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La inflación del segundo semestre: la pesada inercia

La inflación promedio mensual en la segunda mitad de 2016 no penetrará el mínimo de los últimos dos años (cercano al 1,8%).

24-06-2016
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por Federico Moll (*)

Al asumir, el actual equipo económico se encontró con una importante cantidad de inconsistencias macroeconómicas, entre los cuales se destacaba la necesidad de articular un vector de precios relativos distinto al heredado que pudiera aliviar las presiones cambiarias y fiscales existentes. La apertura del cepo y el aumento de tarifas redujeron el peso de estos problemas, pero en el proceso avivaron las llamas de un proceso inflacionario que se erige como el principal condicionante a la hora de hacer política económica.

Lejos de la insostenible inflación promedio de los primeros diez meses de 2015 (1,8% promedio mensual), entre diciembre de aquel año y mayo de este el aumento de precios promedió 4,2% según el IPC Ecolatina, aceleración explicada casi completamente por el salto cambiario y tarifario. En la segunda mitad del año la inflación no contará con estos impulsos, con lo cual la pregunta relevante no es si se reducirá o no, sino cuál será el ritmo de esta desaceleración.

Recalculando?

Desde Ecolatina sostenemos que en 2016 los precios crecerán 40% en el GBA y, al contrario de lo que fue explicitado por funcionarios de esta administración, durante el segundo semestre la inflación promedio mensual no penetrará de forma clara el mínimo de los últimos dos años (cercano al 1,8%). Detrás de esta diferencia entre la inflación esperada por el equipo económico y la nuestra existe la creencia de que las herramientas que el BCRA utiliza no son suficientes para frenar un proceso inflacionario dominado por una elevada inercia.

En un contexto como el actual, en el que los aumentos de precios son persistentes y significativos, el proceso inflacionario cobra una dinámica distinta a la observada en otros países del mundo. Es en circunstancias como estas en las cuales los aumentos de precio prácticamente no están determinados por el nivel de actividad (principal fuente de inflación en países con suba acotadas de precios), sino que es la propia inflación pasada la que, a través de la estructura de costos de las empresas, incide sobre la formación de precios. En este marco, la capacidad del BCRA para influir en el comportamiento de precios es limitada, ya que al controlar los agregados y la estructura de tasas de interés la autoridad monetaria incide sobre el gasto agregado, pero este es un elemento de segundo orden en la fijación de precios.

La desaceleración de la inflación en el segundo semestre se sostendrá sobre la estabilidad del tipo de cambio y las tarifas, parte importante de la estructura de costos de las firmas. Pero, dada las últimas negociaciones paritarias, sabemos que el salario (principal costo de la mayoría de las empresas) crecerá cerca de 33% en 2016, lo que le pone un piso elevado a la inflación en lo que resta del año. Es por esto que será necesario coordinar tipo de cambio, impuestos, tarifas, salarios y productividad para encarar un proceso de desinflación exitoso a partir de 2017.

Tratar la inflación como un fenómeno que puede solucionarse sólo desde el control de la política monetaria es un error ya observado en la historia económica argentina.

La experiencia de Arturo

En 1958 Arturo Frondizi asumió en un marco complejo tanto política como económicamente. Como respuesta a una inflación que no cedía y luego de dos años de Gobierno, se decidió un cambio de rumbo económico. En lo que refiere a inflación, el plan se sustentaba sobre dos pilares: fijación del tipo de cambio nominal y brusca reducción de la velocidad con la que crecen los agregados monetarios. En poco tiempo la inflación se redujo hasta alcanzar el 10% interanual, lo cual no hizo más que confirmarles a las autoridades que la dirección era la correcta. De esta manera, el plan se profundizó, se confirmó el compromiso de fijar el tipo de cambio y se redujo aún más la emisión monetaria (los agregados no solo redujeron su velocidad de crecimiento, sino que se contrajeron).

Pero, en un contexto de creciente conflictividad política y social, los salarios continuaron creciendo a una velocidad de dos dígitos estableciendo un piso elevado para el aumento de precios. En este marco, la inflación no solo dejó de contraerse, sino que comenzó a crecer hasta alcanzar una variación interanual superior al 30% dos años después. Es por experiencias como estas que creemos que limitar la emisión monetaria es una condición necesaria, mas no suficiente para encarar un proceso de desinflación exitoso.

Una vez que la inflación cobra vida propia es necesario atacar los factores inerciales que la sostienen. Es por esto que el control de la oferta monetaria deberá ser el pivot sobre el que la estabilidad nominal se sostenga, pero no puede ser la única política activa para lograr este objetivo. En palabras de Franco Modigliani, premio Nobel de economía, “frenar una inflación alta sólo con política monetaria es similar a frenar un auto que va a 150 km por hora tomándolo de la antena”.

(*) Coordinador de modelos y proyecciones de Ecolatina

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