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Una visita oportuna para impulsar cambios

07-02-2017
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por Marcelo Elizondo (*)

El Mercosur (y especialmente Brasil) fue el primer puente de Argentina de la democracia para llegar al mundo. A fines de los años ´80, Argentina exportaba a Brasil, su principal socio, menos que US$ 800 millones y la evolución del bloque llevó esas ventas a un récord de más de US$ 15.000 millones a inicios de la presente década.

Pero ese movimiento comenzó hace un tiempo a desacelerarse y revertirse y ya en los últimos años el intercambio entre Argentina y Brasil se redujo sustancialmente (en 2016 las exportaciones argentinas a Brasil solo rondaron los US$ 9.000 millones). Por eso las exportaciones argentinas a todo el Mercosur en 2016 descendieron 14% mientras que a todo el mundo crecieron casi 2%, traccionadas por las ventas a otros destinos (las ventas al ASEAN subieron 26% y al Norte de Africa, 30%). Como efecto de ello, el Mercosur, en 2016, generó 20% de las exportaciones argentinas (mientras rondaba el 30% hace tres lustros) al tiempo que Asia. Pacífico superó 25% de las ventas argentinas al mundo. Y la participación de Brasil en las ventas externas argentinas ha descendido desde representar casi 25% del total en el 2000, y 21% en 2010, hasta explicar sólo alrededor del 15% el año pasado.

Las más afectadas son las exportaciones de la industria tradicional, ya que el 80% del descenso de las exportaciones totales a Brasil está explicado por la baja de exportaciones de bienes industriales (MOI). La caída de las ventas de MOI a Brasil explica más de la mitad del total de caída de exportaciones industriales a todo el mundo. La visita Ahora, la oportuna visita del presidente Mauricio Macri coincide con la posibilidad del inicio de un nuevo tiempo. En primer lugar porque los pronósticos están anunciando para 2017 el detenimiento de la caída de la economía de Brasil, aunque aún no puede preverse una mayor recuperación. Pero, por otro lado, también es posible el abandono de un tiempo en el que el Mercosur como bloque pareció haber caído en un letargo.

La economía de Brasil está en proceso de ajustes (necesarios) y tratando de superar dificultades políticas. Puede estar ante un punto de inflexión.

El Mercosur, mientras tanto, tiene ante los nuevos liderazgos en sus principales miembros oportunidades de recuperar dinamismo. Un nuevo punto de partida requiere abandonar la pobre agenda de los últimos años compuesta de quejas recíprocas, pequeños retoques para administrar el pobre presente y poco planeamiento estratégico para llevar adelante una tarea conjunta enfocada al futuro, hacia adentro y hacia afuera. Y fluidizar el comercio intrazona, avanzar en la apertura y en acuerdos con otras economías del mundo, impulsar nuevos marcos jurídicos internos en áreas poco maduras (servicios, por ejemplo), mejorar la institucionalidad del bloque, despejar turbulencias políticas, y prever una política arancelaria común más estratégica y menos aislacionista y coyuntural, parecen oportunidades para una nueva agenda.

La integración comercial en el mundo hoy es solo una parte de la integración productiva regional (inversión transfronteriza; alianzas entre empresas; vínculos basados en conocimiento, competitividad, innovación; estrategias comunes de empresas vinculadas productivamente y producción encadenada) y ocurre, en los países emergentes, cuando se fortalecen entre sí los flujos económicos entre países socios y ellos se vinculan en conjunto luego con los demás.

La política se alimenta de gestos. Y también de acuerdos. La vista del presidente Macri a Brasilia puede impulsar una nueva agenda.

(*) Director de la consultora DNI

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