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¿Por qué la economía aún no logra revertir el actual ciclo recesivo?

02-11-2016
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por Mariano Cúparo Ortiz

Los datos de septiembre siguen generando revisiones y nuevos análisis, tras el supuesto rebote de la actividad en agosto, y las nuevas caídas en los datos de septiembre que revelaron que se había tratado de un “falso despegue”, tal como lo definió el director del Centro de Estudios Económicos de Orlando Ferreres & Asociados, Fausto Spotorno.

Algunas consultoras privadas ya comienzan a revisar sus expectativas de caída para el 2017, tal es el caso de Labour Capital Growth (LCG) que pasó de prever una de 1,8% hace dos meses a una de 2,3% en la actualidad. Eduardo Levy Yeyati, director de Elypsis, sostuvo recientemente que “la caída será de entre 1,5% y 2%, más cerca de 2% que de 1%”.

Acerca de esta situación, Julio Piekarz dijo: “La primavera también se demora para los brotes verdes. Alfonso Prat Gay fue cándido en dar por superada la inflación y ahora se apresuró en asegurar la reactivación. Las expectativas de que la aparición de algunos brotes verdes en agosto y septiembre preanunciaran el cese de la caída en los niveles de actividad y un tercer trimestre bisagra para la recuperación, entraron en modo pausa luego de la difusión de nuevos indicadores”.

Señales a futuro

Pocos discuten que el número de actividad del año que viene será positivo. La discusión es si ese rebote será meramente estadístico (a causa de la comparación con un 2016 muy bajo) o si se tratará de un auténtico despegue.

Spotorno encuentra señales claras de que la economía se reactivará: “Esa levantada de agosto se abortó en septiembre. Fue un falso despegue. Pero cuando los economistas miramos los números, miramos indicadores que tratan de anticipar la realidad. Al mirar esos números la cosa es bastante más positiva”.

Y detalló: “El área sembrada de trigo creció 20%. Eso no significa que se produjo más trigo, eso es a fin de año. También la venta de agroquímicos crece al orden del 7% anual. Quiere decir que se está invirtiendo para producir granos a fin de año. Los permisos de construcción crecieron 7%. Eso también es a futuro. La confianza del consumidor creció. No se está consumiendo pero va a mejorar en el futuro”. “El problema es que no se está realizando eso, pero hay un aspecto positivo que es que aquellos indicadores que anticipan son positivos. Los brotes verdes aparecieron en agosto, ahora desaparecieron pero las perspectivas son positivas”, cerró.

Consumo e inversión

El economista de la UBA y ex director del Indec, Alejandro Barrios, opinó distinto: “El crecimiento de 2017 será estadístico, por un muy bajo 2016, pero la producción real será menor que en 2015 y 2013”.

Y luego detalló: “¿Qué motor haría arrancar la economía en 2017? La demanda externa no. ¿La interna? ¿Cuál de sus componentes? Consumo no. ¿La inversión? ¿Por qué? ¿Por qué aumentaría la inversión en 2017? Si se prometieron US$ 12.000 M al año y se necesitan US$ 80.000 M (el 15% del PIB) y el uso de la capacidad instalada está al 60%. Las importaciones proyectadas recién en 2018 alcanzarían los niveles de 2013 y cayeron bienes de capital e intermedios”.

En esa línea se expresó un reciente informe del Instituto de Trabajo y Economía de la Fundación Germán Abdala (ITEGA), que sostuvo que “la caída del consumo en septiembre refuerza el argumento de que la reactivación no será posible únicamente con una moderación en los precios, sino que son necesarias políticas concretas para recomponer los salarios de los trabajadores, y mejorar las expectativas de mediano plazo en cuanto a empleo e ingresos. Aun con el prometido bono, el año finalizará con una caída del salario real y será difícil un repunte del consumo”. Y además sostuvo: “La tasa de referencia de la política monetaria resulta positiva en términos reales y puede estar teniendo efectos contractivos en el crédito al consumo y la inversión”.

Algo similar sostuvo Hernán Hirsch, de FyEConsult, en un reciente informe. Para él la caída de 2016 será de 2% y la recuperación del 2017 de 2,5%, bastante por debajo de la meta pautada por Hacienda. Hirsch especifica que de la mano de los futuros aumentos de tarifas, una política monetaria contractiva que impactará en el crédito, un efecto riqueza negativo por la apreciación cambiaria que se espera en una economía con muchos ahorros dolarizados y la debilidad de la demanda de empleo, tano el consumo en particular como la demanda agregada en general se verán afectadas.

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