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Reforma con sabor a poco, Macri con un viejo amigo y la pelea por la embajada

Salen a la luz los primeros cortocircuitos de la reforma tributaria y Macri parte a Nueva York a reencontrarse con un viejo amigo mientras en el Gobierno aún deliberan quien sucederá ocupará la codiciada embajada de Washington

03-11-2017
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Por Leandro Gabin

“Si un partido de la oposición decía que había que gravar la renta financiera, yo les decía que era una estupidez. Si lo dice este Gobierno, no deja de serlo. También es una estupidez. Al ahorrista en pesos le estás diciendo que no solamente la tasa de interés no le compensa la tasa de inflación sino que además le vas a cobrar impuestos”. Con la sencillez que lo caracteriza, el economista Juan Carlos de Pablo sintetizó la sensación que dejó a gran parte del mercado financiero el ya cantado impuesto a la renta financiera que Nicolás Dujovne, en el marco de la reforma tributaria, presentó esta semana.

Más allá de las idas y vueltas que habrá en la negociación en el Congreso, y en la letra chica de la reglamentación, la iniciativa no estuvo exenta de errores para nada menores. Por ejemplo, que el Gobierno no puede inventarle un impuesto a los bonos ya emitidos y menos los que tienen jurisdicción en Nueva York. Cambiar las condiciones de emisión desataría una catarata de amparos en Estados Unidos de ahorristas. No prosperará el castigo a los bonistas.

¿Le habrán consultado los hacedores de la iniciativa en Hacienda a Eugenio Bruno, el subsecretario de Asuntos Legales y Regulatorios del Ministerio de Finanzas? Las fuentes dicen que no hubo contactos entre la gente de Dujovne y Luis Caputo, que claramente no veía conveniente la implementación de un gravamen en este momento, y que por eso «se mandaron solos y ahora tienen que recalcular».

Pero no sólo Hacienda cometió esos errores por una reforma tributaria que dejó sabor a poco sino que hubo otro capítulo para el blooper. Desde esa cartera distribuyeron a la prensa un documento en el cual, por ejemplo, el aumento del impuesto interno a ciertas bebidas alcohólicas como el vino pasaba de cero a 17%. Cuando se empezó a filtrar ese número, los mismos bodegueros pusieron el grito al cielo. Contaban que los «habían traicionado» en el Gobierno porque ellos habían negociado un aumento de tan solo 5%. Mientras duró la confusión, se intensificaron llamados entre los popes más grandes del mercado hasta que llegó el paper aclaratorio, distribuido un rato después por Hacienda, anunciando que la alícuota quedaba en 10%. Bajó un poco el nivel de conflictividad pero, en definitiva, no hizo que las aguas se calmaran del todo.

Más allá de las idas y vueltas que habrá en la negociación en el Congreso, y en la letra chica de la reglamentación, la iniciativa no estuvo exenta de errores para nada menores. Por ejemplo, que el Gobierno no puede inventarle un impuesto a los bonos ya emitidos y menos los que tienen jurisdicción en Nueva York

El sector, obviamente herido por el impuestazo, tiene decidido hacer lobby con los gobernadores a los que en el Congreso intentarán reducir ese tributo al inicial 5% tal «como se había consensuado en un pacto de caballeros», destacó una fuente. Sin embargo, algunos dejaron una frase que pinta de cuerpo entero cómo será la negociación: «No nos vamos a quedar con los brazos cruzados. Es una medida de terror, nefasta», sintetizó Walter Bressia, el presidente de Bodegas Argentinas.

La sensación general entre los economistas no macristas (que ahora abundan al calor del triunfo electoral de los «amarillos») es que la reforma presentada por Dujovne se resume en una baja gradual y de largo plazo para las empresas, que a su vez se financia con aumentos inmediatos a las personas físicas. En esa ecuación, el Gobierno no baja ningún gasto y el resultado es neutro. Con ello, poca tela deja para cortar que no se ingrese en el terreno de lo subjetivo.

A NYC

Desde el exterior, incluso, poco y nada importó el anuncio de Hacienda. Para los inversores que Mauricio Macri intentará seducir la semana que viene con su viaje a Nueva York, «es un papelón” que hayan metido más impuestos. «Finalmente no bajan nada la carga impositiva. A las empresas le prometen que de ahora a cinco años le van a ir reduciendo si pasa tal o cual cosa. Pero nada más. La verdad es que en términos fiscales termina siendo neutro y nosotros miramos el déficit fiscal, nada más. Lo que hicieron es más para consumo interno porque supuestamente cambian impuestos distorsivos por otros menos dañinos. Siquiera al extranjero le pega el tema de la renta financiera», decía un banquero argentino que trabaja en un fondo estadounidense.

Pero no sólo Hacienda cometió esos errores por una reforma tributaria que dejó sabor a poco sino que hubo otro capítulo para el blooper. Desde esa cartera distribuyeron a la prensa un documento en el cual, por ejemplo, el aumento del impuesto interno a ciertas bebidas alcohólicas como el vino pasaba de cero a 17%

Por ende, Macri no sufrirá ninguna crítica en su visita a la Gran Manzana. De hecho, el Presidente va con todas las intenciones de mostrar su caudal político tras las elecciones y manifestarle a los inversores que este es el momento para que traigan los dólares a la Argentina y hundan capital. Intentará dejar un mensaje claro al mundo financiero: Cristina es parte del pasado político de Argentina (de hecho, peligra que asuma su banca por las causas judiciales), y que su Gobierno está preparado para «repetir» en 2019.

Fuentes allegadas al Presidente deslizan que Macri ya está virtualmente en campaña para una reelección, algo que no dirán por ahora a pesar de que siempre dejaron una ventana abierta. Esa pregunta caerá de maduro en las reuniones con banqueros, empresarios e inversores que le armó Larry Fink, el dueño del fondo BlackRock (uno de los más poderosos del mundo con sede en Nueva York). Este ejecutivo ya estuvo reunido en Casa Rosada junto a Macri en octubre del año pasado. En ese encuentro Fink le manifestó sus intenciones de invertir en el sector inmobiliario y energético de Argentina.

Se sabe, BlackRock es un fondo «amigo» al macrismo. Y hay una anécdota que resume esto: durante el último año de mandato de Cristina Kirchner y en pleno cepo cambiario, el equipo económico del entonces ministro de Hacienda de la CABA, Néstor Grindetti, se preparaba para emitir bonos en el exterior para pagar un vencimiento de deuda (el famoso roll-over). Llegaron a las oficinas de BlackRock en Nueva York en medio del roadshow que tradicionalmente hacen los emisores. En esas reuniones, ejecutivos de BlackRock le dejaron en claro a los emisarios de Grindetti (y, por ende, de Macri cuando gobernaba la Ciudad), que estaban dispuestos a comprar el bono de CABA, pero con una condición. «Ustedes no emitan más de lo que necesitan para pagar la deuda. No los quiero ver tomando más dólares de los que necesitan. Porque esos dólares de más van a ayudar al Gobierno central (léase, Cristina) que está con pocas divisas. Y nosotros no queremos financiar a ese gobierno», disparó para asombro de los funcionarios

porteños. Esa condición, se cumplió. No hubo billetes de más que dieran oxígeno al cepo.

Y Washington?

El viaje presidencial a Estados Unidos, que contará con la tradicional visita a la Bolsa de Comercio neoyorquina, también reflotará una cuestión no menor como la ausencia de un embajador en Washington. Después de la salida de Martín Lousteau en abril de este año, Macri aún no definió al que lo reemplazará. En la terna figuran Esteban Bullrich (que sumó puntos por haberle ganado a CFK pero que su postulación es una especie de premio), Mariano Federici (que comanda la UIF y viene del Fondo Monetario Internacional) y el abogado Martín Litwak (especialista en temas patrimoniales y jurisdicciones offshore).

Desde el exterior, incluso, poco y nada importó el anuncio de Hacienda. Para los inversores que Mauricio Macri intentará seducir la semana que viene con su viaje a Nueva York, «es un papelón” que hayan metido más impuestos

De los tres, el que más le serviría a Macri actualmente sería Litwak que, a pesar de tener la contra de no contar con ningún «padrino» político, tiene llegada directa a la familia Trump. De hecho, Fulvio Pompeo, el secretario de Asuntos Estratégicos, es el encargado de decidir el nuevo embajador en Estados Unidos. Todavía no se decide porque, precisamente, el que tendría más chances ?Litwak? (vive en Palm Beach y es asiduo en las reuniones que a fin de año hace Donald Trump en sus mansiones) no genera la confianza suficiente al no venir de la política ni estar recomendado por alguien del macrismo. Es, en realidad, un outsider que se empezó a ver con buenos ojos por su acercamiento al presidente estadounidense.

Federici, en su caso, tiene la desventaja de venir del FMI, algo que puede ser leído como una concesión a ese organismo o directamente interpretarse como que «vendieron la embajada al FMI», en palabras de un hombre cercano a las negociaciones. Sea como fuere, las fuentes ligadas al tema dicen que Pompeo se expedirá «en breve» acerca de cual de los tres candidatos obtendrá la codiciada embajada en Washington.

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