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Tensiones económicas en un 2017 electoral

El despegue tiene gusto a poco, y se caracteriza por números mixtos y amplia heterogeneidad sectorial

28-03-2017
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La economía argentina se estabilizó en el primer trimestre del año. Para la UTDT, la probabilidad de salir de la recesión rozó el 90% en enero y se consolidó en el 99% en febrero. Por su parte, para el organismo oficial de estadísticas, la recesión quedó atrás en el último cuarto del año pasado, con dos trimestres de suave alza desestacionalizada (0,5% entre el segundo y el último trimestre del año) pero un retroceso anual superior al 2%.

Un despegue con gusto a poco, que por el momento se caracteriza por números mixtos y amplia heterogeneidad sectorial, incidiendo sobre el humor social y deprimiendo las expectativas, en un año en el que son clave. Industrias relevantes continúan en rojo, especialmente aquellas vinculadas al consumo masivo, que se muestra reacio y lento. Las ventas en supermercados y shoppings evoluciona nueve puntos por debajo de la inflación y las ventas minoristas caen 3,2% interanual en el bimestre, sumando catorce meses consecutivos de bajas .

Por su parte, otros sectores pican en punta y se consolidan como aquellos con mejores perspectivas. Aquí se destacan aquellos relacionados con el agro (maquinaria agrícola, agroquímicos, molienda, biocombustibles, producción de utilitarios, entre otros), en línea con una cosecha de granos que se ubicaría en torno a las 120 millones de toneladas, alcanzando máximos históricos. También las exportaciones exhiben una buena dinámica, expandiéndose 9,3% interanual en el primer mes del año, acompañando el buen desempeño del último cuarto de 2016.

Por el lado de la inversión, la obra pública impulsa la construcción, especialmente con obras de rápida ejecución. El consumo de asfalto se multiplicó por 2,4 veces y las licitaciones de obra pública por 3,4 en el primer bimestre del año. En la misma línea, los gastos de capital creciendo al 64% anual en febrero fortalecen la consigna de más infraestructura para el año en curso. No obstante, los despachos de cemento continúan mostrando debilidad.

De esta forma, la recuperación se mantiene tibia a la espera del consumo. En este punto, la tensión entre las distintas variables de política económica y la necesidad de un esfuerzo de mayor coordinación son protagonistas. En efecto, la política de ingresos se encuentra en medio del trade-off entre la inflación y el crecimiento. Luego de un año de caída conjunta del empleo y el salario real, la recomposición del poder de compra y la estabilización del mercado de trabajo son claves para el crecimiento económico. El mes de abril será importante para marcar el rumbo del consumo, ya que concentra las paritarias de tres millones de trabajadores aproximadamente. No obstante, los salarios también son claves en la formación de expectativas de inflación.

Así, la inflación volvió a establecerse en un escalón en torno al 2% mensual, en línea con la última década y, si bien esperamos que los precios se desaceleren, será con límites. La cuestión de fondo en definitiva es la velocidad a la que lo harán. El Presidente del BCRA ya tomó nota de los meses tensos que se avecinan, sosteniendo la tasa de referencia.

Mientras tanto, la tensión entre las ajustadas cuentas fiscales y el tipo de cambio resultan en desalineamiento cambiario. Es una certeza que parte del déficit será financiado con endeudamiento externo, lo que no es indiferente para el mercado cambiario, ante una copiosa oferta potencial de divisas. El desalineamiento llegó para quedarse, con una inflación estimada en torno al 22,3% y un deslizamiento cambiario del orden del 14% hacia finales de año. Más aún, los números fiscales continúan siendo inciertos, para más allá de 2017. Las nuevas metas parecen más realistas, pero el 2018 sin los ingresos del blanqueo, con financiamiento probablemente más caro y una reforma tributaria en agenda, generan, cuanto menos, dudas.

Las mayores apuestas al crecimiento madurarán a partir del segundo cuarto del año, de la mano del agro y los sectores conexos, la recomposición de la obra pública y la estabilización del salario. No obstante, resta construir un sendero de mediano y largo plazos. Probablemente continuarán postergándose decisiones estructurales, tratándose el 2017 de un año de elecciones. La incertidumbre ante la ausencia de un horizonte y la limitada rentabilidad de algunos sectores condicionan inversiones y no despejan el panorama para garantizar la salida del péndulo en 2018.

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