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Reactivar es hoy más urgente que recuperar los equilibrios macro

Cebar el consumo privado, gasto público expansivo y atraso del tipo de cambio, las recetas para acelerar la reactivación.

06-06-2016
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Hace unos meses planteábamos la posibilidad de que, ante la ausencia de brotes verdes nítidos en la proximidad del segundo semestre, el Gobierno se tentaría con estimular la economía a través de los mismos mecanismos non sanctos y tan criticados que usó el kirchnerismo en sus últimos años: cebar el consumo privado, tener un gasto público expansivo y atrasar el tipo de cambio real.

 Dicho y hecho. Hoy, ambas cosas están ocurriendo: no hay tales brotes (en rigor, lo contrario está ocurriendo: la economía está cayendo y los precios están rodando a más de 40% anual) y el equipo económico, superley mediante, ha adoptado un modo expansivo y se ha puesto a gastar (o, lo que es lo mismo, resignar ingresos). “El Gobierno va a gastar mucha plata en el segundo semestre”, dijo Luciano Cohan, economista jefe de Elypsis, hace unos días. Asimismo, el Gobierno prometió que no hará más ajustes en los precios regulados e, incluso, dio marcha atrás en algunos aumentos en las tarifas con tal de acelerar la llegada de la reactivación del consumo, pieza clave del PIB.

Algunos economistas ya empiezan a hablar de neokirchnerismo y los mercados empiezan a dudar del compromiso oficial con recomponer los extraviados equilibrios macroeconómicos, pero esa es otra historia. La apuesta oficial implica sacrificar los tiempos de la recomposición de esos equilibrios, e incluso tolerar algo más de inflación por un ensanchamiento del bache fiscal, y priorizar prender los motores de la economía de modo urgente. Así lo demuestran, inequívocamente, los últimos pasos recorridos por el Gobierno en el terreno económico.

“La novedad de la política económica está en que el Gobierno se ha decidido a anticiparse al sector privado para dinamizar la economía”, dice Hernán del Villar desde el Estudio Alpha. “Las medidas propuestas aumentan las posibilidades de una recuperación de la economía sobre el final de este año, pero en lugar de confiar en la mejora de la inversión se recurre a un aumento en el consumo impulsado por un mayor gasto estatal”, escribió Daniel Artana desde FIEL en un informe difundido el viernes, y dejó una advertencia: “Esto puede generar dudas sobre la sostenibilidad de las cuentas fiscales y externas de la Argentina. El riesgo país implícito en la deuda nacional es todavía muy elevado como para priorizar la coyuntura política dejando a un lado la consistencia macro de largo plazo”.

"El crecimiento de largo plazo depende de la inversión y la productividad”

“Ante una desmejora de las condiciones externas de la economía, el Gobierno anterior intentó mantener un nivel de consumo por encima de las posibilidades de la economía que se financió con el uso de reservas del BCRA. Ello debería llevar a reflexionar sobre la sostenibilidad a futuro de tratar de obtener una mejora permanente de la economía a partir de potenciar aún más el consumo. El crecimiento de largo plazo depende de la inversión y la productividad”, insiste Artana.

Más allá de las críticas, para el Gobierno la llegada de la superley es oportuna: por un lado, aumenta las oportunidades para de una reactivación una vez que el dinero (serán entre $150.000 y $ 200.000 millones, según un cálculo de Fabio Rodríguez y Gustavo Marangoni) empiece a llegar a los bolsillos de los jubilados y más si entran dólares adicionales vía el blanqueo para apuntalar el gasto en infraestructura y, por el otro, lo protege políticamente pues es un proyecto que, lógicamente, cuenta con un apoyo social y político elevado. Los economistas, en cambio, serán más críticos. Cualquier similitud con tiempos pasados recientes.

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