El Economista - 70 años
Versión digital

mie 08 Feb

BUE 29°C
Versión digital

mie 08 Feb

BUE 29°C

Reyes del gradualismo

10-03-2017
Compartir

por Eliana Scialabba (*)

Durante la última conferencia de prensa del ministro Nicolás Dujovne, se presentaron al público las metas fiscales desde el 2017 hasta el final del ciclo del gobierno de Cambiemos en 2019. Desde lo discursivo, surge la voluntad de encarar un camino hacia la reducción del déficit fiscal; sin embargo, dado que las palabras se las lleva el viento, es necesario analizar la trayectoria de la gestión en materia fiscal y monetaria, a los efectos de entender el extremo gradualismo aplicado por el Poder Ejecutivo.

En primer término, la política fiscal durante el primer año ha mostrado señales contrarias a las manifestadas en lo expuesto por el ministro de Hacienda. Tanto la puesta en marcha del plan de Reparación Histórica a los jubilados, como las diferentes transferencias a organizaciones sociales, han mostrado un claro sesgo hacia la política fiscal expansiva: si bien los objetivos de gasto gubernamental son descendentes, exhiben una trayectoria de reducción del déficit que posee una pendiente apenas negativa, más aún si se pone en términos de déficit financiero (el propio Presidente del Gobierno español remarcó, durante la visita de Mauricio Macri a la península ibérica, la necesidad de equilibrio fiscal, si tenemos verdaderas ambiciones de recibir inversión extranjera directa).

Es posible que un partido debutante en el gobierno nacional se viera en la necesidad de “no ajustar” durante los primeros meses, con el objetivo de ganar gobernabilidad. No obstante, durante este segundo año de gestión, los ítems en los que ha ido “recortando” el gasto público son prácticamente insignificantes, tales como el recalculo de la formula de actualización de las jubilaciones, o la quita de la devolución del IVA del 5% en compras con tarjeta de debito: de hecho, se han mostrado proclives a la reducción del déficit solo a través del aumento en la recaudación tributaria derivada de la (posible) recuperación de la actividad económica.

La pata monetaria a cargo de Federico Sturzenegger ostenta el mismo tipo de comportamiento. Lejos de ser un proceso de hiperestabilización, el cual ha dado grandes resultados en el pasado, el BCRA ha dispuesto de un gradualismo explícito, articulado mediante las metas de inflación. La medida es a mediano- largo plazo, y de hecho se establecieron límites con leves reducciones nominales a las transferencias al Tesoro, esperando que la inflación reduzca la carga real.

El comercio internacional no es la excepción a éste esquema de lento avance. Si bien la gestión comenzó con la eliminación de algunas retenciones al agro, los aranceles a la importación se suceden con un letargo adormecedor. Tan solo se eliminaron los impuestos a la importación de computadoras y tablets, y de hecho se ha mantenido la fuerte protección a sectores como el textil y el automotor.

Es evidente que este proceso muestra su costado más endeble, en cuanto dispone en su estructuración la necesidad de estabilidad intertemporal. Es decir que la economía se vuelve más vulnerable respecto de shocks - tanto reales como nominales e internos como externos - visto que depende, en el escenario actual, del nivel internacional de tasas de interés, y ante la suba de tasas esperadas por parte de la Reserva Federal (ya anunciado por Janet Yellen la semana pasada), se aleja el objetivo de consolidación presupuestaria, manteniendo el riesgo de una nueva crisis de financiamiento del sector público.

Asimismo, sumado al incremento de la tasa de interés esperada, el fuerte nivel de endeudamiento en dólares que está llevando a cabo la cartera de Finanzas, plantea la necesidad de mantener un tipo de cambio “estable” (aunque el mismo se vuelve endógeno frente al esquema de metas de inflación planteado por el BCRA, y un shock externo podría “desequilibrarlo”), ya que los intereses de la misma se pagan en moneda fuerte, mientras que el gobierno recauda pesos con cada vez menos valor.

De aquí que el desempeño de la actividad económica quedará sujeto a los vaivenes de la política monetaria internacional y el flujo de capitales externos, con el riesgo de que frente a un gradualismo demasiado prolongado en el tiempo, se vuelva a experimentar una nueva crisis del tipo “sudden stop” (freno súbito del ingreso de divisas).

En este escenario, todas las fichas del Gobierno parecen estar puestas en la recuperación del nivel de actividad, la cual deberá ser muy vigorosa para que el nivel de endeudamiento de los últimos meses y el alza de la tasa de interés externa, en un contexto de déficit fiscal alto, sea consistente a lo largo del tiempo y no vuelva a meternos nuevamente en una “bola de nieve” de deuda externa.

(*) Economista. En colaboración con Leandro Moro

Lee también

Seguí leyendo

Enterate primero

Economía + las noticias de Argentina y del mundo en tu correo

Indica tus temas de interés