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La solución para el problema del financiamiento pyme: el mercado de garantía recíproca

La evolución del mercado de SGR ha sido notable en los últimos veinte años: en el 2000, el mercado contaba con cinco SGR mientras que a finales del 2010 la base se había expandido a 25, y ya son 36 en la actualidad

28-11-2017
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Por Alberto Yacoub Director de la Unidad de Inclusión Financiera del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (*)

La problemática de acceso al financiamiento pyme no es un fenómeno local, como normalmente se piensa, sino que, por el contrario, ha sido y continúa siendo un denominador común de escala global. Es en este contexto y, principalmente en el Viejo Continente, donde comienza a pensarse en estructuras alternativas para solucionar este problema y a gestarse la figura de las Sociedades de Garantía Recíproca (SGR).

Las SGR tuvieron su origen en los '70, siendo el modelo español el tomado como ejemplo para la creación de la Ley Nacional 24.467 en el 1997. El Banco de la Nación Argentina, en su carácter de agente financiero del Gobierno, efectuó aportes para la creación de la primera SGR, Garantizar SGR, actualmente la más grande del país, con el 40% del mercado en garantías vigentes.

La finalidad principal de una SGR es facilitar y mejorar las condiciones de acceso al financiamiento mediante la emisión de avales que servirán como respaldo en caso de incumplimientos en el pago de las pymes. Una SGR interactúa esencialmente con dos actores. Por un lado, la oferta de fondos o Socios Protectores, estos son personas físicas o jurídicas que realizan los aportes de capital a su Fondo de Riesgo (FR). Su principal incentivo son los beneficios impositivos sobre las contribuciones realizadas, pudiendo desgravar el 100% de los aportes de capital de la base del Impuesto a las Ganancias. Por otro lado, la demanda de fondos, los socios particípes o pymes, quienes mediante los avales recibidos podrán acceder a mejores condiciones de financiamiento. En el sector bancario, “mejores condiciones de financiamiento” significa tasas más bajas, mayores montos, plazos más largos y mejores aforos para sus garantías. En el mercado de capitales significa descontar cheques en la Bolsa de Valores a la misma tasa que las grandes compañías y la opción de financiarse a largo plazo mediante Obligaciones Negociables PyME (ON PyME), cuya operatoria se ha simplificado sustancialmente luego del cambio en la normativa.

Las SGR cobran por la emisión y gestión de los avales una comisión (Otorgamiento y Anual sobre saldo) del monto garantizado que ronda entre el 3%-7%, cancelándose luego del desembolso del préstamo. Como contragarantía, la pyme puede ofrecer a la SGR una gama muy amplia de activos: Manifestación de Bienes (Fianza), Garantías Reales (Hipoteca o Prenda) o Cesión de Derechos (todo tipo de contratos). El requerimiento de la contragarantía dependerá del monto del aval solicitado, por lo general, a mayor monto más probable es que se requiera constituir una garantía real, con sus correspondientes costos asociados. La operatoria es bastante sencilla, generalmente la pyme tendrá una entrevista con un oficial asignado que le brindará asesoramiento en lo referente a productos y será su interlocutor/ facilitador con el sector bancario.

Es de suma importancia entender la relevancia de este instrumento para sector servicios (sector de mayor peso en CABA) dado que su principal debilidad se encuentra en la naturaleza intangible de su patrimonio (su principal activo es el recurso humano). Esto representa una barrera de entrada natural al sector bancario, que generalmente tiene un enfoque más “patrimonial” centrado en bienes tangibles (maquinarias, inmuebles, etcétera). Aquí es cuando el mercado de garantía recíproca juega un rol crucial ya a diferencia de un banco, una SGR posee análisis de riesgo más holístico, apoyándose sobre 3 pilares fundamentales (las 3 “C”): Carácter (Personalidad y Conocimiento de los Socios o Gerentes), Contragarantía (Patrimonio), y, por último, Capacidad de repago. Este análisis de riesgo “mejor entendido” puede significar para la pyme orientada a servicios la diferencia entre el crecimiento o el estancamiento, y en muchas ocasiones, la supervivencia. Una vez aprobado y emitido el aval por la SGR se produce una “transferencia de riesgo”, esto es, se transfiere el foco desde la pyme hacia la SGR, la entidad bancaria comienza a prestar “más” atención a la SGR que respalda la operación y “menos” a la pyme. El banco ahora entiende que el análisis de riesgo fue realizado por una institución respaldada por Fondo de Riesgo líquido y una calificación emitida por Banco Central, que responderá ante una eventual cesación de pago.

Sin embargo, detrás de las externalidades positivas generadas al sector pyme, en materia de re-perfilamiento de riesgo, y al sector bancario, por la baja de sus costos operativos y mejora en la calidad de cartera, se esconde el punto verdaderamente central, el gran poder de fuego dado por el factor multiplicador del instrumento. La normativa (Ley Nacional 24.467) establece que las SGR pueden avalar operaciones por hasta cuatro veces los aportes recibidos en sus Fondos de Riesgo, esto es, por cada 1 peso que reciben como aporte de los Socios Protectores podrán avalar operaciones a Socios Partícipes por 4. Parece trivial profundizar sobre las implicancias que esto tiene en términos de generación de empleo, inversión y, fundamentalmente, tasa de sobre-vida pyme.

La evolución del mercado de SGR ha sido notable en los últimos veinte años. En el 2000, el mercado contaba con 5 SGRs mientras que a finales del 2010 la base se había expandido a 25, pasando en la actualidad a 36. El sistema ha logrado una mayor penetración tomando mayor impulso, fundamentalmente en los últimos dos años, registrando a junio de 2017 un acumulado de casi 30.000 pymes avaladas, entre las que más del 50% accedía por primera vez al sistema, garantizadas por un Fondo de Riesgo total de más de $10.000 millones.

(*) Además, es Licenciado en economía por la Universidad de La Plata, Magister en Ingeniería Financiera por la Universidad de Londres y doctorado en economía por la Universidad Católica Argentina.

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