El Economista - 70 años
Versión digital

jue 18 Ago

BUE 5°C
Versión digital

jue 18 Ago

BUE 5°C

Recesión y más allá

El 2019 traería algo de alivio, por suerte. Si bien las expectativas apuntan a otra caída del PIB, en el 2° T arrancaría la recuperación.

21-12-2018
Compartir

Por Matías Carugati Economista Jefe M&F Consultora & Florencia Hernández Economista M&F Consultora

Se confirma una recesión más suave de lo anticipado. La economía cayó 0,7% trimestral (sin estacionalidad) entre junio y septiembre, acumulando dos períodos sucesivos a la baja. El desempeño fue mejor a lo esperado por el mercado (la mediana implícita del último REM era de -1,7% trimestral), lo cual también se refleja en la variación anual del PIB, que mejoró marginalmente (-3,5% en el tercer trimestre). Mientras que el impacto de la sequía se fue disipando, la economía real sintió las consecuencias de la corrida cambiaria iniciada en agosto (aceleración de inflación, endurecimiento del crédito, mayor incertidumbre, más ajuste fiscal). Para el último cuarto del año el mercado espera una caída de 1,7% trimestral (sin estacionalidad), lo cual dejaría una variación del PIB de -1,9% promedio en 2018. Si bien las perspectivas a muy corto plazo no son positivas, la estabilización lograda por la nueva política monetaria y el esfuerzo de la política de ingresos pueden cumplir un rol amortiguador. Ello dejaría el terreno mejor preparado para una recuperación que, hasta ahora, no se prevé que ocurra con demasiado ímpetu.

La demanda interna se derrumbó. El salto cambiario, el fuerte incremento en la incertidumbre y un mercado interno en contracción golpearon a la inversión (-8,1% trimestral, -11,2% anual). En tanto, el deterioro del poder adquisitivo, el encarecimiento del crédito y el desplome de expectativas afectaron al consumo privado (-4% trimestral y -4,5% anual). Por su parte, el ajuste fiscal comenzó a notarse en las cifras de consumo público (-1,5% trimestral y -5% anual). Lógicamente, todo ello se reflejó en la evolución de las importaciones (-7,5% trimestral y -10,2% anual). Por el contrario, las exportaciones mostraron mejor desempeño, dejando atrás lo peor de la sequía pero aún no del todo recuperadas (+4,1% trimestral y -5,9% anual). En este aspecto, las ventas externas de manufacturas industriales ayudaron bastante.

El mercado laboral no se resintió tanto como se esperaba. Si bien comenzó a mostrar lógicos signos de fragilidad, se esperaba un deterioro mayor en los indicadores del tercer trimestre. La tasa de desempleo aumentó de 8,4% a 9% en el último año, con mayor incidencia entre mujeres que varones. El deterioro del poder adquisitivo de los hogares habría llevado a que más mujeres ingresaran al mercado laboral (lo que explicaría el aumento en la tasa de actividad) pero sin mucho éxito para encontrar empleo. Eso explicaría el comportamiento diferencial del desempleo de hombres y mujeres y por qué la tasa de empleo se mantuvo prácticamente sin cambios. El mecanismo de ajuste parece recostarse más sobre el lado de los salarios reales (que cayeron notoriamente) que sobre el nivel de empleo. De todos modos, la presión sobre el mercado laboral viene en aumento, y no se prevén demasiados cambios a corto plazo, dada la dinámica de la economía real.

Lo mejor que puede esperarse para lo que resta del año?es que termine. Por el lado del consumo, cálculos preliminares de nuestro indicador coincidente apuntan a una caída anual del 5% para el bimestre octubre-noviembre. Esperamos que los datos faltantes de noviembre-diciembre sean más positivos, pero sólo de forma marginal. En cuanto a la inversión, estimaciones de Orlando Ferreres muestran una baja de 15% anual en octubre (acumula un retroceso de 2,3%) y el contexto macro y político no permiten ver un cambio significativo a corto plazo. Con el Gobierno embarcado en el proceso de ajuste fiscal, sólo las exportaciones netas traen algo de alivio. Gracias al freno de actividad, la normalización posequía y una mejora en la competitividad, se notó un fuerte incremento en las cantidades exportadas (13% anual) y un desplome en el volumen de compras al exterior (-34% anual), tendencia que seguiría si se consolida una buena sequía y mejores condiciones de actividad en Brasil. Así todo, el empuje de las exportaciones no alcanzará a compensar el “tirón” de la demanda interna, cerrando el año con el PIB en rojo.

El 2019 traería algo de alivio. Si bien las expectativas apuntan a un año con otra caída del PIB (-1,2% según el REM), hay cierto consenso en que, de no mediar shocks inesperados, para el segundo trimestre del año arrancaría la recuperación. El timing exacto y la velocidad de la misma son materia de discusión. Dado el contexto electoral, no se espera un repunte de las inversiones. Pero el motor de las exportaciones se verá potenciado por el empuje del consumo privado, ya que los ingresos reales recuperarían parte del terreno perdido en 2018. La gran incógnita es el rol que jugará la política, ya que el calendario electoral arranca temprano (elecciones en Neuquén en marzo) y cambios en las posibilidades de reelección de Mauricio Macri afectarán el contexto financiero, retroalimentando la dinámica de la economía real.

Lee también

Seguí leyendo

Enterate primero

Economía + las noticias de Argentina y del mundo en tu correo

Indica tus temas de interés