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Los motivos que frenan el proceso de inversión

La promoción de inversiones externas fue el eje central de la política durante el año pasado, pero los resultados han sido decepcionantes

06 abril de 2017

La apuesta del crecimiento económico por medio de la inversión no ha tenido hasta ahora el resultado esperado. No han sido pocos los esfuerzos que ha realizado el Gobierno tratando de volver a instalar a Argentina como un actor amigable en el orden político-económico internacional  de las economías de mercado y potenciar desde ahí la atracción de inversiones. La promoción de inversiones externas fue el eje central de la política durante el año pasado.

Es dable rescatar lo realizado si tenemos en cuenta cual era el punto de partida en diciembre de 2015 (default-cepo cambiario-aislamiento internacional). Pero parecería que la resolución de estas cuestiones eran condición necesaria, pero no suficiente, para que se concreten las inversiones.

Si se tuviera que analizar la falta de dinamismo de la inversión en Argentina deberíamos señalar tanto factores exógenos como endógenos y dentro de éstos los estructurales y los autogenerados.

Factores exógenos

Luego de la etapa del Nirvana de los precios de las materias primas, la región perdió atractivo como receptor de inversiones basadas en el factor de los recursos naturales. El final de boom de las materias primas no han hecho volver a tasas de crecimiento mediocres que quitan necesariamente atractivo a la inversión. Las estimaciones de crecimiento para la región de los organismos internacionales ?FMI y Banco Mundial-  son de apenas 1,2% para 2017.

Brasil. Dos años seguidos de recesión en el principal actor económico de la región no es un dato menor para la potencial inversión en la región y a ello se agrega su inestabilidad política e institucional. La no recuperación brasileña nos aleja nos aleja de los centros de decisión de las inversiones. En materia de inversiones la región, y Argentina en particular, es Brasildependiente.

Estados Unidos Por un lado la influencia que puede tener en la economía mundial un cambio en el paradigma de la globalización propiciado por la primera economía del planeta y no porque la globalización desaparezca sino porque sea resignificada, porque adquiera un nuevo formato o arquitectura. Un ejemplo basta: en la reciente reunión de los ministros de Finanzas del G20 se acordó eliminar de las banderas de compromiso conjunto de las naciones que lideran la economía mundial la idea de “libre comercio”, algo que era un dogma para el sistema de economía de mercado. Y en el plano de los hechos el retiro  de EE.UU. del Acuerdo Transpacífico y la potencial renegociación del NAFTA son señales de esta tendencia. Lo mismo podemos decir de las negociaciones caso por caso que el presidente Donald J. Trump lleva adelante para evitar la radicación de nuevas inversiones de empresas americanas en México o el retiro de EE.UU. de los compromisos asumidos en materia medio ambiental en la Cumbre de París. Todo esto constituye por sí solo un elemento de incertidumbre si consideramos que las decisiones de inversión son “hijas” en definitiva del proceso de creación de comercio. Si vamos a algo concreto y que nos concierne directamente tenemos la demora en que se concretice el ingreso al mercado americano de nuestros limones que había sido acordado por las administraciones anteriores así como el proceso de denuncia de dumping que Estados Unidos inició a las exportaciones de biodiesel argentino.

Factores locales

Aquí tenemos que hablar necesariamente del retraso cambiario, que no es de ahora si no que ya se había iniciado durante la administración anterior a partir del cepo cambiario. Ello encarece las inversiones en términos de dólar. Argentina “está cara en dólares” y lo estará aún más en los próximos meses a partir de la liberación de los fondos ingresados al blanqueo y de la liquidación de divisas por parte de los exportadores de soja (aunque esto último se haya morigerado al haber autorizado el BCRA el no ingreso de las divisas).

Alguien podría alegar que durante los '90 existía un retraso cambiario mayor que el actual y sin embargo la inversión extranjera directa (tanto de adquisiciones como de greenfield) fue altamente dinámica. La diferencia radica en que en esa etapa el mercado interno mostraba un dinamismo del que hoy carece al haber erradicado la inflación y que en ese entonces estaba de por medio el proceso de privatización de los servicios públicos, la privatización del sistema jubilatorio, así como el ocupar posiciones de mercado que eran ocupadas por empresas de capital nacional y que fueron adquiridas por inversores externos incentivados por el desarrollo del Mercosur.

En la etapa actual, sin activos públicos significativos para vender (salvo Aerolíneas e YPF), la ausencia de dinamismo del mercado interno no actúa como compensador para incentivar inversiones como aconteció en los noventa. Bajo el actual esquema de retraso cambiario - fogoneado por el endeudamiento para financiar el déficit fiscal -  la inversión externa es selectiva y sólo se concentrará en mercados regulados con mejores tasas de rentabilidad (energías convencionales y no convencionales, comunicaciones, obra pública) a partir de la política de recomposición de precios a estas actividades que está generando el esquema económico actual.

Esto se refleja, a modo de ilustración, a nivel bursátil donde el valor de la acción es un predictor de los ingresos futuros: basta ver cómo ha subido el valor de Pampa Energía que en un año (marzo 2016 versus marzo 2017). Triplicó el valor de su acción generando una ganancia del 200%. También el dinamismo de la inversión se vio reflejado en la medida que el Gobierno fijó marcos específicos de promoción tal es el caso de las inversiones en energías renovables en las que está asegurado en dólares el valor del megavatio generado y una actualización anual del valor del mismo (1,7%) durante 20 años. Es decir que cuando se aseguran condiciones específicas de aliento a la inversión (en este caso US$ 3.200 millones) los brotes verdes rápidamente se convierten en árboles.

Factores estructurales

Aquí nos referimos a factores limitantes de la inversión y que se mantienen en el tiempo más allá de las coyunturas macro.

Carencias de infraestructura (caminos, rutas, sistema de transporte y puertos), que quitan competitividad a las potenciales inversiones y que constituye una pesada herencia que incluyea incapacidades de muchas administraciones anteriores. Son las cuestiones exógenas que afectan las decisiones micro de inversión y que escasa vez se encuentran en la agenda de la política pública. Gran parte de la falta de desarrollo de las economías regionales se explican por esta cuestión. Como poder “sacar” la producción y llevarlas a los centros de consumo a precios competitivos.

Escasa importancia de la clase política y empresaria en la mejora del sistema educativo y en la formación de recursos humanos altamente calificados. Es un tema que no está en agenda más allá de la cuestión salarial docente que sin duda debería ser el punto de partida de toda mejora del sistema. Merece destacarse, como excepción que confirma la regla, la iniciativa de cooperación pública?privada para la formación de 111.000 ingenieros y programadores para la industria de las TIC's que se está llevando adelante. Podrían replicarse este tipo de iniciativas?

No está por demás señalar que los factores hasta ahora señalados también se aplican y afectan a las decisiones de inversión de los propios empresarios argentinos y no se le puede exigir a los inversores foráneos que hagan lo que no hacen los propios.

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