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Los dilemas del TC competitivo

08-06-2016
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El BCRA ha elaborado una estadística de Tipo de Cambio Real Multilateral (TCRM) de frecuencia diaria que comienza en enero de 1997 (ver gráfico). El indicador constituye casi una proeza estadística, y es muy útil para el análisis de la política económica.

Lo primero que se aprecia para el período completo es una fuerte volatilidad, aun considerando que se trata de un indicador que incluye múltiples variables (a mayor cantidad de variables resumidas en un indicador, menor es la probabilidad de que observe una volatilidad elevada). Además, el TCRM en Argentina en los últimos 20 años no parece fluctuar alrededor de una media clara. Estas dos propiedades ilustran lo dificultoso que es determinar en Argentina qué es y qué no es un tipo de cambio real “competitivo”, “de equilibrio” o “sustentable”.

Aun así, la serie nos permite identificar algunas caracterizaciones de interés. Tomemos como punto de partida el último dato disponible, que es 87,5. Este número es 26% más alto que el valor de 69 de fines de 2001, que la mayoría juzgaba insustentable. En aquella época, los analistas consideraban que la devaluación que “corregiría” esa situación debía ser de aproximadamente 40%. Sin embargo, como todos sabemos, el salto fue mucho mayor y el TCRM trepó por encima de 190. Pocos dudaron por entonces que este nivel era exagerado, y que el TCRM había experimentado un overshooting. La corrección hacia la apreciación depositó el TCRM a principios de 2003 en 150, un 80% por encima del nivel actual, y fluctuó alrededor de esa cifra durante algo más de cinco años.

A partir de allí, el camino fue sistemáticamente descendente, con un salto transitorio provocado por la crisis de 2009. La tendencia a la apreciación volvió a interrumpirse con la devaluación de principios de 2014, pero el TCRM volvió muy pronto a exhibir un descenso rápido. A fines de 2015 la unificación cambiaria determinó una nueva devaluación que hizo pasar el TCRM de 71 a 100 (40%), para luego observar, una vez más, una apreciación que lo deposita en el 87,5 actual.

Este racconto es importante porque muestra una regularidad muy presente en nuestra historia económica reciente, y es que las devaluaciones fuertes inducen casi inmediatamente una tendencia a la apreciación, como consecuencia del traspaso de la devaluación a precios. Las experiencias de 2009, 2014 y 2015 sugieren que la política económica enfrenta un desafío mayúsculo para transformar una devaluación nominal en una mejora de competitividad. Y la experiencia de 2001, que fue la más “exitosa” en términos de sostener por bastante tiempo un tipo de cambio competitivo, solo se logró gracias a una situación inicial de colapso económico y social. El dilema parece seguir intacto, y el desafío es cómo superarlo.

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