El Economista - 70 años
Versión digital

mar 19 Oct

BUE 11°C

Versión digital

mar 19 Oct

BUE 11°C

“Para tener final feliz hay que evitar errores del pasado”

02-11-2016
Compartir

“La reactivación que el Gobierno esperaba para el segundo semestre del año está todavía en veremos. Hay indicadores que muestran alguna recuperación pero otros no, sugiriendo que, en el mejor de los casos, la economía habría dejado de caer”, manifestó ayer Daniel Artana, economista jefe de Fiel.

Las necesidades de la política y las de la economía no siempre son las mismas, y seguramente no las sean cuando tenemos un Gobierno joven y débil que necesita acumular poder y refrendarse en las urnas, por un lado y, por el otro, una economía herida y con necesidad de cirugía mayor.

Eso sugiere Daniel Artana, economista jefe de Fiel, en un trabajo publicado ayer. La estrategia del Gobierno para el 2017, dice, “se contrapone con los problemas que la economía debe resolver para asegurar un crecimiento sostenido”.

El foco en aumentar el consumo por la vía del programa de reparación histórica a los jubilados y en postergar una corrección fiscal significativa no ayuda a mejorar la tasa de ahorro de la economía de modo tal de financiar en forma sostenible la necesaria suba en la inversión, argumenta. “Los números macroeconómicos son claros”, amplía.

La Argentina tiene un exceso de consumo respecto de lo que es viable en el largo plazo: invierte muy poco (15%-16% del PIB) y a pesar de ello tiene un déficit externo de 3% del PIB. “El gran responsable de que el ahorro nacional sea sólo 12- 13% del PIB es el aumento en el consumo público que explica el cambio en la posición fiscal desde un superávit a un déficit importante”, dice. Aun si aumentara la inversión, eso implicará más déficit externo y, si los humores cambian, eventualmente una reversión abrupta del ingreso de capitales.

“De todas maneras, para que no surjan dudas respecto de la sostenibilidad externa de Argentina, debería observarse un aumento en las exportaciones importante y sostenido. La decisión de corregir muy gradualmente el déficit fiscal y financiarlo en parte con deuda externa complica esa salida porque resulta en un tipo de cambio más atrasado que el que resultaría con una política fiscal más dura que, a su vez, permitiría que la política monetaria sea más blanda”, explica.

En otras palabras, “el Gobierno le reclama al sector privado que mejore la productividad pero eligió una mezcla de políticas que lo obliga a éste a ajustar de shock, dados los altos costos en dólares”, explica, y señala que tampoco avanza en medidas que ayuden a reducir costos, tales como encarar la rigidez en la legislación laboral o desregular para eliminar los sobrecostos que existen en muchas actividades como consecuencia de la protección arancelaria y de los privilegios sectoriales.

Artana recuerdo que el país ha pasado muchas veces en su Historia por períodos de alto déficit fiscal financiado con endeudamiento externo en una economía cerrada a las importaciones y con regulaciones prebendarias. “El final de la historia, luego de un período de atraso cambiario, fue siempre una crisis externa cuando los mercados de capitales dejaron de financiar los déficits gemelos. Para que esta vez tengamos un final feliz hace falta evitar repetir los errores del pasado”, sugiere.

Artana no avizora esa agenda que reclama en el corto plazo ni antes de las elecciones. “Habrá que esperar doce meses para poder saber si el Gobierno está dispuesto a intentarlo”, dice. El riesgo no es menor.

Seguí leyendo

Enterate primero

Economía + las noticias de Argentina y del mundo en tu correo

Indica tus temas de interés