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Las “diferencias” en el Gobierno y el temor por la inflación

Las inquietudes del Gobierno

22-02-2016
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Entre las críticas que lanzan voceros kirchneristas sobre el devenir político macrista, una es cada vez más fuerte: “Llevan menos de tres meses en el Gobierno y ya hay peleas internas entre Marcos Peña, Rogelio Frigerio y Alfonso Prat-Gay y, además, ya se crearon dos bandos, los políticos contra los economistas”. Y como muestra del “desquicio” interno del PRO señalan el despido sorpresivo y expeditivo de Graciela Bevacqua del Indec, o las diferencias por los mecanismos que se usan para combatir la inflación.

No deja de ser un diagnóstico real, aunque exagerado. En el macrismo hay divisiones internas, como antes las hubo en el Gobierno porteño. Y, en realidad, no es más que un comportamiento que forma parte de toda fuerza política que está fuera o dentro del poder, dado que de la discusión nacen los consensos, los acuerdos y las políticas públicas que se van a aplicar. En especial, en aquellas fuerzas donde el personalismo no intenta imponer alineamientos forzados y autoritarios, como es el caso del PRO.

Es casi cómico que las críticas nazcan del kirchnerismo, una fuerza que nunca pudo terminar de cumplir con el mandato de Cristina Fernández luego del triunfo electoral de 2011. Unidos y Organizados (UyO), una idea que nunca cuajó dado que al mismo tiempo que se declamaba integración igualitaria, se imponía a La Cámpora por encima de los otros colectivos sociales y políticos que forman parte del FpV.

El peronismo es una muestra de las amplias gamas del pensamiento de Juan Domingo Perón y, muchas de ellas, están alejadas del ideario complejo y confuso que intentó imponer “El General” con sus decisiones y discursos entre 1944 y 1974. Al día de hoy, los investigadores e historiadores no se ponen de acuerdos sobre cuántos “perones” hubo en esos mas de treinta años.

Sin embargo, hay que reconocerlo, el peronismo ha logrado que cada uno de sus diferentes mutaciones personalistas (cafierismo, menemismo, duhaldismo, kirchnerismo, cristinismo, massismo, delasotismo, para nombrar unos pocos) le han permitido pasar el estatismo más rancio al privatismo más neoliberal, del fascismo militar al desguace de las FF.AA., del intervencionismo furioso a la liberación a la fuerzas del mercado, del sindicalismo corporativo al cúpula de gremialistas/empresarios, del fomento a la industrias de base a incentivar la industria del juego y mil combinaciones más agonales, absolutamente contradictorias, para poder seguir llamándose todos “peronistas”. Y siempre peleando por retener poder, sumar poder, acceder al poder.

El radicalismo tuvo muchas fragmentaciones en su historia, casi imposible de enumerarlas. Pero en sus más de cientoquince años de historia han terminado con desprendimientos, rupturas, fragmentaciones y otras formas de atomización que dieron origen a otros tantos partidos políticos que han quedado en el camino. Y las discusiones no terminan nunca.

El socialismo ha pasado por el mismo tránsito que el radicalismo. Al extremo que, en algunos momentos, había cuatro fracciones en disputa, que terminaron por licuar su identidad política, su imagen, su mensaje, su política de alianzas y acuerdos electorales. Lo mismo se podría decir con las opciones conservadoras, izquierda, ultraizquierda y nacionalista.

A tal punto llegamos que, en las últimas elecciones presidenciales, por primera vez en la historia argentina, los siete candidatos que accedieron a la primera vuelta representaban alianzas o acuerdos, y no hubo ni un partido que pudiera imponer un postulante en forma autónoma e individual.

Las divisiones del macrismo son operativas. La forma en cómo combatir la inflación, los tiempos para poder tomar una u otra medida, el uso o no de un DNU para establecer una decisión política, la forma en negociar con el peronismo, el establecimiento o no de una gran blanqueo impositivo, la decisión de contar o no la herencia recibida. Ideológicamene no hay contradicciones, como hubo, por ejemplo, durante el kirchnerismo.

En todo caso, si hay que hacer un paralelo, las discusiones dentro del macrismo son similares a las que tuvo el radicalismo en el poder desde 1983. Pero, y esta es la apuesta kirchnerista, esperan que las diferencias entre macristas o entre el Gobierno y las fuerzas políticas aliadas o en acuerdo con Cambiemos, terminen por generar rupturas y divisione como, n el pasado, debilitaron a Raúl Ricardo Alfonsín o a Fernando De la Rúa.

El despido imprevisto y sorpresivo de Graciela Bevacqua se produce alrededor del tema que hoy más preocupa al macrismo: la inflación. Puede ser un dato grave, o no. Pero confirma que el Gobierno ha tomado nota que el aumento generalizado de los precios es su mayor debilidad política.

A estas alturas, no es la formación de una coalición de gobierno fuerte en el Congreso el eje de mayor inquietud del Gobierno, sino tener el asado a $90 el kilo. Quizás, porque si logran contener la inflación, ordenar el flanco político se va a tornar cada vez más sencillo.

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