En una entrevista con El Economista, Fredy Simone, presidente de la Cámara de Contratistas Rurales de la provincia de Buenos Aires, subrayó la necesidad de que el Estado los incluya en un área del Ministerio de Agroindustria y se encargue de regular el mercado.

¿Cuál es el panorama actual de los contratistas agrícolas y con qué problemáticas se encuentran en la actualidad?

La situación es muy complicada, porque no vamos al ritmo de la inflación. Si bien este año aumentamos las labores, todavía no podemos alcanzar los precios que deberíamos cobrar dado que hay una gran negación por parte de los dadores de trabajo, los cuales se encuentran en circunstancias un poco más favorables que las nuestras. La problemática más importante es el combustible, es enorme lo que significa en nuestros costos el gasoil. Paralelamente, seguimos teniendo conflictos con los créditos en los bancos, ya que no estamos incluidos en los planes de financiación para comprar maquinarias, siendo nosotros los mayores consumidores del segmento debido a la gran escala de trabajo que tenemos. Después, seguimos con los mismos contratiempos de siempre: en relación al tránsito agrícola, no pudimos avanzar ni medio centímetro después de mil explicaciones a todos los funcionarios del Gobierno pasado y del actual. Queremos leyes de tránsito para el traslado de las máquinas, debido a que hasta ahora los permisos viales tienen que dirigirse a Capital Federal. No solucionan nada, y nosotros seguimos esperando.

El cambio de Gobierno trajo cambios en el sector agropecuario, ¿cómo impactó en la actividad?

Impactó bastante bien, gracias a Dios. Lo que pasó es que vivimos años de un atraso terrible, y los contratistas estuvimos al borde de desaparecer. Hoy las expectativas son otras, a pesar de que no podemos cobrar lo que nosotros queremos o lo que nos corresponde. Se necesita una profunda revisación de los precios de los implementos, porque hay un aprovechamiento total si lo vemos en dólares. En ese sentido, creo que aún estamos lejos de la realidad. Por más que nos gusten los fierros nuevos se hace muy difícil comprarlos. Por ejemplo, un tractor de 180 cv modelo 2008 costaba US$ 78.000, hoy vale US$ 180.000. Una cosechadora en el año 2010 salía US$ 300.000 dólares, mientras que hoy la categoría tiene un costo cercano a los US$ 550.000. Es imposible avanzar así, hay un abuso desmedido de precios que es inabordable, y si no interviene el Gobierno y regula la industria, nosotros quedamos cada día más lejos de crecer. A esto le sumamos que en dólares cobramos menos ahora que en esos años.

¿Tienen o han tenido diálogo con el ministro de Agroindustria de la Nación, Ricardo Buryaile y su par bonaerense, Leonardo Sarquís?

Cuando asumió el Gobierno Nacional los funcionarios nos han recibido y hemos tenido muy buen diálogo, hubo charlas productivas, pero falta ejecución, sino pasa a ser más de lo mismo. Sucede que para el Estado los tiempos son otros. A comienzos de la cosecha, el sector necesitaba un subsidio para comprar gasoil: ya terminó la campaña y todavía no nos respondieron. De todas maneras notamos, pese a lo poco que hemos conversado, que se trata de gente que sabe de lo que habla, al contrario de años anteriores. Sería interesante que se sumaran especialistas de entidades a algún cargo político, por ejemplo de Federación Agraria Argentina (FAA), para que defiendan más al pequeño productor y a los contratistas, pero son detalles. Las inundaciones de abril provocaron grandes pérdidas en la zona núcleo y dañaron gran parte de la provincia de Buenos Aires.

¿Cómo afectó al segmento de los contratistas, que mueven una gran cantidad de trabajadores rurales?

En Buenos Aires el impacto no fue tan fuerte como en otras provincias. Si bien las condiciones climáticas adversas atrasaron la cosecha, no se registraron pérdidas significativas. No obstante, lo que ocurrió condujo a un conflicto en lo económico, ya que al no poder cosechar no se puede vender, y es una cadena que termina repercutiendo en la sociedad común.

Según informes del Indec, aumentaron las ventas de maquinaria agrícola a pesar de las subas de precios. ¿El contratista está invirtiendo en la actualidad a partir de las nuevas políticas para el campo?

La inversión la estamos haciendo por el optimismo que llevamos en nuestra sangre, y siempre creemos que el año que viene será mejor que el anterior. Es normal que así suceda porque creemos que esto va a mejorar y tendremos que estar preparados para recibir a una Argentina con muchas más toneladas de cereal. Sólo deseamos que desde el Gobierno nos escuchen y sepan entender nuestra problemática. En cuanto a los grandes grupos de productores y dadores de trabajo, deben saber que el país se construye con el aporte de todos, y para eso tienen que tomar en cuenta que hay tarifas que respetar, para que nosotros que somos los que invertimos en maquinarias y tecnología podamos llegar a comprarla.

La campaña triguera comenzó hace muy poco y se prevén buenas condiciones climáticas, precios óptimos y una fuerte apuesta al cereal. ¿Notan la diferencia en relación al ciclo pasado?

Las expectativas son muy buenas, de hecho todos los contratistas estamos sembrando mucho más que el año pasado y eso es excelente, porque se genera más mano de obra, que es lo que le hace falta al campo. El trigo en la provincia de Buenos Aires es importantísimo, diciembre y enero se vuelven puro trabajo y a nosotros como empleadores se nos licúan mucho más los gastos de nuestros empleados, en tanto que ellos tienen la posibilidad de llevar más dinero a sus hogares, y así toda la cadena: desde el almacenero hasta el vendedor de autos, la rueda cuando gira en los pueblos gira para todos, lo cual es muy positivo para el país.

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