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“Prevemos una mejora del PIB del 3,5% para 2017”

Entrevista a Lorenzo Sigaut Gravina, Economista jefe de Ecolatina.

07-09-2016
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En diálogo con El Economista, Lorenzo Sigaut Gravina habla de todos los temas que hoy componen la agenda económica. Sobre la inflación, dice que no hay que cantar victoria antes de tiempo, “más aún si persiste cierto atraso cambiario y tarifario” y pone sus reparos sobre la capacidad del BCRA para desarticular “un proceso inflacionario persistente y con tasas elevadas”. Dice que algunos sectores están tocando su piso, pero eso no cambiará el hecho de que el PIB caerá 2% en 2016. Alerta sobre el gradualismo fiscal y sobre la baja elasticidad empleo-producto, “es decir, una menor creación de puestos de trabajo por cada punto de expansión del PIB”. Por último, se refiere al proceso inversor, que aún no tiene la solidez que el Gobierno desearía. “Los inversores comparten el rumbo elegido por la nueva administración, pero antes de hundir capital en el país se preguntan si el capitán del barco podrá llevarlos al destino promovido ante tanta incertidumbre”, argumenta.

Hay un fuerte optimismo oficial con respecto a la batalla contra la inflación, compartido por algunos de sus colegas. ¿Cómo ve usted el proceso de desinflación y considera que “ya no es un tema”, como declaró Alfonso Prat-Gay?

Si bien es cierto que la inflación viene desacelerando (según el IPC GBA Ecolatina, la inflación núcleo trepó 1,5% en agosto de 2016) no coincido con la frase “ya no es un tema” pronunciada por el ministro de Hacienda y Finanzas Públicas. Tras una década de fuertes alzas de precios (en torno al 25% anual), el proceso inflacionario tiene mucha inercia por lo que no conviene cantar victoria antes de tiempo. Más aún, si persiste cierto atraso cambiario y tarifario: cuando estos precios rezagados recuperen el terreno perdido, la inflación volverá a acelerarse como sucedió este año y también en 2014. Por último, las expectativas de inflación aún no están domadas (están en torno al 25% para los próximos doce meses) y las próximas paritarias lucen complejas. Si no hay reapertura de paritarias o bonus de fin de año, la presión a recuperar la caída del salario real en 2017 (año electoral) por parte de los sindicatos será muy fuerte. No hay que subestimar el desafío de contener la puja distributiva y lograr una trayectoria descendente de la inflación.

La inflación, dice el BCRA y coinciden los economistas sondeados en el REM, rondará el 1,5% mensual en los últimos meses de 2016. ¿Cómo se hace para perforar ese piso y llevar la inflación, como pretende el la autoridad monetaria, al rango de 12%- 17% en 2017 y que más debería hacerse, no sólo desde el BCRA, sino desde la política económica en general para converger a esa meta?

Me parece que ese debate sobre cómo desactivar la inercia es el que se viene. A principios de la administración Macri, las autoridades hablaron de un pacto social entre los principales actores económicos para desarticular la inercia de las principales variables nominales de la economía. Pero el Gobierno abandonó esa iniciativa y en la actualidad sólo el ministro de Hacienda y Finanza Públicas destaca la importancia de instrumentar dicha política. Pero el timing para aplicar esa política eran los primeros meses del Gobierno: la inflación ya se aceleró (se encuentra en torno del 40% anual) y en menos de doce meses habrá elecciones primarias para las legislativas de mitad de término, por lo que construir consensos serás muy complejo. En el pasado toda baja abrupta de la inflación contó con una política explícita para desarticular dicha inercia y esa era una pata fundamental de un plan exitoso de estabilización de precios. En la actualidad, el único elemento que intenta coordinar expectativas es el régimen de metas de inflación del BCRA, pero no está claro que este sirva para desarticular un proceso inflacionario persistente y con tasas elevadas.

Algunos colegas de usted plantean que el nivel de actividad hizo piso, es decir, ha dejado de caer. ¿Lo ven así y qué tipo de recuperación tendremos?

Efectivamente observamos cifras de crecimiento en el margen en algunos sectores productivos. Algunos datos de julio y agosto muestran una variación mensual desestacionalizada positiva, que marca un cambio de tendencia respecto del primer semestre. Pero no está claro si la mejora de algunos indicadores alcanza a compensar el sesgo recesivo que aún persiste en otras actividades. Una golondrina no hace verano. Creemos que los brotes verdes van a ser significativos hacia finales del año, lo cual daría inicio a una recuperación gradual del nivel de actividad. El crecimiento no será muy elevado (prevemos una mejora del PIB en torno al 3,5% para 2017 tras caer casi 2% este año) y el repunte de la inversión no será tan pujante como el Gobierno desearía.Algunos sectores productivos siguen afectados por un tipo de cambio real poco competitivo en un contexto de mayor apertura comercial. Además, el contexto internacional no será tan favorable: la economía de Brasil dejaría de caer el año que viene, pero demorará tiempo en retomar un sendero de expansión vigoroso; las commodities agrícolas no tendrían demasiado recorrido alcista y, además, es posible que la Reserva Federal continúe elevando gradualmente la tasa de interés de la principal economía del mundo

Desde la publicación del EPH del Indec, el debate sobre el mercado de trabajo se instaló aun con más fuerza. El crecimiento, es lógico, es necesario pero no suficiente para que la rueda laboral se empiece a mover. ¿Avizoran un crecimiento en la demanda de empleo privado o la recuperación que se perfila en el nivel de actividad será tacaño en ese aspecto?

Algunos alertan, por caso, de que los sectores más dinámicos, como el agro, no son intensivos en mano de obra. Esperamos que el crecimiento de la actividad sea liderado por sectores capital intensivos (agroindustria, minería, etcétera) lo cual implica una menor elasticidad empleo-producto. Es decir, una menor creación de puestos de trabajo por cada punto de expansión del PIB. Hay buenas perspectivas de creación de empleo en los sectores de servicios (no transables) pero preocupa el escaso potencial de generación de trabajo de baja calificación. El Gobierno apuesta a una reconversión del aparato productivo pero dicha política demora tiempo, por lo que en el corto plazo el principal sector creador de empleo sería el asociado a la construcción y la obra pública. Si el Ejecutivo no logra apuntalar estos sectores, la transición hacia un nuevo modelo de empleo será con elevada desocupación.

El Gobierno ha dicho una y otra vez su estrategia de fiscal es gradualista y, más importante aún, es lo que está haciendo. ¿Le preocupa eso?

Lo que preocupa es que probablemente la consolidación fiscal anunciada por el Gobierno no pueda cumplirse en 2017 (será muy difícil que el déficit primario ajuste 1,5% del PIB en un año electoral) y el Gobierno está cubriendo el bache con demasiada deuda externa. El nivel de endeudamiento en moneda extranjera heredado es bajo, pero ese elevado financiamiento externo produce mayor apreciación cambiaria, generando un escenario de atraso en un contexto de mayor apertura comercial (que pone en riesgo empleo local). La decisión del Gobierno ha sido correcta al aplicar gradualismo fiscal y comparto la idea de achicar el déficit en años de crecimiento. Ojalá que esta estrategia funcione porque la alternativa es muy compleja socialmente: ajuste fiscal con más recesión.

Se viene el Argentina Business & Investment Forum, que se realizará en el CCK entre el 12-15 del mes en curso. La cita tendrá varios motivos y uno de ellos será mostrar las oportunidades de inversión que hoy ofrece el país. Y, si se puede, concretarlas. Más allá de las oportunidades, conocidas por todas, supongo que también se hablará de los obstáculos, problemas, riesgos y deberes que aún debe hacer el Gobierno para que haya un proceso inversor, tanto externo como interno, con una magnitud mayor. ¿Cuáles cree que son esos ítems?

El avance del Gobierno de Macri hacia una economía normalizada es positivo, pero la pesada herencia económica no se resuelve simplemente recuperando ese faro. Desarmar la pesada herencia requiere implementar un plan económico consistente que ayude a no extraviar el rumbo en la transición hacia una economía abierta y de mercado. Cualquier atajo ?como apelar al endeudamiento externo? puede llevar a repetir errores del pasado (mayor atraso y desempleo). Los inversores comparten el rumbo elegido por la nueva administración, pero antes de hundir capital en el país se preguntan si el capitán del barco podrá llevarlos al destino promovido ante tanta incertidumbre.

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