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Todo el Gobierno debe internalizar la meta del 15%

Todas las áreas del Gobierno deben internalizar que este año el objetivo primordial es que la inflación sea del 15%

08-01-2018
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Por Camilo E. Tiscornia Director de C&T Asesores Económicos

La inflación de 2017 estuvo en torno al 24%, significativamente por debajo del 38% de 2016 y en un contexto de suba del tipo de cambio y fuertes ajustes de los precios del gas, la electricidad y el agua. El 2018 recién comienza pero, a hoy, lo más probable es que la inflación anual quede debajo del 20% (con suerte cerca del 15%), nuevamente en un contexto de tipo de cambio al alza y subas en agua, gas y electricidad (aunque menores que en 2017) y, también, con ajustes en las tarifas de transporte. Visto con esta perspectiva, el resultado no sería para nada malo.

Para dar una idea de la influencia de los ajustes en los servicios públicos, nótese que la inflación de 2017 habría sido de 18% si no hubieran aumentado el gas y la electricidad, y la de 2018 podría ser entre dos y tres puntos menor sin dichos incrementos ni los de transporte.

Es claro así que mucho de la inflación de los últimos años y de la del año en curso se debe a estos rubros, pero esta porción no es resultado de las condiciones macroeconómicas imperantes sino de la falta de ajuste durante el Gobierno anterior. Sin embargo, las metas que tiene que controlar el BCRA incluyen el efecto inflacionario de esos ajustes demorados, lo que lo obliga a corregir con política monetaria cuestiones que no tienen nada que ver con ella. Este es, a nuestro juicio, un problema crítico en la configuración de la política monetaria que viene llevando a cabo el BCRA.

En la medida en que esos significativos ajustes se fueron definiendo con posterioridad a las metas de inflación, el BCRA se vio obligado a aplicar una política monetaria notablemente restrictiva que, además de no ser suficiente para cumplir con las metas, llevó a otros problemas como el atraso cambiario y el enorme aumento del stock de Lebac. A su vez, la tarea del BCRA se vio también dificultada por el gradualismo en el ajuste fiscal, que lo obligó a seguir emitiendo dinero a un ritmo elevado para adquirir las divisas provenientes del endeudamiento externo.

Así, la credibilidad en las metas de inflación se redujo significativamente, complicando más todavía el logro de las mismas porque las expectativas inflacionarias incluidas en los diversos precios de la economía fueron más elevadas que las metas.

La consecuencia final de todo este proceso fue la reciente decisión de elevar las metas de inflación para 2018-2019, acomodándolas a lo que venía siendo la expectativa. Sin embargo, en forma inmediata se produjo una revisión al alza de las expectativas inflacionarias, reflejando un costo en credibilidad por el cambio. En este contexto, ¿podrá el BCRA cumplir este año con su nueva meta? Creemos que sí. La meta no está tan lejos de las proyecciones de inflación, pero será difícil.

Lamentablemente, la nueva meta sigue incluyendo el ajuste de los servicios públicos y eso otra vez será un problema, pero juega a favor que los ajustes serán menores que en los últimos dos años. Gran parte del éxito pasará por la capacidad que tenga el Gobierno de contener las demandas de ajuste salarial pero ello requerirá reconstruir la confianza en que el BCRA podrá cumplir con la meta este año. Para lograr esto, además de una buena negociación política, el BCRA debería evitar el relajamiento prematuro de la política monetaria; una prueba de esto la tendremos la semana que viene con la reunión de política monetaria. Finalmente, el Tesoro deberá colaborar, no sólo financiándose más en el mercado local para reducir la necesidad de emisión monetaria, sino también estando dispuesto a un control férreo del gasto para, en lo posible, tratar de sobre cumplir la meta fiscal de este año.

Más allá de indudables logros en materia macroeconómica, el Gobierno y el BCRA han pagado un costo importante en materia de credibilidad al no haber cumplido con las metas de inflación. La decisión de cambiar las metas es un costo adicional que sólo se justificará si se cumplen las metas de 2018, lo que, de suceder, facilitará notablemente el cumplimiento de la meta del año que viene. Por ello, todas las áreas del Gobierno deben internalizar que este año el objetivo primordial es que la inflación sea del 15%.

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