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“Tenemos buen diálogo con el Gobierno, pero estamos en alerta”

Entrevista a Claudio Drescher.

14-06-2016
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por Martín Slipczuk

Claudio Drescher, socio de la firma Jazmín Chebar y presidente de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), dialogó en exclusiva con El Economista. Se refirió a la polémica por la apertura de las importaciones y a la caída de la actividad, así como también al futuro de la industria textil en el país.

¿Cómo se encuentra el sector de la indumentaria luego de los cambios económicos de los últimos meses?

Todo el sector está observando con cierta preocupación la evolución de la economía, porque en el mercado interno ya se nota una retracción marcada del consumo, pero también porque se está decidiendo cómo se va a administrar el comercio de acá en adelante.

¿Qué políticas tomó el nuevo Gobierno específicamente para el sector?

Nosotros tenemos un buen vínculo con Cambiemos, estamos permanentemente en contacto. Lo que dicen los funcionarios es que hay una decisión de proteger el empleo en industrias sensibles como la nuestra, que ellos van a tener el cuidado de brindar las condiciones para que las empresas se puedan desarrollar. Sin embargo, estamos observando ciertas medidas que nos pusieron en alerta. En lo que comentan desde el macrismo vemos sensibilidad, veremos si esto se mantiene en la práctica.

¿Cuáles son estas acciones que les generaron preocupación?

Hay una fuerte presión para abrir las importaciones de distintos sectores de la sociedad. Algunos empresarios ejercen una presión sistemática, que en el caso de tener éxito sería muy perjudicial. Existen crisis muy importantes, en nuestra región en el caso de Brasil, en el mundo en general en Oriente, y estos países tienen muchos excedentes por la recesión de los principales mercados, por lo que sus prendas las tratan de ubicar en otras naciones más chicas. Hay una política muy agresiva para llegar a nuestro mercado, por lo que hay que cuidar el empleo argentino y el desarrollo de la industria nacional. Nos estamos manejando en una situación donde el Gobierno tendrá que tomar decisiones fuertes.

¿Y qué medidas le piden a Cambiemos?

Nosotros queremos que se midan las importaciones y tener un plan para que ciertos productos puedan ingresar al país, pero que no sea a precio vil y con un sistema de dumping. Queremos que se controle que los grandes empresarios no se abusen de los pequeños comercios. Desde la Cámara no pensamos que el mercado tenga que estar cerrado a las marcas nacionales y estamos en condiciones de competir en un terreno de igualdad. Lo que si pedimos es que si quieren venir marcas internacionales al país, que no solo vengan a vender excedentes, sino también que vengan a producir acá. Esas empresas deben invertir en el país, instalar sus fábricas y generar empleo.

En este contexto recesivo, ¿cómo se encuentran en términos de producción?

El sector textil, que son los primeros dentro de la cadena de valor, ya habla de 25% de caída en la producción de este año. Hay algunas plantas que ya están con suspensiones importantes. El sector indumentario está notando caídas entre el 10% y 15%, en lo que es vestimenta específicamente, por lo que la preocupación es grande.

¿Considera que el alto precio de la indumentaria puede agravar esta crisis?

Coincido en que el precio de la ropa es alto, pero un litro de nafta en Argentina cuesta el doble que en Estados Unidos, un celular cuesta ocho veces más, un auto puede estar casi 50% más y algunos antibióticos están tres veces más caros acá. Lo que estamos viendo es que la Argentina tiene una estructura de costos que afecta a la totalidad del mercado. Tenemos que ver que no es un tema de un solo sector, sino que es estructural. En nuestro caso específico, cuando comprás una prensa de 1.000 pesos, 550 se van a impuestos, bancos y alquileres. Te queda solo el 45% del precio para empezar a hablar del diseño, desarrollo y fabricación del producto.

¿Y por qué cree que se le recrimina tanto los precios al sector de la vestimenta?

Me parece que es más difícil cuestionarle esto a las telefónicas o al Gobierno, es más sencillo ir a la ropa. Por otro lado, creo que la gente no sabe mucho cuál es el precio de la indumentaria. La gente toma como referencia centros comerciales donde consume la clase media alta, que no representan ni el 20% del volumen vendido en todo el país. Cuando comparás con otros lugares del mundo, no tomás los precios de la calle más lujosa de París o Nueva York.

Otra de los temas que se cuestionan en la producción de indumentaria es el trabajo informal y esclavo. ¿Cómo analiza la situación de los talleres clandestinos de confección?

Es una difícil problemática que nos tiene preocupados. En la construcción o el campo el porcentaje de trabajo informal es más alto que la indumentaria. Sin embargo, en nuestro sector sigue siendo una barbaridad. Nuestra propuesta es generar mecanismos que convoquen a blanquear la situación de los trabajadores a partir de incentivos. Como ahora se puso de moda el blanqueo, acá habría que hacer lo mismo. El trabajo irregular, en negro, es el que más abunda, ya que el trabajo esclavo es muy poco. Sin embargo, es una variante de la esclavitud que existe en ciertos sectores y que es un hecho delictivo, por lo que debe actuar la policía.

¿Qué cree que tiene que mejorar a futuro la indumentaria nacional en este contexto complicado?

La Argentina tiene un valor diferencial muy importante, que es el diseño. Tenemos miles de diseñadores y diseñadoras de altísimo nivel. También tenemos la mejor capacidad de brading de la región. La gran oportunidad del país es desarrollar el sector de diseño de indumentaria, y promover el desarrollo de las marcas argentinas en el mundo. Como no tenemos forma de competir con Oriente en términos de costos, tenemos que apostar a subir la calidad y la propuesta del producto. Italia, por ejemplo, exporta US$ 15.000 millones en moda y con sueldos altos en su cadena productiva. Desde la Cámara proponemos un plan estratégico de desarrollo del sector, pero para esto se necesita la voluntad política no solamente de un gobierno, sino un consenso mucho más amplio. Los gobiernos pasan, pero las industrias quedan.

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