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Los autónomos son el último orejón del tarro

07-02-2017
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Por Federico Muñoz (*)

Muchos de los 1,5 millones de monotributistas recibieron con beneplácito la actualización de los parámetros del régimen que dispuso AFIP a comienzos de 2017. Si bien se aumentaron las cuotas mensuales que deben pagar, también se ampliaron los límites de facturación (de $400.000 a $700.000 anuales en la prestación de servicios). Esto les permitió permanecer en el régimen simplificado y evitar incorporarse al más oneroso régimen de trabajadores autónomos. Como veremos a continuación, la diferencia en la carga tributaria de ambos regímenes es realmente significativa.

La obligación tributaria de los monotributistas se salda con el pago de la cuota mensual del régimen (que incluye aportes previsionales y obra social). De manera que la carga impositiva que soportan fluctúa entre el 5% y el 10% de su facturación bruta (el aporte mensual cambia en forma discreta según una escala de ingresos).

Calcular la presión tributaria que soporta un trabajador autónomo es una tarea algo más compleja, pues hay que tener en cuenta tanto los aportes mensuales como, fundamentalmente, el muy pesado impuesto a las ganancias. (A los efectos de este ejercicio consideraremos neutro el impacto del IVA). Además, para estimar la carga de Ganancias en un autónomo hay que realizar algunos supuestos:

Si bien AFIP no dispuso todavía el mínimo no imponible y la deducción especial correspondientes a 2017, suponemos que acompañará a los ajustes dispuestos para los trabajadores en relación de dependencia.

Trabajaremos con el caso de un trabajador soltero, sin deducciones por familiares a cargo.

El autónomo puede deducir los gastos de explotación en su declaración de Ganancias; en este ejercicio, supondremos que tiene gastos equivalentes al 35% de su facturación.

Con estos datos, podemos realizar un primer ejercicio comparativo. La carga tributaria del monotributista para el máximo de facturación permitida en el régimen ($700.000 anuales) es levemente superior al 6% de sus ingresos brutos. Pero si su facturación anual excede esa cota, debe inscribirse en el régimen general de autónomos. En tal caso, tendrá que hacer frente a un aumento importante de la carga impositiva. Para una facturación anual de $700.001, el trabajador autónomo deja al fisco el 10% de su facturación bruta. Esta proporción tiende a subir a la par del aumento de la facturación; por caso, un autónomo que factura $1,5 millones anuales, entrega al Fisco federal el 18% de sus ingresos brutos en concepto de Ganancias y aportes (y además, debe procurarse por su cuenta la obra social).

La presión tributaria que soportan los autónomos no solo es mucho mayor a la que enfrentan los monotributistas; también supera holgadamente a la de los trabajadores en relación de dependencia. Para cuantificar esta brecha comparamos qué proporción representa el Impuesto a las Ganancias del salario neto de cargas sociales en el caso del asalariado y de la factura ción neta de los gastos de explotación (ya no de la facturación bruta como en la comparación anterior) en el caso del autónomo. Así podemos ver, por ejemplo, que para pagar Ganancias por el equivalente al 20% de su ingreso neto, un asalariado debe percibir un salario neto anual superior a $1.074.000, mientras que un autónomo ya alcanza esa alícuota con una facturación neta de $615.000.

Somos defensores convencidos del rol central que el Impuesto a las Ganancias de Personas Físicas debe tener en la estructura tributaria nacional. Ello no nos impide denunciar el trato abiertamente discriminatorio que sufren (en rigor, que sufrimos) los trabajadores autónomos, discriminación que nos convierte ?de acuerdo a la jerga popular? en el último orejón del tarro.

(*) Titular de Federico Muñoz & Asociados

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