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Los economistas y su rol en la formación de expectativas

Los agentes no sólo reciben datos de los economistas sino también de los datos duros

29-03-2017
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Uno de los servicios que ofrece la consultoría económica consiste en poder predecir o estimar el comportamiento de las variables macroeconómicas. Estas estimaciones contribuirían en principio a la formación de las expectativas de los agentes económicos. Pueden contribuir en forma positiva o negativa a la conformación de las mismas. Es decir que las estimaciones que se hagan de la macro contribuirían a incidir en las decisiones microeconómicas de los agentes económicos (empresas y consumidores).

Estas expectativas definirían a nivel micro las decisiones de inversión, producción, nivel de stocks de insumos, nivel de inventarios, niveles salariales a ser acordados, dotación de personal, etcétera. Suponiendo que tomen por ciertas estas expectativas, el “círculo virtuoso” se cerraría cuanto esas estimaciones se cumplen en la realidad con sus más y sus menos a partir que el agente económico toma sus decisiones económicas a partir de las mismas.

Pero el agente económico no sólo recibe información de la estimación del economista sino que también cuenta con información real para su toma de decisiones (los datos duros), es decir cómo se comportaron las variables antes señaladas en el corto y mediano plazos. En definitiva, el empresario siempre compara la estimación de la macro futura con su realidad micro y la de su sector así como con su experiencia pasada ante contextos económicos similares que su empresa haya transitado.

Si ambas van en el mismo sentido podríamos decir que tienden a potenciarse. Tanto en un sentido de crecimiento como de decrecimiento. El problema se suscita cuando poseen signos contrarios. Esta última situación es lo que acontece actualmente en la economía argentina.

Por un lado, tenemos a la manada (no es peyorativo) de economistas que predicen un crecimiento económico o cuanto menos un rebote para este año. Por el otro, se encuentran los empresarios que ponen en un platillo de la balanza están estimaciones “del mercado de la consultoría” y en el otro platillo el set de información que obtiene de su propia empresa -sus datos micro (ventas, niveles de stocks, niveles de capacidad ociosa, etcétera.)? así como la información del mercado en el cual se desenvuelve (información de su competencia, de proveedores, distribuidores, etcétera).

Si este último conjunto de datos duros no refleja la estimación macro del economista muy probablemente se siente a esperar a que algún indicador de su micro tienda a acercarse a la estimación macro o puede desestimar a esta última si la estimación difiere notablemente de lo que refleja su micro. El empresario en general no es economista y sabe perfectamente distinguir entre expectativas altas de expectativas irracionales (o interesadas).

Algunos ejemplos

No nos debemos olvidar que algunas consultoras de renombre llegaron el año pasado a pronosticar un crecimiento económico del 5% para 2017. Hoy a la luz del escenario actual, sería como jugar al futbol y quedar en un claro offside. Por ello en general los economistas tratan como en manada de que sus estimaciones se acerquen entre sí de manera de que si quedan en offside quedan todos juntos (si nos equivocamos nos equivocamos todos y si acertamos el logro es de todos).

La cercanía de los pronósticos de crecimiento o de inflación terminan generando “números de consenso” que tratan de imponerse como números mágicos a ser tomados como válidos por el sector privado para su toma de decisiones. Un segundo reaseguro que adoptan los economistas es el establecimiento de escenarios económicos alternativos cada uno en función de las decisiones que adopte la política económica asignado a cada uno se ellos una estimación de crecimiento e inflación distinta.

Con este doble blindaje el economista puede salir al ruedo con mínimos riesgos. No obstante ello, el accionar de estar reviendo permanentemente las estimaciones de crecimiento o de inflación por sólo citar dos casos termina por desvalorizar al economista en su rol de estimador del comportamiento económico haciendo que sus pronósticos sean cada vez más relativizados por los empresarios para su toma de decisiones. Ello se profundiza más aún en la medida que los economistas se transforman en promotores entusiastas de la política económica de turno o en detractores de la misma.

Nuevos caminos

Frente a este cuadro de situación comienzan a imponerse otro tipo de estimaciones mucho más volcadas a estimar el comportamiento de los consumidores. En tal sentido, no es casual la importancia cada vez más creciente que tienen por ejemplo los índices de confianza de los consumidores. En igual sentido, los datos reales sobre la importación de insumos y bienes intermedios como indicador del nivel de actividad futuro o las importaciones de bienes de capital como medida del dinamismo de la inversión aparecen como datos más fieles para predecir el rumbo económico a la hora de la toma de decisiones del empresariado.

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