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“No me imagino un país sin un sector industrial”

EDICIÓN ESPECIAL 65 ANIVERSARIO. Entrevista a Javier Madanes Quintanilla, Presidente de Aluar y Fate.

11-07-2016
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por Carlos Boyadjian y Juan Radonjic

Javier Madanes Quintanilla se define a sí mismo como un industrial argentino más que un empresario. Es que el desarrollo industrial está en el ADN de este hombre de negocios, miembro de un selecto grupo de empresarios de capital nacional con importantes operaciones, tanto en el país como en el exterior. Conduce Aluar, la única compañía que produce aluminio en el país y, además, es accionista mayoritario de Fate, empresa dedicada a la fabricación de neumáticos. En diálogo con El Economista, Madanes Quintanilla consideró que frente a la actual tendencia que valoriza la economía del conocimiento y la innovación, nuestro país necesita aún tener una matriz productiva diversificada, en la cual los sectores industriales tengan su relevancia en términos de producción y empleo. Para ello, sostiene, hay que convocar a un gran debate nacional para analizar cómo potenciar y defender a cada sector productivo, en lugar de definir a qué sectores salvar o condenar. Asegura que “cada país debe buscar su propia receta para resolver los problemas”, y destaca el rol de la educación en la economía del futuro.

¿Es posible pensar en una Argentina industrial?

No es que sea posible, es necesario. Lo que ocurre es que por ahí somos demasiado ambiciosos en la visión. Tenemos una expectativa muchas veces detenida en el tiempo y ahora le estamos prestando mucha atención a visualizar la Argentina de 2050 y toda la nueva economía, con una visión un poco despreciativa de los bienes transables y del sector industrial y fundamentalmente orientada a aquellas actividades que generan rápidamente una ganancia de capital, como las startups. Esta es una teoría que, probablemente, sirva para otras sociedades de una manera mucho más directa pero creo que Argentina tiene que recorrer todavía un camino y tener una matriz más diversificada porque si no el costo social que se puede pagar para mantener en una cierta situación de confort a los 42 millones de habitantes se va a volver imposible.

En ese sentido ¿cómo ve este momento particular de relativo apoyo a nivel gubernamental al sector industrial y a las pymes?

Todavía no hay una discusión desde el plano profundo con respecto al rol de los distintos sectores. Hay una idea instalada desde algunos lugares, como que hay que elegir a quién rescatar y a quién no. Me parece que es un pensamiento que puede volverse bastante maléfico porque acá no se trata de decidir quién vive o quién muere. Todos debemos abstraernos de ese factor de poder y de regular sobre la vida o la muerte de las actividades de los demás. Hay que circunscribirse más a mirar en serio lo que existe, cómo se puede defender, el costo de defenderlo y el rol que puede jugar tal o cual sector en el largo plazo en Argentina. No es que todo se hace bien pero tampoco hay que suponer que todo se hace mal. Hay gente que con mucho esfuerzo y por muchas generaciones ha logrado construir lo que tiene y creo que todavía nos falta un poco de profundidad en el análisis respecto a la asimetría con otras economías, cómo funcionan culturalmente otras regiones del mundo. Nos largamos muy abiertamente a hablar de acuerdos con zonas económicas como la Alianza del Pacífico pero muy poca gente sabe realmente cómo operan esas economías y esas sociedades. Es muy aventurado hablar en general si no nos ponemos a mirar el tema puntualmente para cada sector y lo que eso representa para el conjunto de la sociedad.

Parecería que hay una tendencia o una moda de avanzar en estos acuerdos comerciales. ¿Cómo debiería ser la inserción internacional para que los distintos sectores, como usted menciona, puedan estar considerados?

Hace falta sentarse sector por sector y mirar las simetrías y asimetrías con el resto del mundo y a partir de ahí ver dónde merece la pena gastar los esfuerzos. En los próximos años seguramente en Argentina haya un recurso que siempre ha faltado, que es el insumo capital. Va a ser un insumo abundante, el costo del financiamiento bajará sustancialmente y eso también tiene su peligro porque en la medida en que la tasa de interés se aproxima a cero, todo es viable. No hay que perder de vista el bosque, dado que tenemos esa bendición de poder recurrir a un financiamiento que hace mucho que no había, aprovechar eso para tener una discusión más de fondo y a qué nos tenemos que dedicar. Si no, es muy simple, es decir no servimos para esto, no servimos para lo otro y, finalmente, vamos a llegar a la conclusión de que no servimos para nada.

Esta idea de Argentina industrial, ¿depende mucho de que le vaya muy bien a Brasil otenemos vida industrial más allá de nuestro vecino?

Para ver realmente nuestro rol con Brasil debemos mirar las asimetrías que realmente tenemos respecto a ese país, independientemente de que a Brasil le vaya bien o mal. A Brasil hoy le va mal y, si le fuera bien, mejoraríamos un poco la situación de intercambio de Argentina. Ahora, eso no significa que las asimetrías desaparezcan, las asimetrías están y hace muchos años. Tenemos que mirar a fondo dónde están esas asimetrías y si son sustentables en el largo plazo pero nosotros nos metimos en el Mercosur con Brasil teniendo una política industrial y promocional muy definida y con Argentina mirando para otro lado, y eso no es bueno. Con esto no quiero decir que los brasileños hagan las cosas bien: las hacen distinto y lo que uno no puede hacer eternamente es hacer las cosas distinto.

A menudo se habla de la seguridad jurídica como un tema clave para atraer inversiones. ¿Cuánto miran eso los industriales al momento de decidir una inversión?

La estructura jurídica, de alguna manera, el hombre la crea para defender un derecho que en el origen no existía, que es el derecho de propiedad. A partir de ahí se manipula la estructura jurídica, a veces con fines nobles y a veces no tanto. Lo que uno sí puede sostener es que tiene que haber una suerte de constancia en el tiempo. Nosotros somos inconstantes, tendemos a cambiar las cosas todos los días, y no necesariamente con un objetivo social de superación. Me parece que hay que tocar las cosas lo menos posible y tratar que el tiempo pase, notando que no se use el aparato jurídico para modificar permanentemente los compromisos que asumen, tanto el Estado como el sector privado. El día que hayamos logrado eso durante un largo período haya servido, vamos a considerar que hay una estructura que sustenta y donde las reglas de juego son claras. Pero si las cambiamos cada dos por tres, no anda.

Un tema recurrente es el de incorporar valor agregado y tener cuidado con la primarización. ¿Cómo se hace esto con las asimetrías que comentaba recién y en un mundo en el que pareciera que sobrase la capacidad instalada y en el que hay mucha oferta de bienes industriales?

En el mundo sobre capacidad instalada y, entonces, no hay que salir a tontas y a locas a meter más de lo mismo donde no vamos a tener un efecto beneficioso inmediato. Por eso tenemos que tener una discusión sectorial profunda e inteligente. Si no la tenemos, vamos a hacer macanas. En definitiva de lo que se trata, creo yo, es de crear empleo y en mejorar el ingreso de la sociedad, sin que sea a costa del Estado, que somos todos. Es decir, tratar de crear un valor agregado genuino. Si no es con una discusión de cuánto aporta cada sector, es muy difícil.

Pero esa discusión no se dio en los últimos años y parecería que todavía no hay condiciones para hacerlo?

Yo no recuerdo una discusión seria y bien llevada desde los '60. Personalmente creo que hemos pasado 50 años durmiendo, sin correr el riesgo de una discusión que es complicada, porque también cada uno va a tener los argumentos para defender lo que hace.

¿Se da algo así como la maldición de los recursos naturales en Argentina?

Siempre están ahí para salvarnos y evitar la discusión de fondo. Sí, pero me parece que los recursos están más basados en lo humano que en lo natural. Hay países que no tienen recursos naturales, sin embargo, desde lo humano logran mejorar muchísimo la calidad social. Lo que han ido logrando acá los recursos naturales es a postergar por ahí este tipo de debates. Pero el debate lo vamos a tener que tener, será ahora o dentro de diez años. Supongo que este Gobierno, al no ser un Gobierno que esté condicionado por el bipartdismo, por ahí tendría un poco más de libertad en aprovechar la ocasión para que sus dirigentes reúnan la condición de estadistas y no sentirse tan presionados por un resultado electoral. Si eso es así, iremos por buen camino y, si no, nuevamente vamos a postergar un tema de fondo.

Hoy se ha instalado en la agenda el tema de la corrupción y todos los sectores se muestran preocupados. ¿Cómo hombre de empresas cómo ve este tema?

El que metió la pata la tiene que pagar y tendrá que ser sin sumarle al escándalo que ya existe más escándalo todavía. En el mundo hay un sinceramiento general, las cosas se ponen en blanco y negro, el dinero es trazable, la posibilidad de mantener circuitos oscuros cada vez es más difícil. Así que me parece que si alguno ha metido o hemos metido la pata, hemos cometido errores por acción u omisión, habrá que enfrentarlo.

¿Hay algún modelo que esté mirando o que Argentina debería mirar?

Modelos hay infinitos. Cada país enfrenta su salida frente a la coyuntura que atraviesa. Los ingleses solos en la Segunda Guerra Mundial tuvieron que definir un modelo y durante dos años remarla para evitar que Europa perdiera, y lo lograron. Los australianos que eran una sociedad condenada por el mundo lograron construir un país con una inmigración que era indeseable en el resto del planeta. Estados Unidos ha tenido sus grandes problemas como Brasil los está teniendo hoy. Nosotros vamos a tener que aprender de la experiencia de los demás pero esa discusión vamos a tener que establecerla con una modalidad propia. No hay un manual para copiar y no hay un Pacto de La Moncloa que se pueda fotocopiar. Vamos a tener que buscar nuestro propio modelo, pero para eso hay que ponerse las pilas, sentarse y empezar a trabajar.

¿Qué rol le asigna a la educación para preparar a los jóvenes para un mundo más competitivo?

Por estos días se habla mucho del gobierno de Arturo Illia, cuando el país era manejable y equilibrado, con un incremento muy significativo del Presupuesto de educación. Esto es asignación de recursos, no es un imposible. La educación tal vez sea el valor que más hay que defender porque sin ella, lamentablemente, un cambio de matriz productiva es imposible. A través de la educación se llega al recurso fundamental que es el recurso humano.

¿Cuál es su visión de una matriz diversificada de la economía nacional?

Hay que sentarse y mirar cómo funciona el mundo hoy y qué espacio llena cada sector. Tendremos que aprender de los demás y en función de nuestras particularidades, a lo que somos como región, a lo que somos como sociedad, hacer una apuesta. Lo que no me es imaginable es un país sin un sector industrial dentro de la matriz productiva. Creo que eso sería malo. No creo que habilitando 300 garajes y consiguiendo 300 clones de Bill Gates resolvamos el problema de Argentina. Es una expresión de deseos de algunos pero me parece impracticable. Para poder generar una base de empleo sólida y mejorar en el tiempo la calidad del empleo, tenemos que partir de lo posible y no de lo ilusorio. Hay que partir de las cosas básicas, por qué no funcionan los tambos que tienen problemas, por qué no funciona el sector porcino, por qué las pymes tienen los problemas que tienen para competir internacionalmente, por qué el sector automotriz no logra integrarse. Son discusiones muy concretas y no tan sofisticadas pero hay que tenerlas a fondo. Lamentablemente, no las hemos tenido, por lo menos en los casos en los que me toca trabajar percibo que desde hace muchos años las vamos postergando, eludiendo. Y cuando queremos hablar de los temas a fondo cuesta encontrar el funcionario con quién discutirlo. Esto no tiene que ver con este Gobierno, si no con todos los gobiernos. Hay un gran temor en enfrentar la realidad, porque a veces la realidad requiere tomar decisiones que no son las que alguien quiere enfrentar, esto lo digo tanto por parte del Estado como del sector privado.

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