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¿Por qué estamos tan caros en dólares? Sobran los motivos

Un informe compara los valores en dólares del mismo producto en la tienda online de Falabella en Argentina, Chile, Colombia y Perú. ¿Resultado? “Los consumidores argentinos pagamos poco más del doble que nuestros pares chilenos, colombianos y peruanos”, dice.

23-08-2016
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“Se suele afirmar que Argentina está 'cara en dólares' y que los consumidores argentinos pagamos precios muy superiores a los vigentes en otros países de la región y el mundo, pero escasea la evidencia que valide y/o cuantifique con precisión esta afirmación”. Así comienza Federico Muñoz, titular la consultora homónima, su último informe.

Para “testear” esa hipótesis, recurre a un cálculo sencillo: comparar los valores en dólares del mismo producto en la tienda online de Falabella en Argentina, Chile, Colombia y Perú. ¿Qué encontró? “El resultado del ejercicio corroboró las presunciones previas: el producto argentino fue sistemáticamente más caro que el mismo bien en las tiendas de los tres países andinos”, dice (ver tabla).

Si cotejamos el valor del producto argentino con el precio promedio de los otros tres países, el rango de sobreprecios va de poco más de 20% (en un perfume Carolina Herrera, por ejemplo) a casi 200% (en una impresora Hewlett Packard, por ejemplo). El sobreprecio mediano es 116%. “Vale decir que, como norma general, los consumidores argentinos pagamos poco más del doble que nuestros pares chilenos, colombianos y peruanos”, señala Muñoz. “Argentina está cara (o carísima), inclusive para los parámetros regionales”, añade.

¿Codicia empresaria?

Los balances de Falabella (como cotiza en Bolsa, ofrece información financiera detallada y precisa sobre sus operaciones en los distintos países) brindan valiosa información complementaria para enriquecer el análisis. Allí, Muñoz destierra un argumento que suele escucharse por estos pagos: la rentabilidad excesiva del canal de comercialización.

¿Qué encuentra? Si bien las operaciones de la firma de capitales chilenos en el país exhiben “el mayor margen bruto de la región”, esa renta se diluye en sus muy elevados gastos de administración y ventas y, por lo tanto, el margen neto (EBITDA) de la operación argentina resultó ser el menor de los cuatro países relevados.

Un poco más allá

Muñoz explica que “el retraso cambiario no puede ser el principal argumento explicativo de la enorme brecha que existe entre sus precio local e internacional” pues, arguye, “los transables siempre podrían ser importados a precio internacional y su valor en el mercado local no debería diferir demasiado de su paridad de importación más los costos de nacionalización y comercialización”. ¿Entonces?

¿Por qué el precio de un transable en nuestro país es tan distinto al vigente en otros puntos de la región? Hay varias puntas. Dice Muñoz: “El problema es que la Argentina de los últimos años dista mucho de poder ser caracterizada como una economía abierta”. Según la OMC, el arancel promedio a las importaciones en Argentina es sensiblemente mayor al de los tres países andinos. “Más significativas aún que las arancelarias son las barreras paraarancelarias”, agrega.

“Las barreras al comercio disocian el precio doméstico de la paridad de importación no sólo porque encarecen el ingreso de mercaderías, sino además porque facilitan comportamientos monopólicos u oligopólicos en la oferta local. El cierre de la economía se convierte entonces en un factor explicativo crucial ?acaso el principal? de nuestros sobreprecios”, concluye. En 2015, el ratio importaciones sobre el PIB cayó a 10%, “lo que nos convierte en una economía decididamente cerrada”.

Pero hay más?

No puede ignorarse en el análisis al gasto público, que “explotó” en los años kirchneristas. Nada es gratis en economía, decía Milton Friedman. La contracara del aumento en las erogaciones del Estado, dice Muñoz, fue “el aumento excesivo de la presión tributaria y el retorno a un régimen de alta inflación”. Todo ello, dice, “se termina trasladando a los consumidores y engordando los comentados sobreprecios”.

Y la lista sigue. “En el país también debemos lidiar con sobrecostos laborales, logísticos y financieros: otros tres factores que contribuyen a engordar los sobreprecios”, añade.

En los últimos años, dice Muñoz en su exhaustivo informe, los salarios de los trabajadores formales argentinos han crecido muy por encima de los de sus pares de la región (y también por encima de las mejoras de productividad). “Por ende, nuestros altos costos laborales seguramente imponen una diferencia sustancial en los gastos de comercialización y constituyen un componente de peso en los sobreprecios que pagamos los consumidores argentinos”, reseña.

El tradicional informe “Doing Business” del Banco Mundial informa costos y tiempo de trámites de importación. “La enorme brecha de desempeño entre Argentina y sus pares regionales demuestra que la logística cara y la burocracia ineficiente de nuestro país también aportan al encarecimiento de los bienes que consumen los argentinos”, agrega.

Por último, según el spread Corporate EMBI de JPMorgan, las firmas argentinas pagan tasas de interés muy superiores a las de sus pares regionales. “Nuestros sobrecostos financieros son una derivación natural del default soberano y de nuestro escenario de alta inflación y seguramente constituyen otro factor explicativo de peso del diferencial de precios que castiga a los consumidores argentinos”, señala.

El otro lado

Hasta aquí, dice Muñoz, “abordamos el problema de 'ser caros en dólares' desde la perspectiva de los sobreprecios que pagan los consumidores”. Pero, añade, los productores locales de transables “sufren el mismo estigma” y “encuentran serias dificultades para ser competitivos y colocar su producción en el exterior”. No casualmente las exportaciones anuales han caído en casi US$ 30.000 millones desde su máximo de 2011.

Según Muñoz, la salida que propone el equipo económico a este atolladero se centra en lo que se conocen como “reformas de segunda generación”. A saber: (I) reducción del costo de capital, (II) avance de obras de infraestructura (para reducir costos de energía y transporte); (III) reducción del costo laboral extra-salarial (ART's, por ejemplo), (IV) reforma impositiva para bajar el costo del empleo y la producción; (V) innovación científica; (VI) promoción de la competencia; (VII) desburocratización y, por último, (VIII) integración comercial al mundo.

“La agenda de reformas es atinada y debiera contribuir a recuperar competitividad. Sobre todo, si es complementada con un avance sostenido del proceso de saneamiento de la macroeconomía (reducción de la inflación y del déficit fiscal), clave para reducir la incertidumbre y estirar el horizonte de decisiones”, dice Muñoz, pero advierte que no será fácil.

“Dada la magnitud del actual retraso cambiario, la recuperación de competitividad sin devaluación se convierte en un desafío de entidad intimidante, y serán necesarios progresos a muy buen ritmo en toda la agenda de reformas para que el programa económico macrista tenga chances de convertirse en un sendero hacia el desarrollo económico”.

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